Las guerras, ¿Públicas o privadas?

Por Nònimo Lustre. LQSomos.

Las guerras siempre han sido privadas puesto que son provocadas por personas de carne y hueso que, sistémicamente, ocultan su egolatría endilgando a terceros los grandes conflictos – ayer a las naciones y/o las religiones y hoy a los Estados. Estas sumamente inmorales élites belicistas se benefician de la meliflua y populachera mitología de los Estados pero quieren hacernos creer que las Empingorotadas sólo representan un minúsculo papel protocolario en esa conjura económico-administrativa de sus psicopatías cuya destilación es el Estado.

Las guerras nunca han sido nacionales, ni étnicas ni religiosas. Han sido y lo siguen siendo el negocio de unas exiguas minorías de Señores de la Guerra, condotieros, espías, bandoleros y fortachones de cachiporra en pecho con ínfulas dinásticas. Por ende, el fenómeno de la privatización de las fuerzas armadas que muchos creen actual no es reciente, por mucho que algunas lo crean así:

“En el marco de la progresiva tendencia a transferir servicios y actividades públicas al sector privado (Sanidad, Educación, transportes, etc), la última década ha experimentado la privatización de núcleos de soberanía estatal tan sensibles como los servicios militares y de seguridad. En efecto, la guerra también se privatiza y lo hace adaptada al siglo XXI, a través de empresas multinacionales.” (Armendáriz, 2014) Ahora bien, quien escribe “la última década” mejor habría escrito “los últimos siglos” puesto que la enumeración de los mercenarios del pasado es de una inagotable diversidad. Limitándonos a los indígenas alistados en los ejércitos oficiales –los acarreados por los contractors privados son aún más numerosos-, en ella entrarían desde los Almogávares de Roger de Flor (c.1267-1305) hasta los Cipayos (sepoys, en el ejército inglés desde 1750) y los Gurjas. Y, si nos apuran, hasta las Tropas Regulares (en las del Rif, muchos eran indígenas amazigh, bereberes) o moros contratados por los franquistas.

Ejemplo medieval de unos insignes ‘serial killers’ o ‘soldados de fortuna’: los Almogávares fueron unos mercenarios catalano-aragoneses al servicio de Bizancio cuya fama de crueles ‘españoles’ se mantiene hasta el punto de que el invicto (¿) ejército español todavía se enorgullece dellos lo suficiente como para poner algunas unidades militares bajo su nombre y protección.

Cuando los Almogávares se sublevaron contra Bizancio-Constantinopla, sus matanzas indiscriminadas les granjearon el odio del imperio cristiano de Oriente

En fechas próximas, durante las Cruzadas, la carne de cañón la suministraban los Turcopolos, un numeroso pueblo llamado indígena -hoy entendemos este término en un sentido étnico más que local-, compuesto por bizantinos y súbditos de los nuevos Estados Cruzados o del Imperio Latino de los siglos XII y XIII, que fueron enrolados en las milicias de las Órdenes Militares europeas. Solían ser hijos mestizos de persas seljúcidas y de griegos así como cristianos ortodoxos sirios. Eran oficialmente cristianos pero musulmanes en la intimidad. Estos ignotos Turcopolos son uno de los muchos pueblos medio nacionales medio étnicos, que desaparecieron de la historiografía cristiana tras las Cruzadas (ver Un Imperio cristiano hace desaparecer a un pueblo europeo) Concretamente, los Turcopolos supervivientes a la caída de Acre, abandonaron Tierra Santa y se perdieron y/o establecieron en Chipre junto a los Templarios y en Rodas y Malta junto a los Hospitalarios.

Las EMP’s

Las empresas de asesinos en serie profesionales, ahora conocidas oficialmente como EMP’s (Empresas Militares Privadas) son incontables. Por ende, “el monopolio de la violencia” que tantos politólogos han considerado como el rasgo definitivo y definitorio del Estado, nunca ha sido cabal. Sólo citaremos a un puñado de algunas EMP’s ‘en servicio activo’: Blackwater (luego Xe Services y ahora, Academi, absorbida en 2013 por Monsanto-Bayer), DynCorp, G4S Secure Solutions (activa en 125 países), Aegis, KBR, la seudoperuana Defion Internacional (Lima), Triple Canopy, Garda World, etcétera. En los medios ordinarios, no leerán a menudo sus nombres… salvo, en el lado ruso hoy tan de moda, donde se vocifera mucho sobre el grupo Wagner, descendiente del Moran Security Group –Wagner fue fundada en 2014 por D.V. Utkin con financiación de Y. Prigozhin.

Colombia es un caso tan canalla como escondido: desde los años 1980’s, la EMP AirScan fue contratada por la Oxy (Occidental Petroleum) para atacar a la guerrilla que operaba en Arauca. En 1998, AirScan bombardeó en ese departamento el pueblito de Santo Domingo donde asesinó 17 civiles. El bombardeo sólo estaba monopolizado por el Ejército Nacional. Además, desde el año 2006, unas 25 EMP asesinan en Colombia –a la tristemente famosa DynCorp, habría que agregar las Virginia Electronic Systems, Oakley Networks, Telfors Aviation y SpreadHead. Demasiados explosivos para tan exigua rebeldía armada.

En España, de la (pretendida) autarquía franquista se ha pasado a la vertiginosa externalización de una violencia estatal-internacional (i.e., OTAN) que corre a cargo de un cerro de empresonas y empresitas –huelga añadir, siempre de buitres del dinero público-, de las que sólo citaremos cuatro entre las más notorias: High Security Solutions, socia de Hallmark Security Solutions; el Servicio Global de Seguridad y de Inteligencia (SGSI) fundada en 1995 con capital mayoritario español e Hyzanami, su filial encubierta especializada en Guinea Ecuatorial.

A estas patrióticas EMP’s les disgusta sobremanera que las llamen mercenarias. Prefieren el eufemismo «contratistas de seguridad». Así lo propone David Morales, marine español durante 18 años y ahora gerente de UC Global (fundada en Jerez 2008), argumentando que su empresa “aporta soluciones a las necesidades de los gobiernos y sector empresarial privado en las áreas de seguridad marítimo-terrestre y a la evaluación de seguridad en infraestructuras críticas”. En otras palabras, quieren ser vistas como una ONG pero del tipo ONGD, de Desarrollo -militar.

Pueblos indígenas ‘guerreros’

Desde el punto de vista cronológico, es deprimente comprobar que el racismo consustancial al imperialismo decimonónico sobrevive con buena salud. Por ejemplo, en los dorados años del Imperio británico, Kipling perpetró el famoso dizque poema The White Man’s Burden (1899, La pesada mochila del hombre blanco) donde se dolía del desagradecimiento de los invadidos mientras convertía a los invasores en hermanitas de la caridad. Su primera estrofa, literalmente, rezaba:

“Llevad la carga del Hombre Blanco. / Enviad adelante a los mejores de entre vosotros; / Vamos, atad a vuestros hijos al exilio / Para servir a las necesidades de vuestros cautivos; / Para servir, con equipo de combate, / A naciones tumultuosas y salvajes; / Vuestros recién conquistados y descontentos pueblos, / Mitad demonios y mitad niños.”

Una década después, los milicos franceses comandaban tropas de senegaleses tirailleurs (fusileros) y se quejaban exactamente con las mismas patrañas que Kiping: “L’Afrique nous a coûté des monceaux d’or, des milliers de soldats et des flots de sang ; l’or, nous ne songeons pas à lui réclamer, mais les hommes et le sang, elle doit nous le rendre avec usure.” (Adolphe Messimy, 1910) Era descarado embuste que el colonialismo costara mucha plata a los invasores pero era aún más cínico vanagloriarse de que no reclamarán el oro pero sí la sangre derramada por la Dulce Francia. No reclamarán la sangre indígena porque los soldados coloniales eran naturellement guerriers y, si morían como moscas, eran ’gajes del oficio’, ‘iba en la paga’, etc.

Pocos años después de Kipling y de Messimy, los milicos colonialistas portugueses continuaban aferrados a los mismos prejuicios. Creyendo en estas majaderías racistas por puro interés imperialista y quién sabe si también por convicción propia, un coronel escribía:

“alguns professores da Universidade do Pôrto, por ocasião da exposição colonial de 1934, também estudaram a antropologia dos soldados indígenas de Moçambique, ali presentes durante meses“. De tan exhaustivo y comprehensivo (¿) estudio etnológico, los coroneles lusos finiquitaron que los indígenas mozambicanos se dividían en listos y tontos: “É da raça landim [o landin] que saem , geralmente, os feiticeiros, que constituem um curioso produto do meio ; o feiticeiro é , por via de regra, um indígena superior em inteligência a todos os outros, e desta superioridade vive”. Jerarquización que encuentran necesaria puesto que “o indígena, é uma criança grande, e que alguns indígenas, principalmente os landins , são dotados de notáveis faculdades de observação, mas deficientes raciocínios, influenciados sobretudo pelo ambiente em que vivem.” (ver Coronel E. A. Azambuja Martins. 1936. O Soldado Africano de Moçambique; Ministério das Colónias; Lisboa) Estos landim en portugués y, entre ellos, xilandi, hablan la lengua bantú Ronga (también escrita como Xironga, ShiRonga o GiRonga) y son originarios de la provincia y ciudad de Maputo, Mozambique.

Por su parte, EMP’s como Blackwater ‘trabajan’ ancladas en las hipocresías pregonadas por la Inquisición: “no, los curas no matamos, a los relapsos los relajamos al brazo secular” –‘y así nos ahorramos pagar a los verdugos’, añadiríamos. Lo perpetró en Nigeria cuando, contratada por Shell y por Chevron, aplastó la resistencia de los indígenas del delta del Níger –una comarca muy rica en hidrocarburos-, por el expeditivo método de ahorcar a los protestones. En 1995, el ‘brazo secular’ de esa EMP ahorcó al escritor Ken Saro-Wiwa y ocho de sus compañeros. Fue un escándalo mundial pero ahí siguen, Academi, las petroleras y sus cómplices gubernamentales.

Gurjas en las Malvinas (ver Reclutas indígenas en la guerra de las Malvinas)

Todo ello es perfectamente cónsono con la obsesión eurocéntrica por creer que los pueblos aherrojados son pueblos belicosos –necesitan creerlo para que la derrota de los guerreros indígenas sea más meritoria para los vencedores. Por dos razones básicas nunca sabremos si son ‘naturalmente guerreros’: a) porque, enviados sistemáticamente a la primera línea de fuego y la carne de cañón muere rápido, sin descendencia; b) porque, sometidos a la disciplina militar –léase, tortura-, y enterrados o expulsados sin dirección postal, nunca oiremos sus voces. Y así ocurre desde hace siglos. ¿Sabemos acaso los nombres de los Tlascaltecas, de los Yanaconas o de los infinitos indígenas auxiliares de la Invasión?
Finalizaremos esta nota con la nómina de los indígenas alistados en los ejércitos nacionales y/o enrolados por las EMP’s con sendas fichas para los indígenas ‘regularizados’ (Gurjas) y para los ‘privatizados’ (Hmong):

Los Gurjas (Gurkhas)

Los Gurjas son los indígenas mercenarios más famosos del mundo. Su leyenda parte de la derrota sufrida en la guerra Gurja-Reino Unido (1814-1816) que se desarrolló en Nepal, Tibet y Bengala. Los británicos dicen que les admiró el valor profesional de los Gurja y decidieron crear batallones gurjas. En 1938, al comienzo de la IIGM, el Maharajá Juddha Shamsher ofreció a los británicos un contingente nepalí de 8.000 soldados gurjas –ya tenemos al personaje de carne y hueso que privatizó la muerte en combate de unos indígenas. La cifra de esos 8.000 soldados creció con la II guerra mundial hasta los 65.000 o 55 batallones. Se calcula que murieron no menos de 10.000 Gurjas.

Un chiste gráfico sobre los Gurjas en acción. Es probable pero no está demostrado que degollaran a los soldaditos argentinos ni que les cortaran las orejas

En los años de la posguerra, los Gurjas combatieron en Grecia, Malasia, Indonesia, Borneo, Brunei, Chipre, Malvinas 1982 y, obviamente, en las invasiones de EEUU-OTAN-Reino Unido contra Irak, Siria y Afganistán. Hoy, sus comandos terroristas seguramente están asesorando al ejército ucraniano. En resumen, se han convertido en la élite policíaca del imperialismo eurocéntrico.

Sin embargo, tenemos que precisar un punto etnográfico: los “Gurjas” no son un único pueblo indígena sino que es una denominación general –no etnónima-, que engloba a los Gurung (mayoría) pero también a los pueblos Magar, Tamang, Sunwar, Limbu y Rai. Los Gurung se subdividen entre los montañeses Lekhalis y los habitantes de las llanuras bajas (para más info, ver Ragsdale, Tod A. 1990. Gurungs, Goorkhalis Gurkhas: Speculations on a Nepalese Ethno-History, Tribhuvan University)

Los Hmong, Miao/Meo

El Hmong general Vang Pao (centro), el espía Tony Poe –seguramente CIA-, un Hmong y un gringo preparando la “guerra secreta”.

Los “Gurjas” son funcionarios estatales. Los Hmong ejemplifican el oscuro vínculo entre los conflictos étnico-nacionalistas que tanto abundan en las fronteras del Sudeste asiático, el narcotráfico y el catalizador privado de la desintegración étnica.

No hay acuerdo sobre el origen de los Hmong. Según los diversos estudiosos, está en los cuatro puntos cardinales de China –de ahí el Meo que, por creerlo peyorativo, tanto disgusta a los exiliados en los USA-, o bien en Siberia, Oriente Medio, Mesopotamia bíblica y Cáucaso. Pero, de acuerdo con su mitología, el cántico funeral ritual ‘Mostrando el camino’, asegura que nacieron de la cópula hetero entre los Héroes fundadores Nkauj Ntsuab (Gau Njua) y Sis Nab (Shi Na)

Hmong entrenándose en el lanzamiento de granadas de mano

Pero, más decisivo que la etnografía es la malaventura que los EEUU infligieron al pueblo Hmong: entre 1961 y 1975, la CIA financió y estimuló una “guerra secreta” en Laos a la que, dizque para impedir la expansión del ‘comunismo’, acarreó a miles de soldados Hmong que, en alguna medida, derivaron al narcotráfico. Fue una más de las sombras ocultas detrás de la guerra de Vietnam. Ahora, miles de Hmong sobreviven refugiados en los EEUU donde, a pesar de haber luchado bajo el patrocinio de las agencias de seguridad gringas, no se les reconoce como veteranos de ninguna guerra. En aquella contienda no declarada a nadie ni reseñada en ningún medio mainstream, murieron no menos de 35.000 Hmong.

Imagen de portada: Los Almogávares, mercenarios al servicio del Imperio Bizantino
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