Guadi Calvo*. LQS. Agosto 2018

Las operaciones militares conjuntas del ejército nigeriano junto a los de países vecinos, el surgimiento de los Comités Civiles de Vigilancia (CCV) grupos de autodefensas de vecinos, por lo general mal armados y peor entrenados, que en más de una oportunidad utilizan su fuerza para ejecutar venganzas y ajustes de cuentas

Con alguna frecuencia, las autoridades nigerianas han dado por derrotado al grupo insurgente Boko Haram, en diciembre de 2015, solo a siete meses de haber asumido el cargo, el presidente Muhammadu Buhari, anunció que: “Boko Haram había sido técnicamente derrotado”, lo que se reiteró el 1 de enero de 2018. Casi de manera calcada el 4 de febrero, pasado el general de división Rogers Nicholas del ejército nigeriano anunció que había “derrotado totalmente la insurgencia de Boko Haram”. Y parecía cierto, el viernes anterior, cientos de militantes se habían rendido mientras otro buen número de ellos escapaban al otro lado de la frontera.

Horas después de este último anunció, la fracción Abu mus’ab al-Barnawi, el joven líder que disputa el poder al mesiánico jefe Abu Bakr Sheakau, del grupo integrista que desde el 2009 provocó más de 30 mil muertes, y 2.5 millones de desplazados, asesinaba nueve soldados, en un asalto al cuartel de Kanama en el estado de Borno. Mientas que al día siguiente, Sheakau, tan alucinado como siempre, en un video advertía: “Tenemos buena salud y nada nos ha sucedido”. Y al parecer no miente.

A pesar de la asfixiante Operación Lafiya Dole, puesta en marcha en mayo de 2016, por el gobierno del presidente Buhari, con la coordinación de la Fuerza Multinacional Conjunta (MJTF) con sede en Yamena (Chad) compuesta por los efectivos de los ejércitos de Nigeria, Níger, Chad y Camerún, que ya ha conseguido abatir a centenares de militantes wahabitas, del grupo Boko Haram, la organización integrista que en marzo de 2015 hizo su bayat o juramento de lealtad al Daesh, sigue golpeando, ahora con intermitencias, pero siempre de manera sanguinaria y efectiva.
El viernes 20 de julio un atacante suicida, se inmoló en una mezquita en el área de Mainari en Konduga, al noreste del estado de Borno, en el primer rezo del día, asesinado a por lo menos ocho personas e hiriendo a cerca de una docena. El atacante habría operado un IED (Dispositivo Explosivo Improvisado) lo suficientemente poderoso como para hacer colapsar al edificio.

El último 17 de julio, un grupo de camiones con carga comercial y custodia militar, fue emboscado en el estado de Borno, cerca de la aldea de Mussini a pocos kilómetros de la frontera con Camerún. Tras forzar a la columna a detenerse y asesinar a nueve choferes, Saquearon la carga y prendieron fuego a los vehículos.
El penúltimo fin de semana de julio, los muyahidines tendieron una nueva emboscada a las tropas del ejército en Bama estado de Borno, al tiempo que ocuparon la base militar de la vecina Yobe, donde procedieron a saquearla y robar armamento.

Diferentes versiones hablan de numerosas bajas producidas a los atacantes mientras se confirma la muerte de una veintena de soldados. El pasado jueves 19, en Chad, en la región del lago, elementos de Boko Haram atacó un pueblo al sur de Dabua, cercana a Níger, degollando a 18 personas, hirieron a dos y secuestraron a diez mujeres. Así todo las autoridades locales informaron a las poblaciones de la región que, “su seguridad está garantizada”, a pesar de las reiteradas emboscadas y atentados suicidas.

Aunque las operaciones militares conjuntas del ejército nigeriano junto a los de países vecinos, el surgimiento de los Comités Civiles de Vigilancia (CCV) grupos de autodefensas de vecinos, por lo general mal armados y peor entrenados, que en más de una oportunidad utilizan su fuerza para ejecutar venganzas y ajustes de cuentas, que poco tienen que ver con las acciones de los terroristas y la implementación por parte del ejército de los Batallion d’intervention rapide (BIR) fuerzas móviles de rápido desplazamiento, no consiguen detener a Boko Haram, que a pesar de haber perdido poder de fuego y respuesta, siguen muy operativos.

La guerrilla integrista en agosto de 2016, sufrió un desprendimiento importante, cuando la jefatura del Daesh, decidió el remplazo de Abu Bakr Shekau, por Abu mus’ab al-Barnawi. Lo que Shekau se negó a aceptar, produciendo un “sisma” en el interior de la organización, más violenta del oeste africano, Estado Islámico de África Occidental (ISWA), al mando de Abu Mus’ab al-Barnawi, según se cree negociando con el gobierno una rendición, que junto a su lugarteniente, Mamman Nur, se ocuparon una importante área del lago Chad, mientras los seguidores de Shekau parece haberse asentado, una vez más, en el bosque de Sambisa

La división no ha debilitado a la organización, muy por lo contrario, ha vuelto a aumentar sus acciones tras casi año y medio de derrotas. En este último junio 43 personas, murieron en una ola de ataques suicidas en la ciudad de Damboa.
Los ataques suicidas contra objetivos civiles o “blandos” como mezquitas, mercados y estaciones de autobuses, en muchos casos llevados a cabo por mujeres o niños, se han convertido en lo más característico de los ataques de la facción dirigida por Shekau.

Sangre en lago del Chad

La región del lago Chad, que comparten fronteras Níger, Chad, Camerún y Nigeria, de muy duras condiciones de vida, donde se han asentado, más de dos millones de desplazados, es de muy poca profundidad, pero tiene un espejo de agua de aproximadamente 1300 kilómetros cuadrados, que desde hace cuarenta años se encuentra en un franco proceso de agotamiento y donde la pesca es cada vez más escasa.

En toda la región del lago la violencia terrorista, sigue en constante aumento desde 2015. Allí pelotones de Boko Haram se han atrincherado en la región, sacando provecho de las vastas extensiones pantanosas de muy difícil acceso, provocando incontables acciones terroristas de diferentes rangos de violencia, ataque y saqueos contra los campos de refugiados, robos, ataques a unidades del ejército y secuestros extorsivos, en 2015 fueron 392, en 2016, se produjeron cerca de 280 operaciones y en 2017, fueron 362 las incursiones wahabitas.

El estado norteño de Borno, y la ciudad de Maiduguri, su capital, han sido otro claro objetivo del terrorismo, donde más de 90 ciudades y pueblos del estado fueron atacados el año pasado, mientras que Maiduguri, se convirtió en el centro urbano con el mayor número de ataques. En su mayoría ataques suicidas, que acumulan casi una 12 mil víctimas mortales desde 2015.

Un elemento fundamental en la conflictividad de la región, es la presencia cada vez más activa de los Estados Unidos, que de manera muy gradual han ido elevando el número de efectivos cerca de 7 mil, en todo el continente, y en menor grado tropa francesas, solo en Níger unos 800 boinas verdes, asisten a las tropas nigerinas, en su lucha contra el terrorismo asentado fundamentalmente en el norte de Mali, militantes a fines a al-Qaeda y al Daesh, que transitan en rutas del desierto entre Mali, Libia y Níger.

El gobierno de Camerún ha reconocido que un número indeterminado de comandos de SEAL, están colaborando con sus cuerpos especiales para luchar contra Boko Haram, un fantasma siempre oportuno.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
África – LoQueSomos

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