Mesa de Catalunya*. LQsomos. Enero 2018

Cuando una persona es convocada por un juzgado la primera pregunta que debe responder es si jura o promete decir la verdad, premisa indispensable para poder llegar a hacer justicia.

88 Concentració Veritat, Justícia i Reparació

La verdad siempre ha sido anecdótica cuando se ha tratado de explicar la historia de las víctimas del franquismo, los crímenes del fascismo español y el relato de la transición. Cuando, con suerte, se ha conseguido exponer los hechos tal como sucedieron, se ha pervertido la verdad falseando las causas de los mismos y justificando sus repercusiones represivas y asesinas. La cuestión es que siempre quede una sombra de duda, un embargo, un interrogante que haga que se cuestione la legitimidad de los principios de aquellas personas que cometen la osadía de exponer a la luz la historia y las historias de las defensoras de la legalidad republicana, de las antifascistas, de las represaliadas de todo tipo para la dictadura y la transición.

Una verdad cautiva y desarmada, torturada y expoliada que ha dejado en la más terrible de las indefensiones a las víctimas del franquismo y que como consecuencia generaciones han crecido en un déficit democrático inasumible. La mentira, una práctica tan arraigada en el ADN político de un estado español, que sigue aferrándose a pervertir la realidad, la verdad, como herramienta de supervivencia. Esta monarquía constitucional decadente flota sobre sus falsas verdades.

La manipulación grosera de la verdad es un fenómeno muy antiguo, ahora bautizado como post verdad. Sus raíces tienen forma de golpe de estado genocida, de cruzada nacional-católica, de hogueras que aún humean. Pero podríamos ir más atrás en el tiempo siguiendo el hilo de prisiones y patíbulos.

Cuando se violenta y se estrangula la verdad sólo queda un desierto de derechos, una caída libre en la oscura invención donde todo es justificable, una herramienta represiva muy valiosa que sirve para recortar la libertad de personas y pueblos, para fusilar derechos de opinión y de expresión. Y esta falta de verdad abre la puerta a la barra libre de la manipulación, torpemente se convierte al oprimido en opresor, a la víctima en verdugo, al demócrata en fascista, a los luchadores antifascistas en terroristas, al agresor en agredido, a la fuerza injustificada del estado en delito de odio contra los cuerpos de seguridad, la palabra en violencia, la verdad en mentira y viceversa. La historia se repite. No es de extrañar entonces que estemos todavía intentando restablecer la verdad histórica, dignificando y recuperando las historias de personas ultrajadas y vilipendiadas por la historia oficial, que estemos aún justificando que no se produjo una guerra con dos bandos equiparables sino un golpe de estado contra un gobierno democrático, que la República no era ningún peligro sino la gran esperanza que nos tenía que salvar de la negrura en la que estamos viviendo hoy, el atado y bien atado de la una grande y libre que nos ahoga. Como podemos seguir concediendo crédito democrático a quien quiere gobernar a golpes de una constitución de piedra gestada en el útero del franquismo?

Nosotros aún podemos arriesgarnos a levantar la voz bajo pena del aplastando y coaccionando ley mordaza, pero que pasa con las miles de personas que no pueden defenderse de los ataques que aún reciben en su honorabilidad y dignidad?. La respuesta es casi nada. Esto ocurre no sólo con la historia en mayúscula, es aún peor cuando llegamos a la letra pequeña, la de las personas sepultadas en olvido y tierra. Servidores y gente del pueblo leal que salvaron vidas y que estigmatizadas con la falsa etiqueta de verdugo fueron asesinadas, a veces por las mismas personas que salvaron y muchas veces en nombre de dios. ¿Qué pasa con esas personas que no dejaron una familia que vele por la verdad ?, ¿qué pasa con aquellas que sufren el escarnio sin defensa posible? Podemos exponer muchos casos para ilustrar el poder de destrucción de la potente máquina revisionista llena de rencor del fascismo, que tras supuestamente restablecida la verdad, vuelve una y otra vez para hundirla en la historia oficial que se escribió con la pluma franquista. Casos como el del alcalde de Badajoz, Sinforiano Madroñero , a quien quieren sacarle una calle, mentira en mano, los descendientes ideológicos de los fascistas que lo ejecutaron. Él ha tenido un defensor, el historiador Francisco Espinosa, pero si éste no hubiera levantado su voz para restablecer la honorabilidad de Madroñero, el ultraje se produciría a placer, verdad quemada cubierta de sal.

Así nos preguntamos quien obligará al gobierno de España, a los gobiernos de sus diferentes administraciones, los medios de comunicación a su servicio, a su ejército de creadores de opinión e historiadores serviles a la historia oficial de la causa general, si juran o prometen decir la verdad y nada más que la verdad. Hasta ahora con políticos de diferentes signos no ha sido posible. Un estado español sordo, cínico y prepotente que no escucha ni a las Naciones Unidas, ni en la Europa que le dice que no respeta la separación de poderes. Sólo con República, democracia valiente y derechos humanos la verdad será una herramienta regeneradora y reparadora donde las cárceles y las multas no sean un muro de contención de la lucha por la emancipación y por la justicia social.

Nosotros prometemos decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, y no, no es ninguna película, es nuestro compromiso con nuestras víctimas. Porque sin verdad sólo nos queda la pesada cadena de la impunidad y sólo con verdad podremos alcanzar la libertad.

“… Y un enero de 1939 las tropas franquistas entraron en Barcelona.

La madrugada del día 26 los fascistas llegan al Tibidabo, tropas navarras y marroquíes, mientras el ejército republicano intentaba defender la línea del río Llobregat. Por la tarde las tropas del genocida paseaban por la ciudad con muestras de entusiasmo por la gente de orden y católica, temerosos del poder del proletariado. A las cuatro y media el capitán de la Legión, Víctor Felipe, toma posesión de la Generalitat y el Ayuntamiento haciendo ondear la bandera rojigualda.
El día 28 se realizó una misa de campaña en la plaza Cataluña para expiar los pecados republicanos y el 29 se exorcizar el campo del Barça . Había que expulsar de Cataluña el espíritu antifascista y revolucionario…”

Llega la máquina de propaganda, la mentira franquista mientras cientos de miles de personas caminan penosamente hacia un exilio de enfermedad, hambre, muerte, incertidumbre y de una guerra mundial contra el fascismo. Así dirigen cínicamente los represores a la población: “Mientes los que fingen un problema catalán. Después de lo que Hemos visto en todo en todos los pueblos de la región, y que han culminado en las manifestaciones espontáneas de ayer y hoy, y del comportamiento magnífico de los catalanes, no puede existir un problema catalán. Cataluña, sépanlo aquí y fuera de aquí, es uno de los más preciados florones de la corona imperial de España”. Tras este discurso venden las decenas de miles de detenciones y encarcelamientos, los miles de fusilados, los últimos en 1952 en el Campo de la Bota, los anarquistas Santiago Amir, Jordi Pons, Pedro Adrover, Genís Urrea y José Pérez. Y el último asesinado por un piquete de guardias civiles voluntarios fue Txiki, Jon Paredes Manot, un 27 de septiembre de 1975, a los 21 años. Mientras un dictador golpista y genocida rogaba a dios sin arrepentirse de sus imprescriptibles crímenes de lesa humanidad a las puertas de su muerte. Y los represores de hoy siguen sin condenar la represión de sus antecesores, aferrados a una inamovible Constitución monárquica nacida bajo el signo del legado del Caudillo y que ampara la impunidad.

Hay que ver como se repite la historia y como la escriben los vencedores con la mentira como bandera y la represión como Biblia. Tal día como este 27 de enero, hace 79 años se hacía público el siguiente bando del General Jefe de los Servicios de Ocupación:

* Mesa de Catalunya d’Entitats Memorialistes

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