La revolución que construyó Fidel

fidel-lluvia-cuba-loquesomosJulia Gómez Remedi*. LQSomos. Diciembre 2016

Una respuesta desde el dolor, desde la experiencia y también desde la racionalidad que acabo de entregar a algunos enanos que ahora se quejan de la «censura» en Cuba:

Ups… Qué pena que se elija este momento de profundo dolor para la crítica.

Estuve en Cuba en uno de los peores momentos de período especial (1993), con cortes de luz programados, con leche sólo hasta los 6 años, después de los 86 y para el turismo, con cartilla de 1500 calorías, con restricciones en el uso del dólar para los cubanos. Aún en esas condiciones, todos los cubanos con los que intercambié dijeron libremente lo que pensaban en plena calle 23 y L sin que nadie los «censurara». Debo decir que la queja, en general, rondaba el «no somos libres de comprar unos jean» o el «no somos libres de ir a bailar al Habana Libre si no entramos con un extranjero».

A mí nadie me limitó en mis críticas.

Yo no podía fumar Popular porque no tenía pesos cubanos y ellos no podían fumar Marlboro (tabaco de mierda comparado con el Popular sin filtro), entonces los intercambiábamos. No había suficientes taxis, entonces había que caminar. Yo no podía usar la guagua que ellos se reservaban para ir a trabajar. Había sólo un cine y una heladería en 23 y L.

Me harté de comer mariquitas y pollo con arroz, que luego extrañé entrañablemente. Todos los niños iban a la escuela y no había analfabetismo. Sólo tenían un mínimo de analfabetismo residual. Hablar con los niños cubanos era un placer. Casi todos hablaban, al menos, otra lengua.

Todos comían (lo mínimo en esos momentos), pero comían. No había hambre ni vagabundeo.

Todos tenían vivienda, aunque humilde, porque no estaba sometida al régimen de propiedad privada. Todos tenían trabajo y no conocían la experiencia de la desocupación.

Todos eran asistidos en su salud. Es verdad que había un resto de prostitución for export pero nadie tenía que prostituirse para comer.

Lo que yo vi fue un pueblo enormemente feliz y alegre que cantaba y bailaba el son cubano en las calles.

Tuve la experiencia inolvidable de escuchar a Fidel de cuerpo presente en el Teatro Karl Marx durante tres horas hablando sobre pedagogía en el marco del Congreso de Pedagogía. Monumental lo que sabía sobre educación. Nos desafió dándonos una tremenda lección de pedagogía. Tengo grabado en mi retina cómo empezó a hablarnos: «En momentos muy difíciles del Período Especial no se ha cerrado ningún grado en esta isla ni se ha suspendido ningún Programa especial para educación, salvo el de Pioneros del Ché porque en el socialismo la prioridad es la educación. Levanten la mano cuántos de ustedes pueden decir lo mismo de sus países».
No sé exactamente la capacidad del Karl Marx, pero es un teatro enorme. Nadie pudo refutarlo en sus afirmaciones. Si hubieran dicho lo contrario, hubieran mentido. Ya ven que la tristeza no nubla mi racionalidad.

Todo esto no debe contraponerse con la experiencia de la «censura», sin excluir que haya habido episodios de injusticia, generalmente perpetrada por burócratas del saludo 1, saludo 2. Lamento enormemente que no se pueda visibilizar todo esto. No conozco otra experiencia de socialismo real, pero ahora se me parte el corazón de pena porque sé por experiencia que esta forma de vida es infinitamente superior a lo que vivimos, y que eso fue posibilitado por la perseverancia en la revolución que construyó Fidel.

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Un comentario en “La revolución que construyó Fidel

  • el 2 diciembre, 2016 a las 10:40
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    He estado en Cuba en seis ocasiones. Tres como brigadista y otras tres como viajero… la última este año, durante cuatro larggos y maravillosos meses, donde me pude «empapar» de la vida cotidiana de los cubanos y crear unos vínculos imposibles de conseguir yendo como un turista. Podría hablar largo y tendido sobre los logros de la Revolución y de, como se dice ahora, de «luces y sombras», pero este no es el momento. Se hablase de un tema u otro, de los salarios, de las mejoras necesarias o sobre cómo «resolver» el día siguiente, SIEMPRE estaba presente el respeto y el gran cariño que le profesaban los cubanos. Todo tipo de gente se denominaban con orgullo FIDELISTAS… y yo soy uno de ellos sin duda. Y lo soy hasta el punto de afirmar que no le puedo «perdonar» a Fidel que nos haya dejado tan solos… Se nos están terminando las referencias revolucionarias. Sí Fidel, nos has dejado huérfanos aunque SIEMPRE VIVIRÁS ENTRE NOSOTROS, como siempre lo has hecho. Tu cuerpo humano «no resistió el acero» del paso de los años, pero tus ideas, tu compromiso de lucha y tu dignidad perdurarán entre nosotross. Y acabo estas líneas con una frase acuñada durrane años por el pueblo cubano: ¡GRACIAS, FIDEL!.
    HASTA LA VICTORIA
    SIEMPRE PATRIA O MUERTE
    VENCEREMOS

    Respuesta

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