Las sanciones a Rusia: nadie sabe para quién trabaja

Por Jameson Mencías*. LQSomos.

La historia ha enseñado que los conflictos bélicos mundiales y sus consecuencias económicas, consolidan a las nuevas hegemonías; a Inglaterra y su guerra frente a los franceses y a los Estados Unidos luego de las guerras mundiales…

Las sanciones a Rusia derivadas de la guerra con Ucrania afectarán a la economía europea y occidental y podrían fortalecer las relaciones sino-rusas. En las consecuencias de las estrategias non armis de la guerra, estaría en juego la fortaleza hegemónica occidental y la consolidación global del bloque euroasiático encabezado por China y Rusia.

La mañana del 24 de febrero de 2022 Vladimir Putin anunció una operación militar que avanzaría hasta el oeste de Ucrania. Las tropas empezaron a operar bajo la orden de desnazificar el país. La orden de movilización del amenazante ejército ruso que, por más de 2 meses, ocupó con más de 100 mil soldados su lado de la frontera, detonó la guerra. El mismo día, en los mercados del petróleo, gas y otros commodities, los precios se dispararon. La incesante incertidumbre del conflicto los traía ya presionados hacia arriba por una puja constante alimentada por las tensiones. El petróleo bordeó los 100 USD por primera vez en los últimos 7 años.

El conflicto alcanzó un nuevo escalón y occidente empezó a actuar. Las preocupaciones de EEUU de una posible invasión dejaron de serlas. El enfrentamiento geopolítico con su histórico adversario empezó con la implantación acelerada de lo que Joe Biden dijo serían un paquete de sanciones económicas jamás antes vistas […por Putin…]. Europa acompaña al grande del Norte en su acometida, pero la dependencia de los recursos naturales rusos y la estrecha relación económica con algunos de sus miembros ralentizan las sanciones. Occidente se enfrenta a una economía rusa fuerte, mejor preparada para las sanciones y con China como su aliado. Apenas el 11% de las reservas internacionales se encuentran en bancos estadounidenses y británicos.

El ámbito más notable de la estrecha relación entre Europa y Rusia es su dependencia energética. El conflicto ha exacerbado las preocupaciones de Europa de un grave desabastecimiento de gas que suma a los precios récord de energía eléctrica que experimenta la región. Durante la escalada del conflicto y antes de la operación militar, la capacidad de almacenamiento europeo de gas estaba subutilizada en 62%. Rusia provee más del 40% de todo el gas importado por la Unión Europea.

Varios de los principales gasoductos atraviesan completamente el territorio ucraniano. El gasoducto denominado Nordstream 2, una ampliación del Nordstream 1 que atraviesa el mar Báltico y desemboca en Lubmin al norte de Alemania, está en medio del conflicto. El gasoducto se encuentra en la fase de aprobación a manos de las autoridades alemanas para entrar en funcionamiento. A pesar de que Europa ha empezado a cambiar las fuentes de generación de energía, el gas sigue siendo de las más importantes.

El megaproyecto ampliaría la oferta rusa para cubrir la demanda creciente de gas para calefacción, especialmente durante el invierno, estación que históricamente los rusos han sabido aprovechar exitosamente en periodos de guerra. 22 de febrero las autoridades alemanas suspendieron la aprobación del Nordstream2. Joe Biden ya lo habría advertido previamente. Gazprom PJSC firmó un contrato para diseñar el gasoducto Soyuz Vostok a través de Mongolia hacia China el 2 de marzo de 2022. Cuando el Soyuz Vostok esté totalmente terminado, transportará hasta 50.000 millones de metros cúbicos de gas natural al año a la nación asiática, según Bloomberg.

Esta noticia fue hecha pública por primera vez el 12 de enero, 2022, por la Deutsche Welle, que advertía que China se está pasando al gas natural como parte de su impulso para lograr la neutralidad de las emisiones de carbono en 2060. Es el mercado de gas que más crece en el mundo y pasará de importar 331 bcm en 2021 a 526 bcm en 2030 y 620 bcm en 2040, superando al petróleo.

El paquete de sanciones financieras son otro de los acuerdos de Occidente para el enfrentamiento. Las sanciones sobre políticos y ciudadanos rusos de alto perfil vienen empaquetadas con la exclusión de los grandes bancos rusos del sistema de pagos internacional SWIFT. La propuesta de sacar a Rusia del SWIFT realizada por el presidente de República Checa, Milos Zeman, ya había sido analizada previamente por EEUU y la Unión Europa que la descartó un mes antes de la incursión en el territorio ucraniano, seguramente por las consecuencias del mismo.

Al igual que con el tema energético, las preocupaciones de excluir a Rusia del SWIFT son muy pertinentes. Su exclusión podría fortalecer los sistemas de pagos como el chino (CIPS), y consolidar las relaciones con Asia, particularmente con China. Además, acreedores europeos verían imposibilitadas el pago de deudas adquiridas por entidades rusas. El paquete de sanciones económicas nunca antes visto, no pasará económicamente desapercibido para Europa. Alemania, Países Bajos, Polonia, Italia, y Francia, principales socios comerciales y con quienes su comercio en 2021 sobrepasó los €152 mil millones (1), experimentarán también el efecto de las sanciones.

El conflicto entre Rusia y Occidente es de una dimensión que no puede compararse con ningún otro actual. Enfrentar geopolíticamente a Venezuela, Irán, Corea del Norte, Cuba o Nicaragua, no es enfrentar a Rusia. Desde hace años, Rusia viene fortaleciendo su geoeconomía y desarrollando su ejército. Sus reservas internacionales han aumentado en un 70% desde 2015 y han ido diversificándose, dejando de lado la predominancia del dólar. Occidente congeló cerca del 50% de sus reservas internacionales. Frente a esto, resultaría previsible que Rusia transite hacia las otras monedas en sus reservas, como el renminbi chino que representa el 13% de estas. Rusia ha encarado sin ningún temor aparente las posibles sanciones que Occidente venía advirtiendo. El conflicto puede fortalecer el bloque económico Rusia-China. La puesta en escena del multilateralismo bipolar emergente no es ni económica ni geopolíticamente conveniente para la hegemonía de EEUU.

La historia ha enseñado que los conflictos bélicos mundiales y sus consecuencias económicas, consolidan a las nuevas hegemonías; a Inglaterra y su guerra frente a los franceses y a los Estados Unidos luego de las guerras mundiales. En 2022, aunque sea evidente que no es Rusia la siguiente potencia económica, China sí lo es. La actual guerra puede terminar por consolidar un bloque euroasiático encabezado por el dragón de oriente.

Notas:
*.- OBELA
1.- Corresponde al valor total de importaciones desde Rusia y exportaciones hacia Rusia de los 5 mayores socios comerciales de Rusia en 2021. Tomado de Russia-EU – international trade in goods statistics, actualizado a febrero 2022.

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