La sal de la tierra: una cita importante

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez. LQSomos.

La memoria de los oprimidos es una historia que nos toca recuperar, conquistar de los olvidos. Este es el caso de un hombre que figura en la historia del cine social: Herbert J. Biberman (1900-1971) fue un trabajador del cine. Entre otras cosas guionista y director de cine norteamericano, nacido en Philadelphia (Estados Unidos) el 4 de marzo de 1900, y fallecido en Nueva York el 30 de junio de 1971. Se había formado en el teatro, cuando estudiaba con George Pierce Barker en Yale, estrenó en su país dos de las primeras obras soviéticas que se llevaron al escenario.

La industria del cine le reclutó junto a otros prometedores talentos que empezaban a despuntar. Sus pasos por algunos de los más importantes Estudios, le permitió debutar en 1935, más tarde comenzó a redactar diversos guiones, alguno de los cuales llegó a ser trasladado a imágenes por otros directores (Otra vez juntos, Aventura en Arabia). Se inició como director en 1944 con The master race, obra de propaganda ideológica antinazi, quizás la primera que intenta ofrecer una explicación del nazismo, lo que junto con sus actividades sindicales le llevaron a aparecer entre los sospechosos de “comunista” en los despachos del Comité de Actividades Antiamericanas. Al negarse a declarar sobre su militancia, fue encarcelado y ninguna productora volvería a darle trabajo, siempre estuvo bajo sospecha. En este contexto de “caza de brujas”, el rodaje de La sal de la tierra se convirtió en una epopeya dramática.

Una vez libre, Herbert creó junto a Paul Jarrico y Adrian Scott la empresa Independent Productions Company. Asesorados por Clinton Mencks, responsable de un importante sindicato obrero, decidieron a la manera neorrealista rodar “Salt of the Earth” (1954) sobre una reciente huelga de quince meses sostenida por los mineros en demanda de mayores medidas de seguridad. A lo largo del rodaje hubo todo tipo de ataques violentos por parte de grupos incontrolados, intentos de quemar los decorados, así como una continua vigilancia policial. Algunos sindicatos de actores impidieron a sus miembros participar en la película, por lo que acabaron mezclándose actores profesionales con aficionados. Pero el litigio llegó a mayores cuando la protagonista, Rosaura Revueltas, fue detenida por la policía de inmigración y expulsada a México, tardando bastante tiempo las autoridades en confesar que esta detención había sido un error.

El daño, sin embargo, estaba hecho, y parte de la posproducción hubo de efectuarse en México, al desatarse además se sumó una fuerte campaña de prensa en contra de la carga ideológica del largometraje. Al final, el montaje se efectuó en condiciones clandestinas, mientras que el revelado se procesó en distintos laboratorios, a trozos y bajo nombres falsos. Pero más allá de todas estas cosas, La sal del a tierra se erigió en una película pionera en el tratamiento de la liberación femenina, en la observación detallada de los movimientos huelguistas y en la descripción de las penurias que vivía en Estados Unidos la comunidad hispana.

La película nunca tuvo una distribución normalizada, ya que infinidad de exhibidores se negaron a proyectarla, temerosos de represalias por parte de las autoridades. Ante la atmósfera irrespirable que padecieron sus principales creadores, todos ellos marcharon al exilio durante varios lustros. Biberman continuó en el país, pero con el acceso vedado a la industria cinematográfica.

Quince años después de La sal de la tierra, y una vez calmada la histeria anticomunista, se le dio la oportunidad de dirigir en 1969 Slaves, una trama antiesclavista protagonizada por Stephen Boy (el Mesala de “Ben-Hur”), que fue estrenada en París al año siguiente con una buena crítica pero sin apoyo de un público que se encontró con un film complejo y extraño que sería justamente reivindicado por el Bertram Tavernier historiador.

Años más tarde, se rodó un telefilm “Punto de mira” (“One of the Hollywood ten”, USA-España, 2000, asequible en FILMIN), dirigida por Karl Francis y con Jeff Goldblum haciendo el papel de Biberman y Ángela Molina el de Rosaura Revueltas, en la que Biberman se empeña en dejar claro que él no era ningún estalinista. Lo cierto que se podía decir que “La sal de la tierra” es un alegato sindicalista revolucionario en la tradición de los “wobblies”. Algunos de sus títulos se pueden encontrar en plataformas digitales, lo que nos puede permitir un buen cine-fórum sobre la mujer y el movimiento obrero. Un tema de primera importancia…

Salt of the Earth. Año1954. Duración: 95 min. Estados Unidos. Dirección: Herbert J. Biberman. Guion: Michael Wilson. Música: Sol Kaplan. Reparto: Juan Chacón, Will Geer, Rosaura Revueltas, Mervin Williams, Frank Talavera, Clinton Jencks, Virginia Jencks. Productor: Paul Jarrico

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