Las “ratas independentistas” y el rey emérito

Por Francesc Viadel*. Nosaltres La Veu.
Traducido por Leticia Palacios. LQSomos.

El mundo de las fallas está lleno de trampas. Desde 1939 nos hacen pasar por muestras de fervor y cultura popular lo que solo son imposiciones del régimen franquista en su operación de institucionalización y apropiación de una fiesta con orígenes republicanos

Este año la falla Convent de Jerusalem-Matemàtic Marzal de Valencia ha dedicado una escena de su monumento a los independentistas catalanes. La preside un Carles Puigdemont vestido de flautista de Hamelin con los colores de la estelada. A su lado, tres ratas con pasamontañas -personajes alusivos a los CDR- armados con diversos objetos amenazan al espectador. Un poco más allá, Oriol Junqueras, convertido también en una rata, sostiene en una mano un trozo de queso y con la otra amenaza con un cuchillo un mapa de España. Junto a esta figura, un cartelito nos informa de que “las ratas más pestilentes en temas de corrupción son las que ahora contemplamos cómo salen de prisión”.

Detrás del dirigente de Esquerra en un abanico aparecen dibujados todos los presos políticos disfrazados de superhéroes -con la significativa excepción de Dolors Bassa y Carme Forcadell- celebrando sus indultos.

Finalmente, y por si alguien tenía la tentación de acusar a la siniestra comisión de parcial, otra escena representa a las “ratas” de Bárcenas, Rato y Pujol. Todos en el mismo saco. No busquéis a Juan Carlos I, Zaplana, el comisario Villarejo, Rus, Barberà, Esperanza Aguirre, Ignacio González, Jorge Fernández Díaz… sería un ejercicio inútil de una ingenuidad palmaria.

El monumento, que es de Pere Baena y lleva por título “Desenmascarados”, tiene un presupuesto de 200.000 euros y se ha llevado todos los premios. La prensa local, tan condescendiente siempre con los excesos y poco amiga de meterse en líos hasta que el lío es del tamaño de un elefante, no ha tenido ningún problema en difundir la imagen de “las ratas” en un saludable gesto de pluralidad.

Con todo esto, pluralidades aparte, ni que decir tiene que presentar al otro -al enemigo, el adversario, el forastero- como el animal más repugnante, como una rata pongamos por caso, es una manera de deshumanizarlo. Ratas eran los judíos para los alemanes y cucarachas, los tutsis para los hutus que los exterminaron. Poca broma, poco ingenio y poca gracia. El derecho a la libertad de expresión nunca puede legitimar manifestaciones de esta índole, que por otra parte, en una democracia, tendrían que ser censuradas públicamente por los representantes políticos y los líderes civiles. Comoquiera que sea, el silencio ha sido clamoroso por parte de las autoridades institucionales de la ciudad.

Hay que reconocer que no es nada extraño que de todas las comisiones esta sea la que tiene una expresión humorística más siniestra, genuinamente ultraderechista, aunque no es la única. La de Convent Jerusalem es la falla de la alta burguesía local de los Roig, los Lladró y compañía. Una falla, sin embargo, incrustada en un barrio popular junto a la Estació del Nord, en el que se ha establecido buena parte de la comunidad china de la ciudad.

Hace unos años, su presidente, Norberto Piñango, intentó nombrar manu militari Fallero de Honor al general golpista Milans del Bosch. Un “espadón” profesional que, como tendrían que saber incluso los jóvenes dirigentes de los partidos de izquierdas, habría hecho lo que hiciera falta por España. Por ejemplo, llenar el Lluís Casanova de enemigos de su patria.

Piñango acabó siendo destituido en una asamblea solo por dos votos y Milans del Bosch, por tanto, quedó tan solo a un paso de ser homenajeado.

No es la única comisión de la capital del país con veleidades fascistoides. En 2017, la del Mercat se empeñó en hacer Fallero de Honor a la Fundación Francisco Franco. En aquella ocasión, la socialista Mercedes Caballero enseñó los dientes arrastrando en su impugnación al regidor Pere Fuset de Compromís. Al final, la cofradía franquista se quedó sin “la cosa” y la copresidenta de la comisión, Carmen de la Rosa, familia del juez de la Rosa y presidenta también del Ateneu Mercantil, dimitió entre halagos a la democracia y contra la dictadura del de Ferrol. Menos mal.

El mundo de las fallas está lleno de trampas. Desde 1939 nos hacen pasar por muestras de fervor y cultura popular lo que solo son imposiciones del régimen franquista en su operación de institucionalización y apropiación de una fiesta con orígenes republicanos. Quieren que veamos sátira en lo que apenas es -salvo excepciones- la caricatura amable del mundo según la concepción de la ideología dominante.

Las fallas fueron el ariete del anticatalanismo desde que en 1963 quemaron la efigie de Joan Fuster precisamente por haber retratado en su guía El País Valenciano, de manera poco misericordiosa, algunos de los rasgos menos exportables de los valencianos. Y han sido algo más que el instrumento de la clase dominante y los sectores más reaccionarios. El sociólogo Gil Manuel Hernández ha escrito bastante sobre la cuestión y estaría bien que algunos políticos lo leyeran, pero con voluntad de enmienda, no solo de entretenimiento.

Ya sé que no se puede generalizar, pero los hechos son los hechos y los silencios son los silencios.

Veámoslo desde otra óptica. ¿Qué pasaría si la falla del Ayuntamiento del año que viene levantara un gigantesco monumento fallero rematado por una figura del rey emérito, personificado como una rata vestida de banquero suizo, en una mano una hucha a reventar de billetes, en la otra un cuchillo jamonero apuntando amenazadoramente a una alegoría de la sanidad y la educación pública española? Hablar por hablar. Que nadie se preocupe. Aquí el único que hace fallas y de las buenas, rey incluido, es el amigo Xavi Castillo. Poco nos pasa.

* Nota original: Les «rates independentistes» i el rei emèrit
Traducido para LoQueSomos por Leticia Palacios

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