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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Barack Obama. Esperanzas, temores y contradicciones
Barack Obama será el candidato presidencial del Partido Demócrata. Esto abre la posibilidad que los EE.UU. - el centro del imperialismo mundial y del racismo- tenga un Presidente negro. Pero no nos hagamos ilusiones: Obama ha logrado los votos de blancos y negros, porque muchos de ellos quieren acabar con la guerra de Irak. Sin embargo, su triunfo no debilitaría los intereses del imperialismo norteamericano. En este terreno, no existen diferencias fundamentales entre él, Hillary Clinton o McCain. Los tres se han comprometido a intensificar la guerra de Afganistán, atacar Irán “si es necesario”, apoyar a Israel de forma incondicional, criminalizar un poco más a la República Popular China y mantener el bloqueo en Cuba. No olvidamos, tampoco, que la mayor parte de los consejeros de política exterior de Obama formaban parte del antiguo equipo de Bill Clinton. Hay, ciertamente, alguna diferencia importante entre la política que previsiblemente llevaría a cabo Obama y la que ha llevado a término Bush y ahora sugiere continuar el candidato republicano McCain: ¿Quien hay detrás de Obama? No han sido las clases populares quienes lo han propuesto como candidato a la presidencia. La candidatura ha sido diseñada y financiada por las clases dirigentes y sus asesores mediáticos y políticos. Esto comporta una diferencia con la campaña que hace unas décadas llevó a término Jesse Jackson. La candidatura de este último nació desde abajo y sus compromisos programáticos quedaron sujetos a la presión de las masas populares. Con Obama, está ocurriendo lo contrario. Es un candidato cautivo del sistema capitalista e imperialista al que se ve obligado a servir si desea ser Presidente. Cuando "se sale del guión”, los ataques que recibe son terribles: se lo acusa de ser un traidor, un terrorista,... y una amenaza a la cultura occidental, la civilización, el cristianismo y los valores "americanos". Las clases dominantes ya lo presionaron a fondo durante las primarias demócratas y no dudarán en hacerlo de nuevo, para poner a prueba su grado de lealtad. Esto se ve claramente con su posición en relación con los derechos de la población negra a la que se supone que debería defender de manera prioritaria: el racismo sigue estando vivo en los EE.UU., pero él debe callar en este tema y fingir como si se tratara de una cosa del pasado que ya ha sido superada. A pesar de todo, lo más probable es que Obama arranque un número considerable de votos de las clases populares. Son muchas las personas que temen que el racismo acabe desbancándolo de forma encubierta de la carrera electoral o incluso que las balas racistas pongan fin a su vida. En este caso también puede funcionar el voto del miedo y el mal menor. ¿Se arreglará la situación económica y social de las clases trabajadoras si Obama es elegido Presidente? ¿Mejorarán la asistencia sanitaria, la educación, la legislación laboral,..? Es previsible, que muchos de los derechos, en vez de ampliarse se recorten y que los trabajadores se vean sacudidos por la crisis económica que llama a la puerta. No debemos despreciar la posibilidad de que la clase dominante acepte la elección del primer Presidente negro para después poder culparlo de todo el dolor y el sufrimiento que la crisis puede ocasionar al pueblo norteamericano. Las personas de izquierdas debemos saludar el amplio movimiento social que se ha generado alrededor de Obama, y destacar los contenidos progresistas y de oposición al racismo y a la guerra de Irak que caracterizan a este movimiento. Pero no podemos permitirnos el error de ignorar el trasfondo de clase que hay en su programa y en su campaña electoral ni depreciar las contradicciones que comporta su posible elección como Presidente de los EE.UU. LQSomos. Antoni Puig Solé. Junio de 2008
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