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La Calle
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| Año V. / | |||||
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La Riqueza y la Pobreza En el capitulo dedicado a los bienes terrenales se abordó el origen de la riqueza y de la pobreza, que es básicamente también el origen de la injusticia social que tiene como fundamento el robo despiadado de los bienes terrenales de unos grupos humanos por otros, a través de la acción bélica y la esclavización. Esas acciones se han repetido a lo largo de la historia para constituir los grandes reinos antiguos, las aristocracias medievales y los multimillonarios de hoy. Es decir que se ha generado toda una cadena de continuidad y traspaso de la riqueza original (salvo algunas excepciones) hacia las personalidades que ostentan hoy el poder económico mundial. Todo lo anterior ha venido sucediendo mientras las mayorías: primero esclavos, posteriormente siervos y ahora trabajadores asalariados han sido los verdaderos generadores de dicha riqueza, que sutilmente y mediante una retórica grotesca, se ha estado justificando a lo largo de muchísimos siglos. Ya desde los llamados tiempos bíblicos, se decía que Dios bendecía a los patriarcas como Abraham con riquezas materiales y hasta con esclavos. Es realmente extraño que un Dios, que se dice que ama a todos los hombres por igual, tenga a bien humillar a unos al hacerlos servir de esclavos a otros. Es necesario reiterar que la causa mayor, la causa de fondo de la pobreza es la injusticia social. Pero para mayor comprensión, se expondrá aquí un ejemplo ilustrativo de como continua acumulándose más riqueza en manos del privilegio mientras la pobreza se torna una especie de epidemia social: El tema es todavía más complejo cuando se toma en cuenta la procedencia de la riqueza y los diferentes mecanismos adicionales que tienen los países ricos para aumentar su acumulación. Además de lo mencionado respecto al origen del privilegio, los países ricos han gozado de mecanismos económico-sociales favorables históricamente necesarios (aunque injustos) que les han permitido llegar al atesoramiento de la riqueza que hoy poseen. Dichos mecanismos son, entre otros:
Son muchos los casos que se pueden mencionar acerca de la manera como operan los países ricos y del porque necesitan de los países pobres para conservar su estatus de privilegio injusto. Pero sería también irresponsable dejar de mencionar que el espíritu emprendedor del zapatero que se describió en el ejemplo anterior no sea bueno. En efecto, no tiene nada de malo que cualquier ser humano ponga en práctica una buena idea en forma de proyecto empresarial. Eso es válido, es ético, y es moralmente sano. El problema radica en el uso del esfuerzo, de las energías de otros seres humanos para llevar a cabo el proyecto, pero sin compartir los frutos del éxito del mismo. Eso es precisamente el gran dilema de la sociedad humana, el de la distribución y acumulación desigual de la riqueza. Se trata de desigualdades en el reparto de los recursos, de los servicios, y del poder. Estas desigualdades están institucionalizadas en forma de tierras, de capital, de infraestructuras, de mercados, de créditos, de enseñanza, de servicios de información o de asesoría, de salud, de agua potable, de higiene pública etc. El fondo de toda esta inmoralidad de la pobreza de muchos y la riqueza de unos pocos radica en la apropiación privada de la porción del producto del trabajo ajeno que el empresario considera su ganancia. Esta situación tiene la explicación histórica (más no es justa ni moral), y por ello también es legalmente permitida bajo el argumento de que se vive en un estado de derecho en el que el rico está en su derecho de obtener beneficios por el capital que invierte. Esa es una descripción resumida del sistema capitalista, de las reglas que rigen el mundo que vive la humanidad actual. En este mundo donde reina el capital y el privilegio que lo ostenta, se lanzan afirmaciones de lo más absurdas como el decir que no hay riqueza sin propiedad privada. Según esto, porque el fin de la riqueza es para el disfrute individual y porque además es concebida individualmente, lo que indica un ridículo juego de individualismo y la intensión deliberada de menospreciar el carácter social de la producción de la riqueza. Una vanalidad así puede refutarse simplemente con decir que: <<Nadie puede hacerse rico solo por su trabajo individual>> Es más, un millonario no puede incrementar su riqueza si tuviera todo su dinero guardado en su casa y se dedicara a trabajar exclusivamente solo. Al contrario, su riqueza se iría disminuyendo. Los proyectos productivos que generan riqueza efectivamente pueden tener una concepción e incluso creación individual pero su materialización solo puede ser social y por lo mismo, los frutos de su materialización también deben ser sociales. Afirmar que la concepción y la creación individual de un proyecto es solo para goce individual no solo carece de ética y de moral, sino que constituye un insulto a la dignidad humana. Si bien es cierto que cada ser humano es un individuo autónomo, también lo es el hecho de ser un ser social, pues de lo contrario hubiera sucumbido ante las adversidades de la naturaleza. El privilegio tiene entonces, una concepción del mundo demasiado tergiversada, alarmantemente distorsionada y que puede representarse por la fórmula siguiente: PSB = CB => DRP => BPI => CS Una sociedad justa en cambio, debería de comportarse de acuerdo a esta otra fórmula: PSB = CB => DRP => RE => BSG PRODUCCION SOCIAL DE BIENES = PSB El futuro de los seres humanos no podrá continuar por ese sendero. El curso se tendrá que modificar y será una evolución gradual hacia un reparto más equitativo de la renta y de los bienes terrenales al punto de que la humanidad entera logre la calidad de vida, los niveles de bienestar dignos a los que tiene derecho. <<Una calidad de vida digna, es decir sin penurias, es el derecho supremo de un ser humano>> Se hace menester subrayar que el futuro de la humanidad no está en acciones violentas o revoluciones armadas para imponer las transformaciones económico-sociales necesarias a fin de que se eliminen las desigualdades frente a los bienes materiales indispensables para el bienestar del pueblo. Eso se logrará por vías evolutivas pacíficas, en las que la educación política será fundamental. Igualmente será necesario desterrar los males relacionados como el analfabetismo, el amarillismo informativo y la apatía ciudadana por los asuntos que le competen. Si tan solo se lograra que las mayorías pobres de la sociedad capten, entiendan, asimilen y se apropien de la esencia misma de la explotación a la que se hizo referencia en párrafos anteriores, respecto a la forma como el rico se apropia inmoralmente de lo que producen los empleados, entonces buena parte de la evolución social se habrá logrado. Toda persona pobre esta en la obligación de buscar y adquirir el conocimiento necesario para entender las razones o las causas por las cuales se encuentra viviendo en la miseria. Debe buscar las causas en fuentes de información científicas que le den las respuestas reales, coherentes con la realidad y no simples elucubraciones o suposiciones teóricas que no son más que retórica justificatoria que utiliza el privilegio para tratar de perpetuar su estatus. La pobreza debe saber que la riqueza con la cual convive no puede tener un verdadero interés en ayudarla a superar su estado, pero también debe entender que no se trata de pauperizar a la humanidad ni a los que habitan un determinado país. El propósito último es lograr el bienestar de cada miembro de la sociedad mediante una mejor distribución de los bienes necesarios para el sustento de cada ser humano y que son producidos socialmente. En ese proceso de procuración de la equidad, se irán desapareciendo gradualmente muchos de los males sociales que actualmente aquejan a la humanidad y que provocan una infinidad de despilfarro de recursos, esfuerzos y energías en menoscabo del desarrollo de la sociedad. Es grande la tarea de educación para la toma de consciencia, más no es imposible, porque se parte del hecho indiscutible de que la mayoría de la humanidad vive injustamente en la pobreza y esa mayoría posee el poder político para transformar el estado de cosas para ponerlas en sus justos términos. <<La educación para la concientización es la vía imprescindible para el cambio social>> Es por eso que en los países con elevados niveles de analfabetismo, los cambios sociales son tan difíciles como casi imposibles. Es el caso de Haití o de Nicaragua con un analfabetismo superior al 50% y en donde el reducido núcleo de privilegio, ya sea militar o civil, encuentra un santuario para su existencia, aunque los conflictos sociales también se encuentran a la orden del día. Por eso es importante que las grandes masas, los miles, los millones de ciudadanos de los países que se encuentran sumidos en la miseria entiendan la necesidad de educarse no solo para ser más productivos, sino para que al mismo tiempo comprendan su entorno material sobre el cual puedan incidir para transformarlo en su propio beneficio y, que en esa dinámica solo pueden contar con su esfuerzo e inteligencia propios, así como el de sus congéneres, para la transformación del entorno material en su beneficio. Es decir, la producción social de bienes para su sustento y desarrollo tiene que llevarse a cabo con la consecuente distribución equitativa para que cumpla su propósito de bienestar general de la población y no solo para el bienestar del privilegio. Aquí es donde interviene el verdadero concepto original de democracia, pues un pueblo educado que vive en democracia, puede lograr que su voluntad mayoritaria sea respetada, y esa voluntad necesariamente tiene que ser para satisfacer sus intereses, mismos que difieren de los del privilegio. En resumen, hay que decirlo con toda claridad, la pobreza no se esfumará como por arte de magia o por medio de milagros ni súplicas a deidad alguna. Es un fenómeno histórico-social y por lo tanto es el hombre mismo, y solo él es quien tiene la manera de erradicarla. Esto no es idealismo ni utopía, como el privilegio acostumbra afirmar y acusar. No lo es, puesto que hay sociedades y comunidades en el mundo donde la pobreza es desconocida, por lo que puede y debe extenderse a toda la humanidad. Tampoco se trata de celos ni de envidias por los éxitos logrados por las sociedades más avanzadas tecnológicamente como son Japón, Estados Unidos, Alemania, Francia o Gran Bretaña. Es un asunto de justicia, de moralidad, de ética, de dignidad humana, de interés por la existencia saludable de la especie Homo sapiens y, por si todo esto no fuera suficiente, hay que resaltar, por lo menos que es un asunto de lógica racional y de sentido común. La vida humana sobre la faz de la tierra sería más agradable y placentera si los seres humanos, sin distinción alguna, pudieran disfrutar equitativamente de los bienes materiales que la sociedad produce, puesto que estos bienes son lo primordial para la existencia. La meta debe ser pasar de la pobreza a la riqueza que pertenece a todos los que la generan y no solo al privilegio minoritario. Otra razón más para luchar contra la pobreza es que: <<A mayor pobreza, mayor es el crecimiento de la población empobrecida>> Es pues, un círculo vicioso y una bomba de tiempo que hay que detener. A pesar de los argumentos expuestos, hay que resaltar que existen fuerzas sociales dentro del sector de privilegio o instituciones creadas por este, cuyo poder de influencia es más grande que la voluntad de las mayorías y que constituyen un verdadero impedimento para el avance socioeconómico que se ha mencionado. Esas fuerzas sociales son precisamente las instituciones eclesiásticas en sus múltiples versiones, cuyas funciones son las de impedir toda emancipación social y progreso económico, precisamente porque la pobreza justifica su existencia, su razón de ser, su labor caritativa y su ofrecimiento de consuelo como medida para que la pobreza sobrelleve su estado inhumano de vida. LQSomos. Walter Chisholm. Julio de 2008 |