Lorca con la República

Arturo del Villar*. LQS.Mayo 2019

Poeta en Nueva York constituye una reiterada denuncia de la opresión a los negros, de la deificación del dólar, de la deshumanización de la vida entre rascacielos de grandes empresas

La Comunidad de Madrid ha declarado a 2019 Año Lorca, para conmemorar el centenario de su legada a la capital. En once municipios se está recordando al poeta en alguna de sus muchas facetas artísticas, con recitales de poemas, representaciones teatrales, conferencias, exposiciones de pintura, proyección de películas, y espectáculos flamencos. Lo que no se comenta es la vinculación de Federico García Lorca con la República, aunque él manifestó sus sentimientos republicanos en cuantas oportunidades tuvo ocasión de hacerlo, y eso precisamente motivó que los militares sublevados decidieran su asesinato.

Llegó a Madrid en junio de 1919 desde su Granada natal, con una carta de presentación para Juan Ramón Jiménez, entonces el poeta más admirado y seguido por cuantos escribían versos. Era un ferviente partidario de la República, que escribió un himno a la bandera tricolor y se marchó a los Estados Unidos en agosto de 1936 con un pasaporte diplomático entregado por el presidente Azaña: le encargó que contase la realidad española en aquel país que nunca había demostrado simpatía por la República.
Firmaba la carta Fernando de los Ríos, gran amigo de la familia García Lorca, quien iba a ser ministro y embajador de la República, por lo que murió en el exilio americano, lo mismo que Juan Ramón. Sabemos la buena impresión que le causó al maestro consagrado el joven aprendiz, porque el 21 de junio se lo contó por carta a su presentador: “Me parece que tiene un gran temperamento y la virtud esencial, a mi juicio, en arte: entusiasmo”. La publicó Francisco Garfias en la Selección de cartas, Barcelona, Picazo, 1973, página 105.
En Madrid se integró Lorca en el que sería conocido como el grupo poético del 27, por haber conmemorado solemnemente en 1927 el tercer centenario de la muerte de Góngora. El grupo estaba formado mayoritariamente por republicanos. Esa aventura de política poética, como decía Juan Ramón, la he contado en mi libro Los poetas del 27 y la República (Madrid, Colectivo Republicano Tercer Milenio, 2006), al que remito.

Homenaje a Mariana Pineda

Aunque en sus primeros poemas no demostró Lorca ninguna inclinación política, sí lo hizo con su primera obra dramática importante, Mariana Pineda, Romance popular en tres estampas. Escrita en 1923, cuenta la muerte en el cadalso de Mariana Pineda, acusada de encubrir a los liberales que conspiraban contra el absolutismo de Fernando VII de Borbón, y de haber bordado una bandera para ellos. La escritura lorquiana surgió en un mal momento, puesto que ese mismo año el general Primo dio un golpe de Estado empujado por Alfonso XIII de Borbón, quien deseaba impedir que el Congreso examinara su responsabilidad en el desastre de la guerra en Marruecos. Quedaron suspendidas la Constitución, las Cortes, las libertades y la alegría de los forzosos vasallos del tirano sucesor de Fernando VII.
Durante los cuatro años siguientes se esforzó inútilmente en buscar una compañía teatral que osara representarla: nadie se arriesgaba. La dictadura del general Primo cerraba teatros y universidades, imponía la censura de publicaciones y espectáculos, desterraba a los intelectuales, y encarcelaba a los disidentes a los que no mataba.
Ofreció una lectura privada de la tragedia en el Ateneo de Barcelona en abril de 1925. No se anunció para evitar su prohibición, pero asistieron notorios republicanos catalanes, convocados reservadamente. El acto se convirtió en una exaltación de la República, y el autor fue aplaudido como el primer poeta republicano.
Hizo tres versiones distintas de la obra, y por fin la actriz republicana Margarita Xirgu se atrevió a estrenarla en el Teatro Goya de Barcelona, el 24 de junio de 1927. El público aplaudió largamente los mutis, y se desbordó de entusiasmo cuando la protagonista gritó ya al final: «¡Yo soy la libertad, herida por los hombres!» Los espectadores sentían en su ánimo el horror de la tiranía de Fernando VII, y trasladaban la representación en el escenario a su realidad cotidiana.
El estreno en Madrid tuvo lugar el 12 de octubre, en el Teatro Fontalba. Uno de los espectadores aquella tarde, Arturo Barea, evocó años después en su exilio de español libre sin patria, cómo los espectadores daban vivas a la República durante la representación, a pesar de la segura presencia de policías en el teatro, porque el desprecio al rey despótico vencía al temor a sus esbirros:

Escenas de esta clase, más o menos ingenuas, pero siempre espontáneas, ocurrían casi a diario en el Teatro Fontalba durante las representaciones de Mariana Pineda. A través de un drama con un argumento antipolítico, Lorca removía la sentimentalidad y el sentir populares y los ponía en macha en una dirección muy distinta. [Lorca, el poeta y su pueblo, Buenos Aires, Losada, 1956, página 31.]

Aunque durante la dictadura fascista se pretendió difundir la creencia de que Lorca era apolítico, y su asesinato se debió a una cuestión de celos, al leer esta tragedia primeriza se palpa su admiración por la heroína que combatió a su manera contra el absolutismo de Fernando VII de Borbón: bordando, como lo hicieron las revolucionarias parisienses en 1789.

Político sin partido

Es cierto que Lorca no se afilió a ningún partido político, pero es muy significativo su apoyo a la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, porque declara su interés por el comunismo. En alguna ocasión parece haber dicho que él pertenecía al partido de los pobres, con lo cual se alineaba con los parias de la Tierra invocados en La Internacional. Su amistad con los gitanos demuestra que le interesaban las maneras de vivir de los esclavos de la sociedad burguesa carentes de pan.
Su Primer romancero gitano (1928) contiene un “Romance de la Guardia Civil española” en el que representa al cuerpo represor del campesinado en toda su realidad, cuando describe a sus números diciendo que “Tienen, por eso no lloran, / de plomo las calaveras”, y por eso también resultan insensibles al sufrimiento del pueblo, al que ellos mismos pertenecen por su nacimiento, pero del que han renegado para ponerse al servicio de los terratenientes por un salario humillante.
Resultó decisivo para consolidar su ideología la estancia en los Estados Unidos de Norteamérica en 1929 y 1930. Fue una experiencia muy desagradable y en algunos casos atroz, que le hizo despreciar la decadente sociedad capitalista por excelencia. Prueba de ello es su libro Poeta en Nueva York, publicado en México en 1940 tras su asesinato. Constituye una reiterada denuncia de la opresión a los negros, de la deificación del dólar, de la deshumanización de la vida entre rascacielos de grandes empresas dedicadas a oprimir a los ciudadanos para incrementar sus beneficios. Bien claro lo dijo en el poema «New York. Oficina y denuncia», a pesar de su tono caótico, tomado como expresión de un acercamiento hispano al superrealismo francés:

[…] Yo denuncio a toda la gente
que ignora la otra mitad,
la mitad irredimible
que levanta sus montes de cemento
donde laten los corazones
de los animalitos que se olvidan
y donde caeremos todos
en la última fiesta de los taladros.
Os escupo en la cara. […]

En otros poemas se repiten las acusaciones contra la degenerada sociedad estadounidense, como en «Oda al rey de Harlem», «Iglesia abandonada (Balada de la Gran Guerra)», «Grito hacia Roma (Desde la torre del Chrysler Building)», y varios más. De modo que si no perteneció a ningún partido político, sí estuvo con los que padecen la opresión capitalista. Fue bastante motivo para que los militares sublevados ordenaran su fusilamiento al mes de su rebelión.

Todo por el pueblo

Triunfante la República por decisión del pueblo, expuso Lorca un proyecto de teatro popular a su paisano y amigo Fernando de los Ríos, ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. Una vez aprobado por el Gobierno, interesado siempre en incrementar la cultura del pueblo, el 10 de julio de 1932 salieron de Madrid los camiones que transportaban a los integrantes de La Barraca, nombre que se dio al grupo teatral, para representar el teatro clásico español por ciudades y pueblos.
Pensemos en el abandono secular de la cultura durante toda la larga etapa monárquica. El contubernio entre el altar y el trono impedía el acceso a la cultura a las clases populares, para así mantenerlas domadas bajo su disciplina. En algunos lugares se produjeron incidentes, por la actitud provocativa de grupos antirrepublicanos, deseosos precisamente de mantener al pueblo inculto, y mejor aún analfabeto. Ofrecer teatro clásico en los pueblos constituía un espectáculo insólito, porque en muchos de ellos no existían salas para proyecciones cinematográficas, y el teatro era un lujo ciudadano solamente.
El compromiso de Lorca con los partidos y movimientos de izquierdas se comprueba al examinar los manifiestos políticos que firmó en ese período. Los ha recopilado Ian Gibson, para acallar a quienes pretendían sostener que el poeta carecía de inquietudes políticas, y que por lo mismo su asesinato no tuvo esa motivación. Se encuentran en la biografía en dos volúmenes, titulada simplemente con el nombre del poeta, publicada en Barcelona por Grijalbo en 1985.
Destacan entre los manifiestos el de adhesión a la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, en abril de 1933; contra las detenciones de escritores en la Alemania nazi, 1 de mayo de 1933; contra el proceso a Manuel Azaña, acusado de conspirador por el Gobierno de Lerroux, 14 de noviembre de 1934; contra la ultraderechista Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), 30 de octubre de 1935; en apoyo del pueblo de Etiopía contra la agresión italiana fascista, 6 de noviembre de 1935; adhesión al homenaje a Antonio Espina, acusado por el embajador de la Alemania nazi, 17 de noviembre de 1935; adhesión al manifiesto de la Unión Internacional por la Paz, 4 de febrero de 1936; por la libertad del revolucionario brasileño Luis Carlos Prestes y contra la represión imperialista en Puerto Rico, marzo de 1936; adhesión al Grupo de Amigos de América Latina en apoyo de los luchadores antiimperialistas, abril de 1936; se integra en el Comité de Amigos de Portugal contra la dictadura fascista, mayo de 1936; firma la convocatoria del homenaje a Lenormand, Malraux y Cassou, enviados del Frente Popular francés, mayo de 1936, y la protesta por la muerte en presidio de patriotas portugueses, 1 de julio de 1936.
Ya no pudo firmar más. El 17 de ese mes se sublevaron en las colonias de Marruecos los militares monárquicos contra la República, y al día siguiente la rebelión se propagó por España. Coincidió con la estancia de Lorca en su Granada natal, en donde triunfó la rebelión, y se originó una caza a muerte de los republicanos. El más importante de todos en Granada era Lorca. Por ese motivo fue asesinado el 19 de agosto.
El grupo poético del 27 contenía también a representantes de las dos españas, si bien la mayoría sostenía ideas republicanos. La muerte violenta de Lorca significó su desaparición.
Los republicanos debemos sumarnos al homenaje que le dedica todo este año la Comunidad de Madrid, resaltando su ideología puesta al servicio de la Republica, un tema que no interesa a los organizadores.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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Un comentario sobre “Lorca con la República

  • el 18 mayo, 2019 a las 20:49
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    Se afirma aquí que el poeta marchó a N. York en agosto de 1936. Mis noticias es que abandonó Madrid el 16 de julio de 1936 -ante la proximidad de la guerra-, refugiándose en Granada, en la que sería fusilado ¿el 19 de agosto? Lo que imposibilita que estuviera en EE.UU. en esas mismas fechas.

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