Jesús Gómez Gutiérrez*. LQS. Septiembre 2018

Hasta los niños saben cómo acaba eso

Perdidos, confundidos e intelectualmente rotos
se enamoraron de las palabras del castigo.
Cuando una se quedaba corta, buscaban una peor.
Casi eran felices, qué contentos estaban:
abuso por tortura, homicidio por asesinato,
inflaciones al servicio —según creían— de la justicia.

Si aumentamos la pena por aquí, si acotamos la vida por allá,
si afilamos las frases de la ley, si nada escapa a la ley
se acabarán la ofensa, el delito, el mal, la incertidumbre.

Cuando una se quedaba corta, buscaban una peor.
Ya casi veían su tierra prometida
de actitudes rectas y expresiones adecuadas,
donde nadie volvería a sentirse inseguro.
Si hubieran querido las palabras de verdad,
pero se enamoraron del código jurídico.

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