Los pueblos pierden: la ONU observa y la OTAN maniobra, la militarización avanza

Por Acacio Puig. LQSomos.

El viernes 25 de febrero buena parte de la izquierda con presencia en las instituciones difundió un breve comunicado de cinco puntos. Unidas Podemos, Bildu, Esquerra Republicana, Compromis y algunas formaciones más, definían posición ante la Guerra en Ucrania y apelaban a vías pacíficas y diplomáticas en el marco de la ONU y los principios enunciados en su Carta Fundacional. Es la frágil entidad del arbitraje propuesto (la ONU realmente existente) lo que motiva las reflexiones que siguen.

La ONU: un pacifismo declarativo

 

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La ONU firmó la Carta de Propósitos y Principios el 26 de junio de 1945 como conclusión de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Organización Internacional, un documento vigente desde el 24 de octubre de ese año. Desde entonces a hoy su fracaso en el cumplimiento de sus objetivos (“preservar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra”) y de los propósitos enunciados en el Artículo 1 (“Mantener la paz y seguridad internacionales…tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz”, etc.) es de todo punto evidente. A lo largo de los brutales conflictos armados del siglo XX y durante el siglo en marcha, la ONU no ha sido otra cosa que un lamentable espectador sin capacidad de mediar ni actuar y cuando lo hizo (“cascos azules”) maniobró con fuerzas prestadas e incontroladas que frecuentemente suscitaron problemas añadidos a las crisis bélicas.

Si bien inicialmente acuerdos de la ONU sobre Prohibición de uso de armas nucleares (1961 el Tratado de no proliferación de armas nucleares (1968) Prohibición de armas biológicas y químicas (1972, 1975) o el Documento sobre desarme (1978) tuvieron interés como referentes éticos, su valor real no ha superado el ámbito de lo declarativo, porque la proliferación de armas nucleares continuó selectivamente en países poderosos, las armas químicas y biológicas reaparecen en masacres locales y la inmensa producción de arsenales de armamento -¿convencional?- es el gran motor de los poderosos complejos militar-industriales internacionales en oriente y occidente, a los que la actual ONU es incapaz de frenar.

Todos los conflictos bélicos acaecidos desde 1945, en evidente ausencia de la ONU, confirman al menos dos asuntos: El primero que apelar al arbitraje de la ONU para buscar una solución pacífica y diplomática a la guerra en Ucrania es un mero “brindis al sol”, que permite decir algo políticamente correcto. El segundo, que la organización de las relaciones internacionales requiere una Refundación de la ONU y que la misma debe formar parte de la acción política de la izquierda transformadora internacional. Y es prudente enfatizar el término acción política como reverso de los habituales estudios más o menos académicos, que emergen en los aniversarios de esa organización tan burocrática como dependiente e inoperante.

Refundar la ONU

Aunque pueda parecer una quimera no creo que deban escatimarse esfuerzos en avanzar -mediante el discurso y la acción social- hacia otra Organización de Naciones que tenga utilidad a los pueblos y no a las oligarquías dominantes, a sus negocios y sus concepciones geopolíticas. Los tiempos que se avecinan son siniestros en todos los ámbitos (guerras, hambrunas, migraciones, catástrofe climática, nuclearización, militarismos, censura, discriminaciones…) y es forzoso ampliar horizontes internacionales-internacionalistas a la acción social e institucional desde todos los espacios existentes en los que se actúa.

Los análisis de las carencias de la ONU y los proyectos de reforma son abundantes y disponibles…pero son solo estudios que no han incidido en proyectos políticos de refundación de la organización internacional. Se pide su mediación y arbitraje de paz “solo cuando truena” y eso sabemos que no ha servido hasta el presente.

Así, en el 50 aniversario conocimos “las propuestas para la reforma de Naciones Unidas” elaborado por el Centro de Investigación para la Paz y el Seminario de Investigación para la Paz y diez años más tarde, durante el 60 aniversario, las reflexiones de la investigadora Monique Chemilier, apuntaban ampliamente a mejorar su representatividad y democratización… Siguieron otras aportaciones que tampoco han generado iniciativas políticas eficaces. Quizá haya que trabajar con vistas a 2025 para lograr algo más sustancial que el mero “proponer”.

Sería un ejercicio de narcisismo estéril avanzar propuestas a título individual (tan estéril como el emplazamiento a cumplir la Carta de la ONU hecho por los partidos citados al principio) porque la tarea tiene mucha envergadura y requiere el concurso de actores colectivos políticos y sociales. Por tanto, no lo haré y me basta con señalar que una estructura jerárquica en la que el Consejo de Seguridad está lastrado por el derecho de veto, la Asamblea es un órgano para el cambio de impresiones, los medios de negociación propios y las fuerzas de pacificación no existen y la financiación es aleatoria y llena de agujeros que engordan burocracias muy escasamente controladas…no está a la altura de lo necesario en el siglo XXI.

La geopolítica es antigua como el mundo

No nació con la división del mundo en bloques ni con la Guerra Fría y por eso –porque está en el epicentro de todos los conflictos bélicos, siglo tras siglo- requiere inteligencia, medios y un mínimo de honestidad para evitar y resolver conflictos. No ha sido así en el período precedente al estallido en Ucrania. Al menos dos de los artículos publicados en Lqs, “Ucrania inventa la Guerra Fría sin ideología” y “La OTAN, Rusia y Ucrania: una glosa impertinente”, me parecen suficientemente explicativos sobre eso y la lenta escalada de tensión en esa zona del continente que permite entender lo que ocurre y escapar a un maniqueísmo instrumentado por intereses ajenos a las necesidades de los pueblos de Rusia y Ucrania.

Maniqueísmo al que se suma el fervor otanista de la UE que abusa de la propaganda en detrimento de la “información”…algo que hemos padecido al albur de la pandemia desde su inicio y que en este caso, supone una vuelta de tuerca más que cierra el espacio de debate plural y democrático sobre la guerra en todos los grandes medios de comunicación.

Especialmente preocupante me resulta el evacuar la OTAN –como están haciendo analistas de izquierda y partidos de izquierda- de la ecuación que sustenta el conflicto, porque el cerco militar de la OTAN a Rusia no ha cesado de ampliarse, como “bonus” de la ampliación de la UE, y el diabólico juego del gobierno de Ucrania tonteando con la incorporación del país al mismo así como el discurso de “puertas abiertas a quien lo pida” mantenido por el bloque occidental, añadió gasolina al fuego y constituye una grave irresponsabilidad.

Imaginemos que la Cuba del primer período revolucionario hubiera afirmado su voluntad de integrarse plenamente en el extinto Pacto de Varsovia… ¿por qué no se piensa en ese tipo de despropósitos imprudentes a la hora de sustituir “neutralidad” por “libertad de integración” en un bloque militar supuestamente defensivo?

En fin, la situación es muy mala, la negociación difícil, la presión social a favor de una solución pacífica y política también muy compleja. Para los de arriba nada ha cambiado y sigue más vigente que nunca aquella máxima del Imperio Romano: “Si quieres la paz, prepara la guerra” y ¿para los de abajo?… Pues no veo otra que: “Si quieres la Paz, resiste organizadamente y prepara la Revolución Social”.

#OTANNo Fuera las tropas rusas de Ucrania! #GuerraALaGuerra NO a la intervención imperialista de la OTAN! #NoALaGuerra

* Artista plástico. Militante de la izquierda revolucionaria, represaliado por el franquismo, activista memorialista de la asociación «En Medio de Abril». Miembro del Colectivo LoQueSomos

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