Machado y Barral, en la aurora encantada de Sepúlveda

Sepúlveda, 7 de Agosto, 2007, 07:30 h.-

Amanece, hace frío, suenan campanas y una tonalidad rosada intensa tiñe las primeras luces del alba, la aurora encantada,  en expresión de D. Antonio Machado, que hecha piedra, cincelara el ilustre escultor sepulvedano Emiliano Barral y hoy labra Juan Emilio Cristóbal, se cuela por los visillos, gaseosa. Tras la luz, que ya decanta a dorada, los aromas a pan cocido y las humaredas que preceden a la temperatura adecuada del asado, en los hornos árabes, se cruzan con los sabores de la pasta de dientes y el café matutino.

Pero el autor de Campos de Castilla, completaba su elogio con estas palabras:

Al escultor Emiliano Barral

… y tu cincel me esculpía
en una piedra rosada,
que lleva una aurora fría
eternamente encantada.
y la agria melancolía
de una soñada grandeza
que es lo español fantasía
con que adobar la pereza
fue surgiendo de esa roca,
que es mi espejo,
línea a línea y plano a plano,
y una boca de sed poca
y, so el arco de mi cejo,
dos ojos de un ver lejano,
que yo quisiera tener
como están en tu escultura
cavados en piedra dura,
en piedra, para no ver.

El poema esta fechado en Sepúlveda, Agosto de 1922 y su enigmático final ojos para no vernos interroga a cuantos lo leemos ¿que es lo que Antonio Machado no quería ver? De inmediato buscamos entre lo denso que pudo envolver la vida de ambos, ¡Machado y Barra!…

Por ser los dos creadores, intelectuales aquello que no se quería ver, porque dolía, debía ser algo relacionado con el desarrollo intelectual y la ausencia de derechos,   las penurias económicas, la casi esclavitud,  los derechos, esos sí,  de pernada de amos y nobles,  pervivientes hasta bien entrado el siglo XX,  de cuantos poblaban las tierras segovianas en los años veinte. Algo relacionado con los poderes fácticos eclesiásticos, militares o latifundistas que omitían año tras año la financiación de un sistema educativo potente, como el que en aquellos años gozaban los ciudadanos franceses, por ejemplo, Pirineos arriba.

La ignorancia fue, en aquellos entonces, a mi juicio, creando la argamasa humana con la que nutrir mano de obra barata para los campos de los señoríos, soldados para los ejércitos, curas y monjas para seminarios y conventos.

La tarea por reformar el entendimiento que emprendiera Bernabé Cossió al inaugurar en Ayllón las Misiones Pedagógicas resultaba imprescindible y necesaria. La Institución Libre de Enseñanza que lanzara Giner de los Rios, también prendió en este pueblo, siendo su mejor maestro D. Angel Prieto Alonso, exhumado por el Foro por la Memoria en 2004, de una cuneta cercana a Riaza.

Rodando el tiempo y a partir de 1931, personalidades como el sepulvedano Emiliano Barral o Antonio Machado, Rafael Alberti, Maria Zambrano, Miguel Hernández, Federico Garcia Lorca, vendrían a dar nuevos contenidos a las Misiones Pedagógicas, con los mismos medios: camionetas, mulas y mas tarde carricoches que llegaban renqueantes hasta la más alejada de las aldehuelas.

Devolvían así los principios de libertad igualdad y fraternidad, a los pobladores de estas hermosas tierras, pobladores libres – por otra parte ­desde 1076, cuando el Conde Fernán González, tras unificar las Comunidades Castellanas, inaugurando el Condado de Castilla, nos diera el Fuero de Libre Albedrío.

Tras todo este trajín histórico, en 1936, como es muy bien sabido, Sepúlveda fue ocupada por las tropas franquistas al mando del General Mola, con instrucciones sumarísimas: «la represión ha de ser rapidísima e implacable, que cause terror» Sin embargo, “nada había pasado en el pueblo, que mereciera este castigo», según el historiador segoviano Santiago Vega Sombría, autor del libro «De la esperanza a la persecución» .

A día de hoy y a punto de ser aprobada en la sede de la Soberanía popular, el Congreso de los Diputados, la ley de Memoria Histórica, la comprensión cristiana y el humanismo de los seguidores sepulvedanos del Concilio Vaticano II, con los socialistas, anarquistas, comunistas o verdes en vanguardia, están allanando el camino, ampliando los mínimos comunes denominadores, la equidad, la comprensión,  el sosiego ante las incontestables verdades históricas, que a los propios represaliados nos abrasan en las manos,
– porque también las hemos sabido recientemente -,   que han de conducirnos a la justicia tranquila y la reparación, como sucedió en los países civilizados de Europa, en 1946.  Con gran coraje y pundonor el proceso de reconciliación basado en la Justicia, esta siendo desarrollado,  sin que nadie se rasgue las vestiduras,   en países hispanos como Argentina, o en el Chile de hoy.

La verdad, la justicia y la reparación – digo – de todos aquellos que, habiendo defendido un gobierno legal, la II República, 1931-1939, aun hoy no han podido llorar, ni en algunos casos encontrar a sus familiares o amigos, ni hacer el duelo público y abierto de aquellos seres queridos, que parecerían constituir la aurora encantada que descubriera Antonio Machado, refiriéndose no solo, quizás,  a la piedra rosa del Villar, aún aguardan el reconocimiento público de su heroísmo, en aplicación del principio de igualdad ante la ley,  por el que se rige la democracia española desde 1978.

Por eso, no pases de venir este verano a Sepúlveda, ‘aquí hay mucho que aprender de los sepulvedanos, sus afanes por la democracia hoy, su asado de lechal y fonda, su naturaleza y buen clarete, te esperan por ver si tienes reaños y te pones delante de los toros en los encierros, como hacían sin enchisparse, los grandes pintores, Tablada, Margüello o Zuloaga, cuando por aquí vivieron. Como hacía un pariente lejano, el maestro de torerías, Victoriano de la Serna, que con las manos hacia ante el toro cuanto arte es posible.

Sí, Sepúlveda en un lugar hermoso, lleno de contenidos increíbles que nos maravillan cuando, en confianza y sobremesa, empiezan a redescubrirse los linajes y abolengos de los comensales y empezamos a redescubrir primos y parientes que,  en verdad, tienen nuestras mismas chatas y andares.

Vente a Sepúlveda, patria querida, la aurora encantada podría abrir en cualquier momento.  Y además,   te esperan Fuentes sanadoras,   el sonido de las campanas,  el aroma a pan cocido de madrugada, la lavanda, el tomillo… y de repente,  cuando menos te lo esperas,  un buitre de dimensiones gigantescas, te puede subir la adrenalina a tope, alerta entonces,  porque si, si,  a veces, estos pajarracos suelen sobrevolar, zumbando a un metro de la cabeza el denso plas-plas de sus alas y mandarte al otro lado del camino a escalabrarte,   si no andas listo y llevas bastón, mucho ojo ¡eh?

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