Las grandes descargas de la historia del rock español: Festival de San Sebastian de los Reyes


Mariano Muniesa*. LQSomos. Diciembre 2011

Asfalto, Leño, Barón Rojo, sábado 11 de junio de 1983.

Un gran concierto, que también ha quedado como uno de los más grandes de nuestra historia por varias circunstancias. Aquella fue la primera actuación importante en el centro de Asfalto con su nuevo cantante, Miguel Oñate, una de las últimas de Leño fuera de aquella gira “Rock de una noche de verano” que hicieron durante aquel verano del 83 y la presentación a grandes niveles de ‘Metalmorfósis’, el nuevo LP de Barón Rojo, que se había puesto a la venta a primeros del mes de mayo.

Personalmente, recuerdo que tuve noticia de aquel festival en el concierto de Saxon, celebrado en el Pabellón de Deportes del Real Madrid, a través de una octavilla que se repartía a la entrada. Recuerdo también que todavía tenía el susto en el cuerpo después de haber sido testigo de la brutal carga de la policía a caballo, con porrazos, gases lacrimógenos y reparto de hostias –sin consagrar- contra quienes estábamos en la cola del concierto so pretexto de que la cola había invadido la calzada y dificultaba el tráfico. Según la leí, me dije… esto hay que verlo. Y a pesar de que tenía al lunes siguiente un examen final de geografía e historia de 2º del antiguo B.U.P. y tras una acalorada discusión con mi padre, me fui para allá.

Desde hacía muchos meses no había habido en Madrid ni en sus inmediaciones un potente festival de rock como este y desde la capital hubo una buena cantidad de autobuses que trasladaron a muchos fanáticos heavys hambrientos de una buena descarga, aunque no así a la vuelta, que fue una odisea que comentaré al final del artículo. Un total de 15.000 personas llenaron hasta arriba la Plaza de Toros de la localidad madrileña para ver un concierto que, sin pretenderlo, acabó siendo histórico por muchas razones.

El concierto había sido organizado directamente por el ayuntamiento de San Sebastian de Los Reyes, dirigido en 1983 por una coalición PSOE-PCE en la que el concejal de cultura y festejos, un legendario personaje al que en el mundillo del rock se le conocía por su apellido, Matamoros -nunca llegué a saber cual era su nombre de pila- un dirigente local del PCE, como la mayoría de mis camaradas comunistas en aquel momento, era sensible al deseo que se sentía entre la juventud obrera de Madrid en 1983 de ver en sus fiestas populares conciertos de rock, fuerte, duro como el que esos tres históricos grupos representaban y, por tanto, organizó aquel gran festival, insisto, histórico aún a pesar de la precariedad de medios y las deficiencias de las que adoleció. Ahora que lo recuerdo y sin ninguna intención de caer en nostalgia lacrimógena… joder, que distinto era aquel Madrid y sus pueblos de lo que es ahora…

Volviendo al concierto, se abrió la fiesta con más de una hora de retraso sobre el horario previsto con unos Asfalto inconmensurables, que habían iniciado el camino de la independencia discográfica y aquel concierto era también en cierta manera la presentación de aquel legendario álbum. ‘Mas que una intención’. Me impresionó muchísimo no solo la potencia de voz, sino la presencia, las tablas y la personalidad de frontman de Miguel Oñate, que le inyectó en aquel momento a Asfalto una fuerza y una energía tremendas, además de una imagen rompedora super impactante -Miguel parecía una versión años 80 de los mejores Robert Plant o Roger Daltrey- y aquellas interpretaciones de “La Paz es verde”, “Richie (estrella del rock)” o “Tenías razón” se han quedado en mi memoria como una de las veces en las que más disfruté de aquellos Asfalto, porque además también sabía cantar temas como “Ser urbano” con una fuerza que te estremecía. Inolvidable. Asfalto estuvieron sensacionales, con un Miguel Oñate que ardía en ganas de demostrar sus poderes como frontman en un momento en el que el grupo había vuelto con un entusiasmo y un rollo fresco, renovado y excelentes.

A la banda de Julio Castejón siguió en el escenario Leño, presentados por Mariano García y por la Abuela Ángeles, quienes hicieron otro de sus grandes conciertos, cuando ya circulaban por el ambiente musical madrileño rumores sobre las desavenencias existentes en el seno de la banda y había quien se atrevía a vaticinar su cercana desaparición. A destacar que Leño gozaron de mucho mejor sonido que Asfalto aún dentro de un sonido que en general era una sinfonía de acoples, saturación, etc., tremendos.

Yo había visto a Leño por primera vez un año antes en la presentación de ‘Corre Corre’ en el Pabellón con unos pletóricos ¡¡¡Alarma!!! De teloneros –joder, con un Manolo Tena del que siempre dije que era todo un rock star y así lo demostró después- y me habían fascinado. Aquella vez en S.S. de los Reyes también me gustaron, pero se notaba que ya no existía la misma química entre ellos. Cuando en octubre anunciaron el final de la banda, por desgracia, no me extrañó. Un mes más tarde les ví con Miguel Ríos en el concierto del Estadio de Vallekas y la sensación fue la misma. Eso sí, a pesar de todo, flipé aquella noche con sus versiones de “Cucarachas” y “Sorprendente”, que les salieron de fábula.

Y como cierre de la fiesta, Barón Rojo en sus buenos tiempos, en sus mejores tiempos rompiendo absolutamente con todo, haciendo estallar en directo temazos como “Tierra de vándalos”, “El malo”, “Se escapa el tiempo” y todos los que integraban aquella obra maestra llamada ‘Metalmorfosis’, además de unas versiones en directo sensacionales de “Resistiré”, “Larga vida al rock´n´roll” y “Con botas sucias” en las que tanto Sherpa como Carlos de Castro se dejaron la garganta en carne viva, al tiempo que Hermes Calabria hizo uno de los solos de batería más demoledores que había visto nunca hasta entonces. ¡Qué grandes eran aquellos Barones!

Por los sucesivos retrasos entre actuación y actuación el concierto termino pasadas las tres y media de la madrugada. Fue materialmente imposible coger el único autobús que salió con dirección Madrid centro al acabar el concierto –una vez más y para variar, la policía disolvió a porrazos la aglomeración que se creó junto a la parada y no nos quedó más remedio que emprender la marcha hacia Madrid caminando por el arcén de la carretera, con la custodia de varias lecheras de la madera vigilando que no fuéramos a cometer ningún acto delictivo en mitad de una carretera despoblada por la que no pasaba ni un coche… aunque eso sí, si pasaba alguno, se le saludaba al estilo heavy de la época ¡y aceleraba como si hubiera visto al diablo!

Recuerdo también que en esa marea humana que íbamos caminando hacia Madrid, llenos de buen rollo por haber disfrutado de aquel concierto, de vez en cuando alguien te ofrecía una calada de hierba o de chocolate, un trago, una broma, comentarios sobre como había estado cada grupo… más de una vez lo he comentado, en aquellos años, entre la peña del heavy en Madrid y, supongo que del mismo modo en otras ciudades, existía un calor humano, una solidaridad, una camaradería, una complicidad que nos hacía sentirnos miembros no de una “tribu urbana”, como se decía en la prensa generalista, sino de una hermandad, una colectividad, una comunidad, incluso una familia. Sin divisiones estúpidas entre “blackmetaleros” y “truemetaleros”, sin guerras infantiles en foros de Internet, sin todos los “jevis” engordando el culo pegados al ordenador, sino haciendo amistad y comunidad saliendo a la calle, yendo a conciertos, hablando cara a cara con la gente y sin importarle a nadie si tu camiseta era de Obús, Iron Maiden, Rainbow, Rolling Stones, Led Zeppelin o Motorhead. Si estaba allí, era un colega que disfrutaba del mismo rollo que tú y eso ya bastaba para sentirte unido a él. Lástima que eso se haya perdido…

A pesar de la charla que tuve con mi padre cuando llegué a casa casi a las 7 de la mañana, por el subidón que tuve al disfrutar de aquella noche inolvidable, me pasé el domingo empollando como un cabrón… ¡y saqué en aquel examen de geografía e historia un 8,5!

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