Jorge Izquierdo*. LQS. Marzo 2019

  • ¿Se puede luchar contra el cambio climático con las herramientas que nos ofrece y de las que vive el capitalismo salvaje?

 

La moral estorba a los gobiernos, y debe suprimirse como un obstáculo inútil. Para un Estado no existe la verdad ni la mentira: sólo reconoce la conveniencia y la utilidad de las cosas. Julius von Hartrott en Los cuatro jinetes del Apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez

 

Hace catorce años comencé a escribir una serie de artículos sobre el impacto de las llamadas nuevas tecnologías en nuestras vidas. Tenían, y tienen, una mirada crítica pero no tanto hacía la tecnología sino hacia su uso. Terminaba concluyendo que eran los gobiernos los principales causantes de grandes problemas. Básicamente escribí sobre cuatro grandes cuestiones: la confusión interesada entre tecnología y producto tecnológico, la brecha digital, el spam y los virus informáticos. En pleno 2019 aparece el movimiento #15Mclimatico, un llamamiento a estudiantes de todo el mundo para secundar una huelga internacional contra el cambio climático Y aunque la campaña fundamentalmente se ha dado a conocer a través de Internet, y de esas nuevas tecnologías que en manos de nuestros jóvenes parecen convertirse en una poderosa arma, no puedo ocultar mi pesimismo frente a lo que nos espera. ¿Por qué?

Porque el bautizado como #15Mclimatico ya está infectado con el propio virus contra el que quiere luchar. Nuestros jóvenes estudiantes, son ante todo, nativos digitales, los nacidos en la era digital, y que por tanto se han criado junto a esos cuatro jinetes del apocalipsis que galopan por las autopistas de la información. Las armas de los nativos digitales son, evidentemente, el smartphone junto a su ordenador personal y videoconsola y montados sobre ellos, una retahíla del mejor software que la revolución digital ha conseguido desarrollar.

Nada nuevo. Al igual que sucedió con la televisión se trata de unos aparatos que sin conexión eléctrica no sirven absolutamente para nada y que sin conexión a una red de comunicaciones, la mayoría de los nativos no sabría o no querría utilizar. Yo me pregunto: ¿Cómo se puede luchar contra los mares de plástico y el cambio climático con aparatos que necesitan decenas de minerales para ser fabricados y que son prácticamente… plástico?

Difícil tarea tienen por delante. Acabar con el cambio climático con un armatoste que liberará 95 kilos de CO2, de media, durante su vida útil y que para su construcción necesita de los llamados minerales de sangre, unas materias primas como el Wolframio, el Oro, el Litio, el cobalto y un largo etcétera de materiales cuya extracción no hace más que deteriorar el medio ambiente, ése que tanto empeño ponen en proteger. Aunque siempre podrán aprender de sus padres y abuelos y decir aquello de que «el fin justifica los medios». Unos medios que se cuentan por miles de millones. Así, cualquier activista de salón haría, hoy, suya la frase de Ricardo III «Mi reino por un caballo», sustituyendo caballo por smartphone y asegurándose, mientras grita, de tener batería, conexión a Internet y estar al corriente de pago de la correspondiente cuota mensual de la compañia de turno.

Contar con un caballo en la antigüedad era la condición número uno para ser caballero. Algo que solamente se podían permitir unos pocos, pero hoy en día nuestros jóvenes son caballeros digitales que han tenido, tienen y tendrán un arsenal de artefactos tecnológicos que les confiere: lo que ellos entienden, como su identidad e independencia. Una independencia que no es tal pues se ha convertido en una necesidad, ficticia, creada. Nada nuevo nuevamente, todos sabemos lo que son las necesidades creadas pero en este caso afectan directamente a nuestros niños y jóvenes. Mientras tanto el romanticismo, en su peor acepción presenta a jóvenes estudiantes (me pregunto si el 30% que no termina sus estudios elementales está también incluido) dispuestos a luchar contra el cambio climático montados a lomos de sus flamantes aparatos valorados en cientos de euros. Quizás habría que recordar que la última carga de caballería de la historia se produjo en 1939 cuando el ejercito polaco se le lanzó a la desesperada contra las divisiones panzer que invadían Polonia. Caballos contra tanques. Una sangría humana. Jóvenes estudiantes contra las multinacionales y sus gobiernos…. Unas multinacionales, Google, Microsoft, Apple y Amazon, propietarias de las herramientas que hemos dejando a nuestros jóvenes jinetes en herencia , en sustitución de la Historia, la Filosofía, la Ética y la Ecología humana.

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– Miembro de la Asamblea de Redacción de LQSomos

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