La pelota vasca en Burzaco, Buenos Aires

Daniel Alberto Chiarenza. LQS. Marzo 2021

El “Vasco Sardina”, inventor de la universalmente conocida “Paleta”

El otro día, leyendo LQS con la atención que lo hago siempre, encontré una nota –muy interesante, didáctica y amena- sobre “la pelota vasca” y me dije, por qué no tratar de contribuir con algo poco conocido, cercano a mi compañera de vida –Mónica Oporto, colaboradora de LQS- y co-autora de la “Historia Popular de Burzaco”. Confieso que, antes de conocerla hace 42 años, poco sabía de Burzaco -pueblo, ciudad aldeana- pues yo por entonces vivía sólo a tres estaciones ferrocarrileras hacia –en Lomas de Zamora- y por entonces ya se parecía más a una ciudad más equiparable a un barrio porteño (Ciudad de Buenos Aires), lo cual no me hacía sentir orgulloso y mucho menos “afectado” por ello. Al contrario, empecé a sentir por Burzaco –elevado a la condición de ciudad recién en 1965-, la el corazón pueblerino, un amor –seguramente transmitido por Mónica- pero también por sus familiares, amigos y vecinos. En aquel entonces (fines de los ‘70) vivía el abuelo de mi novia, que ya nonagenario –primer cartero de Burzaco a principios del siglo XX- contaba historias y, hasta mostraba revistas, que nosotros, los jóvenes, no dábamos la debida importancia (ahora, ya “viejos” nosotros nos damos cuenta de aquella ingenua crueldad irracional). En aquellas historias, que nos parecían míticas y legendarias, aparecía la cancha de trinquete o frontón de “República Gaucha”, una especie de vieja pulpería o renovado “club” o institución social tradicional y precisamente allí ubicamos a Gabriel Martirén, “El Vasco Sardina”, según muchos: el inventor de la paleta para impulsar la pelota, “la negrita”, contra el frontón, en Argentina –otros exageran que en el mundo- allá por 1905.

Así contamos nosotros, en nuestro libro Historia Popular de Burzaco, este relato por demás creíble o no, pero casualmente la documentación parece darnos la razón de su realismo. Espero que lo disfruten tanto como nosotros al recopilarlo:

La memorable República Gaucha

En febrero de 1900 fue inaugurada la Cancha de Pelota por su propietario Pedro Legris y sus hermanos, cuyo predio también fue testigo de fiestas memorables (“La República Gaucha”, así se llamaba al lugar que actualmente ocupa el Banco de la Nación Argentina, sucursal Burzaco), entre las que podemos mencionar las legendarias domas y pialadas. Allí se jugaba con pelota dura a share, pala angosta, cesta y, también, a mano. Luego se comenzó a practicar con una rudimentaria paleta, hecha realmente con la paleta (de hueso) de una vaca.

Al respecto podríamos transcribir una nota aparecida en la Revista Mundo Deportivo del 15 de marzo de 1951 firmada por Félix Zamalloa y titulada «La Pelota, Deporte Nacional»: «… Sería una injusticia no recordar en este momento a don Gabriel Martirén, `Sardina’, creador de la paleta argentina, que hace aproximadamente cincuenta años, en una cancha de Burzaco, se presentó esgrimiendo la herramienta que creó, fabricada en aquel entonces en forma rudimentaria y que con el correr de los años se fue perfeccionando para conquistar posiciones hasta convertirse en única soberana de nuestras canchas.»
«No hace mucho tiempo nos hicimos eco de un homenaje que se decía se iba a tributar al vasco Martirén. Días pasados, un viejo pelotari comentaba que un acto tan justiciero no podía postergarse por más tiempo. `Puede hacerse una cosa sencilla, dentro de su gran significación -agregó-; quizás un torneo relámpago en aquella vieja cancha, o bien la colocación de una placa recordatoria, y si se quiere, podría instituirse un trofeo que recuerde su nombre, para ser disputado por todos los pelotaris de la República, ya sean amateurs o profesionales’. A este respecto nosotros no hemos de opinar, pero sí decimos que todos los pelotaris están en deuda con aquel buen vasco que en vida se llamó Gabriel Martirén (`Sardina’)».

El vasco «Sardina» había llegado a los pagos de Burzaco desde su tambo de Florencio Varela o tal vez, confusamente delimitados, fondos de Ministro Rivadavia.

El juego que inventó lo practicó en la Cancha Cerrada, denominada también “Trinquete” de la República Gaucha, que estaba ubicada en la calle Roca 865, siendo escenario de lo que sería un nuevo deporte mundial: «la pelota a paleta». Posteriormente la Cancha sería demolida.

El Vasco “Sardina”

Por 2005, año en que se cumplió el centenario de la invención de la paleta para arrojar la pelota vasca por parte de Gabriel Martirén, el vasco Sardina, me empezó a escribir su sobrino nieto, que no recuerdo su nombre ya que en esto de la informática de ir pasando la documentación de la “compu” vieja a una más nueva, se me extravió. Pero recuerdo que él me decía que ahora su familia residía en Diego de Alvear, departamento de general López, en la provincia de Santa Fe, lugar donde se había hecho un homenaje extraordinario al popular vasco, dado que en 1905 él había inventado una rudimentaria paleta (hecha con una paleta de hueso de vaca) como para “estirar la mano” y luego su perfeccionamiento en madera. Como este señor, el sobrino nieto, sabía y tenía fotos que lo acreditaban que ese acontecimiento de creación de la primera paleta había tenido lugar en Burzaco por parte de su tío abuelo, en un lugar llamado República Gaucha (ya inexistente, hoy allí se erige el edificio de Dranovsky, que antes fue mueblería, en Roca 865), me instaba a conseguir apoyos para realizar el merecido homenaje en Burzaco. Se me ocurrió ir al otro club, el Club de Burzaco, además de ser vecino a la antigua República Gaucha, también era famoso -aunque tardíamente- por la práctica de la pelota a paleta. Encontré allí –y pido perdón a sus socios, que nada tienen que ver con estas miserias que encontramos inevitablemente en la vida- una frialdad desalentadora, y no insistí tampoco con las autoridades de Cultura en el partido de Almirante Brown, porque ya de antemano sabía la respuesta en la que no dejaba de ser gestión de alguien que de una u otra manera ocupó el centro de la autoridad política de Almirante Brown durante más de veinte años. Así que la cosa quedó allí y con la persona de Diego de Alvear nos dejamos de escribir.

Años más tarde, mi esposa, con su natural compulsión investigadora, encontró una página que tenía que ver con Florencio Varela y ahí “se me cayó la ficha” de un montón de cosas. Cuando visité el Club Social de Burzaco, la persona que me atendió casi lo negó al vasco Sardina como personaje de Burzaco porque decía que provenía de Florencio Varela. No creo, en aquel momento ese territorio sería Ministro Rivadavia “al fondo”, casi lindando con el propiamente dicho partido de Florencio Varela, lo que le sacaba a Gabriel Martirén su condición de habitante de Almirante Brown. Bueno, y así es como se lo reivindica, creo que equivocadamente –no en cuanto al merecimiento, sino a la localización geográfica-. En la página www.varelaenred.com.ar/historia_paleta.htm en una nota que le pertenece a Aarón Sehter que se denomina “Historia de la paleta argentina”.

Allí se dice que el vasco Sardina no inventó el juego de pelota vasca, pero sí a la paleta. Dice que esa “herramienta” (la paleta) enloqueció a generaciones de argentinos. Es decir la paleta que se juega con la negrita, maciza, saltarina, convocante y “casi sensual”, le llama Sehter, pelota. La historia de la creación de la paleta se la contó a Sehter el hijo del vasco Sardina, Juan Gabriel Martirén, en una entrevista que fue hecha pocos días antes de su muerte a los 88 años de edad.

Y en esa hermosa historia de la pelota vasca en su modalidad de paleta que, con pocas modificaciones, es la que se continúa utilizando hoy, aparece Juan Gabriel Martirén “Putuca”, quien nació y paso su infancia en Burzaco, aquellos pagos del sur donde todos eran tambos, falto de urbanidad con una casa aquí otra más allá y un camino largo que baja y se pierde…; los boliches de campo casi en el status de pulperías, donde generalmente se practicaba el deporte enseguida adoptado por el gauchaje, pero traído por los vascos, la menos resistida de las inmigraciones. Luego Putuca, hasta el día de su muerte, residiría en Tigre, pero jamás olvidó su infancia en Burzaco y de los días en que su padre se armó de la novísima paleta para jugarle a la peonada, cómo luego la fue perfeccionando y de la sensación que causó ante la afición, que rápidamente se proveyó de una similar.

Putuca, como testigo presencial de aquellos primeros años del siglo XX, se refirió detalladamente a cómo su padre modeló el instrumento que se haría famoso, primero con el hueso de la vaca (precisamente la paleta, de allí tomó su nombre) y luego con madera, que sería la que haría furor entre los argentinos que hasta hoy la practican. Su testimonio textual dice: “Yo era chico pero prácticamente vi y me recuerdo todo. Tendría más o menos ocho o nueve años –dijo- y mi padre, don Gabriel Martirén, había nacido en Baigorri, en la Baja Navarra (País Vasko, él dice Francia, pero es un mito no hay vascos franceses sino Pirineos Atlánticos), y llegado a la Argentina tenía un tambo en la zona de Burzaco y ya jugaba a la pelota. Por supuesto que por aquellos años se lo hacía con lo que se tenía. Se jugaba con la mano o bien con los platos de metal, los que empuñaban como paleta y con el que le pegaban fuerte a la pelota. Mi padre, puedo decirlo abiertamente, fue el inventor de la paleta, por cuanto fue a él a quien se le ocurrió moldear la paleta de un vacuno, pulirla y darle forma y así jugar para poder pegarle mejor a la pelota… Jugaba contra una pared que había en el tambo, en el campo. Hacia partidos con los peones y con los vecinos del lugar. Ya se utilizaban las pelotas de tenis. Con el tiempo mi papá alquiló una cancha de pelota en la localidad de Burzaco y no en Florencio Varela como se dice [¡Clarísimo!]. Era fonda y cancha de pelota también. Bueno… de esta rudimentaria paleta de vaca nació la actual paleta que fue fabricada con madera de los cajones en donde venía embalado el kerosén. Era una tabla ancha, fuerte y él la moldeó como lo había hecho con la paleta de vaca, a la que había pulido más o menos en la parte interna de la empuña-dura para que la parte saliente del hueso no le lastimara la mano. Pero la cuestión es que la primera paleta de madera fue moldeada por mi padre, pero luego se la mandó a hacer a un carpintero, también de Burzaco, que era de apellido Rueda”.

“[…] Mandó a hacer unas dos o tres paletas y un amigo, a quien llamaban ‘Pescador’, vasco también, le dijo: ‘¿Pero qué vas a hacer con dos?’… Así que se mandó a hacer otras dos o tres paletas más. Cuando estuvieron listas, hicieron un partido de cuatro, con esas mismas paletas que, entiendo yo, habrá sido el primer partido en el mundo con esa paleta de madera que fue inventada por mi padre. Ese encuentro se jugó en la cancha de Burzaco, que era propiedad de don Pedro Legris, quien además era compadre de mi padre. No me acuerdo quienes eran todos los jugadores: uno era mi padre, el otro ‘Pescador’, los otros no los tengo presentes».

“[…] Podríamos decir que ese fue el comienzo de la pelota en la Argentina, en cuanto a un encuentro jugado con una paleta de madera. Fue, en esa cancha de Burzaco que estuvo hasta no hace muchos años. Después sacaron la cancha, hicieron un edificio de mueblería y artículos para el hogar. Inclusive llego a haber o hay [lamentablemente no quedó nada, la irrespetuosidad hacia la memoria no tiene límites] una placa de bronce donde estuvo esa cancha, recordando que allí se había jugado ese primer partido que entiendo yo fue el partido histórico. Esa es la historia del nacimiento de la paleta en la Argentina. Anterior a eso mi padre como el resto de los que les gustaba ese deporte, jugaban con la mano con pelota dura. Y jugaba muy pero muy bien. Era una pelota de cuero que hacía un canchero que se llamaba Justo. Después también sabían jugar con las pelotas de tenis hasta que con el tiempo vinieron las pelotas actuales. Todo esto que yo le cuento más o menos se produjo alrededor del año 1905: yo era un chiquilín de unos 6 o 7 años, más o menos. Y tengo esa referencia porque en 1909 se fue mi padre a Santa Fe, a Diego de Alvear… Eran épocas lindas de la pelota. Por supuesto que primero jugaron los vascos porque trajeron el deporte de su país. Pero con el tiempo empezaron también a practicarlo los argentinos, los peones, toda la gente. Se jugaba con esa pelota dura y con un guante angosto y corto y la cesta, una modalidad de la pelota que todavía se sigue jugando y que es esa herramienta curva (cesta punta, también llamado Jai – Alai). Claro, también estaba lo que se llama el share, y existía lo que se denominaba la pala angosta, que era una pala grande, larga, gruesa y que se jugaba con una pelota dura, como en España. Hay que ver cuánta gente se accidentó con pelotazos. Es que las pelotas salían como balas. Y algunos eran partidos bravos, muy bravos los de aquella época. Al principio, por supuesto, como no existían las canchas, jugaban contra un paredón. En el campo se jugaba contra el frente de dos piezas de peones. Contra eso se tiraba y en el costado estaba la casa familiar. Bueno, ahí se improvisaba la cancha. Mi padre tenía mucha experiencia para jugar en esa cancha. Me acuerdo que a la derecha había una ventana y la trampa de él era: frontón y darle con la pelota a la ventana. Ya estaba ganado el tanto de esa manera. Era como si se tratara de la reja en una cancha de las actuales. En la casa de mi padre de más está decir que se jugaba mucho porque se juntaban los vecinos y enseguida se armaban los partidos… Y por supuesto se apostaba lindo. Era el entretenimiento del campo.

«[…] Esas son cosas que recuerdo de mi infancia. Ahora cuando nos fuimos para Diego de Alvear nosotros ahí teníamos lugar. O sea, los hijos hicimos hacer la cancha, con un frontón abierto. Esa es la historia de la paleta que invento mi padre de ese hueso vacuno. Claro que ese hueso había que emparejarlo para que no lastimase la mano y además para poder empuñarla mejor. Mi padre era un campeón jugando con esa paleta. Como también lo fue cuando hizo fabricar aquellas primeras de madera. Pero recuerdo que mientras estuvo en el campo siempre jugó con la de madera […] Como le digo no había quien le ganara con esa herramienta en su mano. Esas primeras paletas de madera eran un poco pesadas porque estaban sacadas de cajones que traían dos latas de kerosén de veinte litros. Y bueno, las tablas eran gruesas, eran la de los costados y por supuesto que eran fuertes, muy fuertes. Había que serrucharlas, pulirlas, moldearlas, darles la forma y dejarlas listas para poder jugar… Ahora bien, en cuanto a los partidos más o menos se jugaba a la misma cantidad de tantos que se juegan ahora. Con los alargues, por supuesto, en caso de empate. Me acuerdo que en las canchas de pueblo se jugaba cualquier día, no había feriados ni nada. Se jugaba cuando en el día se hacía un alto en el trabajo o cuando se terminaba la tarea. Claro que el sábado y el domingo eran los días en los que se juntaba mucha más gente, además del casco, como luego en Burzaco, en el que siempre había alguno que jugaba a share o a cesta. Me acuerdo también que ahí en Burzaco había un cura de un pueblo que se llama Ministro Rivadavia que había aprendido a jugar con la cesta y se prendía que daba miedo en los partidos.

“Claro que la mayoría de los partidos se jugaban cuando cobraban los peones mensualmente, que eran los que trabajaban en el campo. Había algunos que cobraban por quincena que eran los que trabajaban en las fábricas, aunque todavía no había tantas fábricas por aquellos años.

«Esta es, un poco, la historia de la pelota en la Argentina. Un deporte que trajeron los vascos a nuestro país, con la pala angosta. Pero que quede bien en claro que no existía esto que ahora se llama paleta argentina. Aquella, la pala angosta, era exclusivamente para jugar con pelota dura, en cambio la nuestra no, era una especie de paletón. Mi padre, dicho sea de paso, jugó hasta más o menos los 68, 69 años, diría casi hasta los 70 y sus partiditos a la tarde se los jugaba siempre. Era fuerte mi papá. Nunca en su vida tomó ninguna bebida alcohólica, lo único que tomaba cuando tenía sed en los partidos era un poco de agua o sino una bebida que tenía una bolita, era como una especie de bebida gaseosa. Tampoco fumaba. Tenía una fortaleza bárbara. Mi padre tenía una fuerza increíble. Se hacían cinchadas con una soga (otra costumbre de los vascos), cosas de antes que después se fueron perdiendo con el tiempo, pero que eran comunes antes entre la gente de campo, pero más especialmente entre los vascos, como mi padre. También nosotros hacíamos ese tipo de cinchada y ganábamos. Éramos fuertes con mis hermanos y llegó el tiempo en que nadie quería cinchar con nosotros porque les ganábamos a todos. Hasta recuerdo una vez que para poder jugar tuvimos que darle uno de ventaja sino no cinchaban, éramos cuatro contra cinco: pero igual les ganábamos.

«Quiero aprovechar la oportunidad de que me hayan hecho esta nota para enviar un mensaje a los señores que dirigen este deporte. Un pedido. Que vuelva a disputarse la copa Gabriel Martirén. Me gustaría que algún día se le rindiera un homenaje a mi padre haciendo disputar esa copa. Sería la mejor manera».

Hasta hace unos años se disputaba dicha copa, en la que rivalizaban la Unión Argentina de Pelota (cancha abierta) y la Federación Argentina (cancha cerrada), entidades que designaban a tres de sus mejores jugadores y los confrontaban en tres partidos en frontón y tres en trinquete, resultando ganadora aquella pareja que obtenía los mejores resultados, o bien, si había empate la que mejor diferencia de tantos lograba. Pero esto no lo vio Putuca, lamentablemente se fue antes de este mundo.

En la lápida del Vasco Sardina, en el sur santafesino –Diego de Alvear- se puede leer: “A la memoria de don GABRIEL MARTIRÉN, inventor de la pelota a paleta”.

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