Los nuevos constitucionalistas

Juan Gabalaui*. LQS. Marzo 2019

Todos hemos crecido con un botón en la cabeza que al apretarlo pedimos automáticamente la aplicación del artículo 155, la prisión contra el disidente y la humillación política y social de los que no piensan como nosotros, los nuevos constitucionalistas

Hoy en día ser constitucionalista ha dejado de significar la defensa de la constitución vigente del estado. En sentido estricto no ha habido ninguna fuerza política en el estado español que se la pueda considerar constitucionalista porque todas han incumplido, en algún momento, alguno de sus artículos. Aún así se la ha revestido de un carácter sagrado salvo cuando la Comisión Europea ha ordenado que debía reformarse inmediatamente, con la modificación, en el año 2011, del artículo 135 que estableció que el pago de la deuda pública debía pagarse antes que cualquier otro gasto del estado. Antes de esta fecha se reformó por primera vez, en el año 1992, para que un ciudadano europeo tuviera derecho a ser elector y elegible en las elecciones municipales del Estado miembro en el que resida. Fuera de estas dos reformas, la Constitución se ha mantenido incorrupta. Esta Constitución no ha servido para defender el derecho de todos los ciudadanos a una vivienda digna pero sí para que el Partido Popular y Ciudadanos dividan a la sociedad en constitucionalistas y en no constitucionalistas.

Ni Albert Rivera ni Pablo Casado, ni por supuesto su becario Santiago Abascal, han mostrado su rechazo a los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE’s), a la detención de personas en régimen de incomunicación o la detención preventiva, ni han defendido la investigación de las denuncias de tortura o malos tratos por parte de las fuerzas de seguridad. Tampoco se han manifestado en contra de las expulsiones en caliente ni por la discriminación en el acceso a viviendas, educación o sanidad. No les incomodan los crucifijos en las instituciones del estado y edificios públicos, la exención en el pago del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) o la segregación por sexo en los centros educativos de la Iglesia Católica. Desde el punto de vista de la derecha española, criticar y visibilizar estos incumplimientos de la Constitución no te sitúan en el lado de los constitucionalistas sino en el de los radicales de izquierda, comunistas y socialistas. Para que nos puedan contar entre los defensores de la constitución tenemos que defender la unidad de España.

En el año 2011, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de Naciones Unidas emitió un informe en el que se insta al Estado a tomar medidas efectivas para erradicar la práctica de controles de identificación basados en perfiles étnicos y raciales, pero esto no tiene la suficiente entidad como para que gran parte de la sociedad española se movilice y defienda el cumplimiento del Artículo 14 que dice que los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquiera otra condición o circunstancia personal o social. Muchos españoles, incluso, consideran que forma parte de las funciones de la policía identificar a un gitano por ser gitano, a un senegalés por ser negro o a una persona con rasgos magrebíes por ser moro. Los gitanos, negros y moros llevan asociados una serie de estereotipos que están asimilados y forman parte de las creencias de muchos españoles. Si les identifican por algo será. Sería ingenuo pensar que, por estas acciones discriminatorias, esa parte de la sociedad española colgaría banderas en sus balcones en señal de rechazo ante la violación de este artículo de la Constitución.

Se cuelgan banderas en los balcones para defender la nación española y su unidad inquebrantable. Todos hemos crecido con un botón en la cabeza que al apretarlo pedimos automáticamente la aplicación del artículo 155, la prisión contra el disidente y la humillación política y social de los que no piensan como nosotros, los nuevos constitucionalistas. Algunos han podido desactivar el botón pero la mayoría lo tiene activo. Casado, Rivera y Abascal lo saben. Además saben que no es necesario presentar elaborados argumentos. Solo tienen que gritar ¡Viva España!, acusar de alta traición, de ceder y de rendirse ante los secesionistas, reivindicar a la España de los balcones, hablar de enemigos de España, de orden, de peligro, de claudicar, de debilidad y de fuerza, de mentiras, de violencia, de filoterroristas y de kale borroka, de los separatistas y sus privilegios, del okupa de la Moncloa, de riesgo y de caos, de comunistas y socialistas. Esto va de emociones y las razones estorban. La triada derechista ha sabido ocupar todo el espectro de la derecha, cumpliendo cada uno de ellos el objetivo de movilizar al electorado conservador. No quieren que nadie se quede en sus casas. Nada de esto tiene que ver con la Constitución sino con controlar el poder, seguir aplicando las políticas neoliberales, que forman parte del ideario de Casado y Rivera, e imponer una visión rígida y restringida de los derechos fundamentales. Nada nuevo en el horizonte.

Más artículos del autor
* El Kaleidoskopio

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

Deja un comentario