Libertadores, ayacuchos y catalanes

Arturo del Villar*. LQS. Diciembre 2018

A los generales les interesaba combatir en América, porque lograban ascensos fáciles por méritos de guerra, y además se hacían con un dinero extra al mantener a las tropas sin sueldo, comida, vestido y munición

Lo declaró Marco Tulio Cicerón en su tratado sobre la oratoria: Historia magistra vitae. Pero de nada vale que la maestra sea excelente si los alumnos son imbéciles, y eso es lo que suele suceder en el reino de España. Por una ironía histórica, la Copa Libertadores, creada en 1960 para premiar al mejor equipo de fútbol hispanoamericano, se dirime el 9 de diciembre de 2018 en Madrid, debido a que los dos equipos argentinos en liza se declararon la guerra.

Lo irónico es que el 9 de diciembre de 1824, hace exactamente 194 años, se consumó la independencia de Hispanoamérica, al derrotar en la batalla de Ayacucho el Ejército Libertador del Perú, comandado por el general Antonio José de Sucre, al ejército colonial borbónico al mando del virrey José de la Serna. Firmó el acta de rendición el teniente general José Canterac, al estar herido y preso el virrey, ante el general Sucre. El pintor Daniel Hernández representó en un óleo esa escena magnífica, que ponía fin a la colonización española en el continente, ya que sólo quedaban unas islas sometidas al dominio español todavía.

Pese a toda la sucesión de derrotas sufridas por las tropas coloniales, el fatídico rey Fernando VII de Borbón se negó a reconocer la realidad de los hechos. El año anterior los cien mil hijos de padres franceses desconocidos, llamados por eso de san Luis, le habían devuelto el poder absoluto del que le privó el pronunciamiento del heroico general Riego en 1820, lo que unido a su estupidez innata le hacía sentirse todopoderoso. Hasta 1836, ya muerto el tirano, no admitió el reino de España la independencia del Perú.
En homenaje a los patriotas que lucharon por la independencia de las colonias americanas, se dio el nombre de Copa Libertadores a ese campeonato de fútbol que paradójicamente en 2018 se dirime en la capital de la antigua metrópoli, último reducto de la dinastía borbónica.

A las tropas españolas no les importaban nada las guerras coloniales en América, por lo que combatían desganadamente. Se las reclutaba a la fuerza, no les pagaban, estaban mal alimentadas, peor vestidas y en muchos casos carentes de municiones. A los generales les interesaba combatir en América, porque lograban ascensos fáciles por méritos de guerra, y además se hacían con un dinero extra al mantener a las tropas sin sueldo, comida, vestido y munición.

La guasa de los españoles dio en llamar ayacuchos a los generales derrotados en esa batalla. El general Baldomero Espartero, que no tomó parte en ella, se rodeó de una camarilla de generales que en su mayor sí contribuyeron a la derrota, y por ello eran conocidos por los ayacuchos. El 12 de octubre de 1840 Espartero empujó al exilio a María Cristina de Borbón, viuda de Fernando VII, regenta del reino durante la minoría de edad de su hija Isabel, ladrona y viciosa, y desempeñó él la regencia.
Un episodio nacional de Benito Pérez Galdós, correspondiente a la tercera serie, se titula Los ayacuchos (1900). Empieza con la llegada a palacio de Agustín Argüelles para hacerse cargo de la tutoría de Isabel y su hermana Luisa Fernanda, y termina con el bombardeo de Barcelona ordenado y dirigido por Espartero, mal llamado El General del Pueblo.
El domingo 13 de noviembre de 1842 los barceloneses protestaron conta la detención por los militares de un grupo de oberos y de redactores del periódico El Republicano. Se acusó a los soldados de saquear los comercios y asaltar a los ciudadanos para robarles por las calles. Quedó constituida una Junta de ciudadanos para coordinar la insurrección, que ante el cariz de los acontecimientos proclamó la independencia de Catalunya.
Espartero llego a la ciudad el 22 de noviembre, para dirigir personalmente las acciones bélicas contra los insurrectos. El 3 de diciembre Barcelona fue implacablemente bombardeada desde el castillo de Montjuic, hasta quedar prácticamente arrasada. La represión ordenada por el regente fue brutal, implantó el terror, se fusilaba sin ningún proceso digno de tal nombre, e impuso una tasa a los barceloneses, en concepto de compensación por los gastos originados al ejército a consecuencia del bombardeo, que hundió la economía de la antes próspera ciudad.

Por una de esas extrañas coincidencias históricas, el 8 de diciembre de 2018 se ha constituido en Bruselas el Consell per la República Catalana. En Bruselas porque allí reside el presidente de la República en el exilio, ya que en España está condenado sin juicio. Algunos consellers están haciendo huelga de hambre en las mazmorras en las que se hallan encerrados, y otros gozan la libertad del exilio.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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