Led Zeppelin… hace 40 años

 

Mariano Muniesa*. LQS. Diciembre 2020

En diciembre de 1980 anunciaron su separación tras la muerte del batería John Bonham

Lo recuerdo como si fuera hoy: septiembre de 1982, segunda cadena de TVE – aún no se llamaba La 2, incluso todavía se la llamaba “el UHF”- programa “Musical Express”. El legendario periodista Ángel Casas, que presentaba este espacio mítico de la televisión musical española desde Barcelona, entrevistaba en su casa de Londres a Robert Plant, que acababa de editar aquel verano su primer álbum en solitario, «Pictures At Eleven». En el transcurso de la conversación, obviamente Ángel Casas le preguntó sobre si Led Zeppelin, que habían anunciado su separación hace ahora 40 años, en diciembre de 1980, podrían volver algún día a reunirse.

Plant fue tajante: “No. Se acabó, el grupo no volverá a reunirse nunca. Led Zeppelin era el producto de la suma de cuatro músicos, cuatro personalidades que juntos éramos capaces de hacer música sensacional. Si uno de los cuatro no está, sea el que fuere, esa magia, esa energía, esa fuerza, no puede volver a recrearse. Además, mucha de la gente que clama porque Led Zeppelin volvamos en el fondo lo que realmente quiere es que vuelvan “sus” Led Zeppelin, es decir, si volviéramos lo que querrían sería volver a ver a los Led Zeppelin de 1970 o 1972, y eso ya no es posible”.

Durante muchos años creí, habida cuenta además de todo lo que he visto desde que trabajo en el periodismo musical sobre enemistades irreconciliables, juramentos de “no en esta vida”, infiernos que se congelan y cielos que arden, y como toda esa literatura se ha venido abajo cuando una compañía discográfica o un potente promotor de conciertos ha puesto encima de la mesa un fajo de billetes lo suficientemente grueso o un cheque con la cantidad suficiente de ceros, que Led Zeppelin volverían algún día.

No fue así. Salvo contadísimas excepciones y siempre para actuaciones muy señaladas y puntuales, como la del Live Aid en 1985, el 40 Aniversario de la creación de Atlantic Records en 1988 o el concierto-homenaje a Ahmet Ertegun en 2007, Led Zeppelin nunca volvieron a trabajar en hacer nuevos discos ni en giras de seis semanas por Norteamérica y Europa. Robert Plant dijo la verdad, Led Zeppelin cerró para siempre su historia el día 4 de diciembre de 1980, el día en el que se hizo público el comunicado de prensa en el cual anunciaron el fin de todas sus actividades y la disolución del grupo. Ni siquiera la multimillonaria oferta de muchos, muchísimos millones de dólares que Atlantic Records hizo a los tres miembros supervivientes de Led Zeppelin, Robert Plant, Jimmy Page y John Paul Jones por volver a reunirse, dado el impacto de ventas que supuso la edición del recopilatorio «Remasters» en el otoño de 1990, a diez años de la separación. Se cuenta que hubo una reunión en las oficinas del sello en diciembre de 1990 en Nueva York y que por el montante económico de la oferta que se les hizo, fue la única vez que hubo dudas y que se consideró la posibilidad de reunirse, pero… no fue posible.

Se han cumplido 40 años del anuncio de la separación de Led Zeppelin. La banda que partiendo del blues progresivo al que habían dado forma en cierta manera los Yardbirds, grupo del que venía Jimmy Page, Cream, Ten Years After, Traffic, Spooky Tooth o hasta la misma The Jimi Hendrix Experience, sentó las bases del heavy metal, llevó a una nueva dimensión el concepto de concierto de rock, convirtiéndolo en una experiencia que iba mucho más allá de la música y creando en torno a su figura un mítico halo de leyenda, de grandiosidad, de misterio y magia que muy pocas bandas en la historia del rock fueron capaces de crear.

La razón de la separación de Led Zeppelin, por todos es conocida, fue la muerte el 25 de septiembre de 1980 de su batería John Bonham al asfixiarse en su propio vómito

 

fruto de una fortísima intoxicación etílica, exactamente igual que le sucedió a Bon Scott, cantante de AC/DC, siete meses antes. El grupo había vuelto, tras el prolongado parón que se produjo en 1977 por la profunda depresión en la que cayó Robert Plant tras la muerte accidental de uno de sus hijos, que obligó al grupo a suspender todas sus actividades hasta el otoño de 1978, cuando el vocalista se encontró en condiciones de volver a la actividad con Led Zeppelin y se trasladaron a Suecia para grabar el que sería su último disco de estudio, «In Through The Out Door», un álbum por cierto, arriesgado, interesante y sorprendente para lo que cabría esperar de Led Zeppelin a aquellas alturas, pese a que muchos fans renegaron de él y la crítica lo masacró.

Sin embargo, en directo, la aplastante y devastadora máquina de rock duro, fuerte y avasallador que Led Zeppelin siempre habían sido, volvió a serlo en su triunfal regreso a los escenarios en agosto de 1979 en el Festival de Knebworth, donde hasta los críticos más escépticos y hostiles con el grupo no pudieron hacer otra cosa que rendirse a la realidad que se plasmó encima del escenario: la colosal e inmensa energía de aquella fortaleza decibélica indestructible, seguía viva y capaz de ofrecer espectáculos en vivo más allá de todo lo imaginable.

En el verano de 1980, el grupo hizo por primera vez desde 1973 una gira por Europa que finalizó en Berlín el 7 de julio. Tras la gira, la banda se tomo el resto del verano de vacaciones, y en septiembre volvieron a reunirse para empezar los ensayos de lo que iba a ser su triunfal regreso a Estados Unidos, a una gran gira que les iba a llevar desde octubre a diciembre a recorrer América, con idea de empezar a pensar en un nuevo disco en 1981, pero… todo se truncó en la madrugada del 25 de septiembre de 1980, cuando en una fiesta que se organizó en la casa de campo de Windsor de Jimmy Page, parte de la cual se habilitó como local de ensayo para preparar esa gira americana, después de cinco días de intensos ensayos, el grupo decidió organizar una fiesta con su personal de gira y amigos para celebrar lo bien que estaban yendo las cosas cara a ese “come back” a Estados Unidos en la misma casa de Windsor. John Bonham, que ya había bebido una considerable cantidad de alcohol antes de llegar a la fiesta, siguió bebiendo vodka hasta quedar inconsciente, con lo cual le subieron a uno de los dormitorios de la mansión para que durmiera la monumental borrachera que llevaba encima. Nueve horas después, se certificó su muerte, y con ella, la muerte de Led Zeppelin.

Han pasado 40 años desde entonces. Y creo que en esta efeméride, aunque nos duela a quienes fuimos y seguimos siendo sus fans, hay que agradecer el respeto que mostraron por su propia historia, por su legado, por su papel en la evolución del rock sin caer en la tentación de un regreso en plan “todo por la pasta” que quizá hubiera destruido su leyenda.

It’s been a long time since I’ve rock’n’rolled…

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* Nota original del diario “La Región”

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