Maldita lotería nacional

Por Nònimo Lustre. LQSomos.

Lotería mexicana. El árbol de la esperanza / que de venir no se cansa. Pinchar sobre la imagen

Nunca he entendido que el pueblo llano juegue a la lotería. De hecho, sea el pueblo llano o escarpado, preferiría que no hubiera caído en tan burda estafa. En consecuencia, este servidor-de-usted-y-del-diablo, nunca ha jugado ni ha admitido que le regalen participaciones -así se libra del frustrante instante de comprobar en las listas de números afortunados que, tampoco este año, le ha tocado la pedrea ni siquiera el reintegro. Además, no me gusta dar dinero al Estado, principalmente porque no puedo controlar en qué se lo gastará. Así pues, no quiero que a servidor le quiten el pan de la boca para que una caterva de endomingados y uniformados la derrochen en misiles que exterminen a la infancia yemení. Aún más me irrita que, escondidos tras la grosera engañifa presupuestaria, los cobetes no los pague Defensa sino cualquier otro ministerio.

Patafísica del Juego

En su sentido más amplio -léase, como actividad no productiva sino lúdica-, el Juego es consustancial a la Humanidad. Sin embargo, el mal llamado ‘juego de la lotería’, no cumple ninguna de estas dos premisas: no es lúdico sino angustioso y es angustioso porque quiere ser productivo –aunque no lo confiese. Los jugadores de lotería nacional son masoquistas que esconden su angurrienta ansiedad tras una alegría claramente impostada –eso antes del sorteo, después, desaparecen.

Antropológicamente hablando, el origen de la lotería es más profundo que esas comedias masoquistas pésimamente representadas. Hunde sus raíces en la creencia universal de que tu pueblo es El Pueblo Elegido –sea el judío, el moro o cualquier pueblo indígena, ¡ay! Es lo que denominamos etnocentrismo.

Visto desde esta óptica, el azar es ahora el último reducto del tribalismo -etnocéntrico por definición. Por ende, los ludópatas no deberían reírse de los indígenas cuando los desheredados escenifican sus ceremonias para pedir la lluvia pues ambos grupos padecen la misma dolencia: el atavismo, una enfermedad tan contagiosa como todos los alifafes colectivos –si alguien no lo sufre, es automáticamente clasificado como anti-sistema.

El origen belicista de todas las loterías. Lotería gringa de 1758: el dinero para atacar a Canadá no paga impuestos. Pinchar sobre la imagen

El mayor ladrón

Cuando el Estado inventa eso de asocial (versión light de anti-sistema) se está disfrazando de psicólogo o de sociólogo pero, máscaras aparte, está discriminando a sus súbditos o, si lo prefieren, está atacando la igualdad. ¿Por qué esta elitesca violencia?, ¿por qué semejante cabreo? Porque el Estado –sea eso lo que sea-, es una mafia especializada en el exacción fiscal. El resto de sus funciones, no sabe no contesta.

La lotería es una buena muestra de hasta dónde llega su compulsión tributaria de esa siniestra entelequia que otros llaman El Sistema, el capitalismo o la madre-que-le-parió. Primer delito, falsificación de moneda: fabrica un dinero (los décimos) que escapa a los controles anti-inflacionarios porque no se le califica como dinero pues no es contante y sonante. Segundo delito: aplicando un impuesto del 20% contra los décimos suertudos, está menoscabando la suerte -mejor dicho, quiere que los pobres no tengan suerte. Tercer delito: para lograr sus ocultos designios, utiliza todo su Poder saltándose, de paso, la alienación popular que ha inducido en contra de sus propias leyes: las anti-monopolios, las de transparencia administrativa y, especialmente, las leyes naturales contra la impunidad. Es obvio que una alienación (ahora se dice idiotización) de este calibre no es sólo obra civil sino también religiosa. El negocio lotero nacional llueve sobre mojado desde que la Iglesia le ha preparado el camino con su propaganda del futuro esperanzador. ¿Hay mejor demostración de que la lotería encarna el auténtico ser del Estado, llámese aconfesional, laico e incluso ateo?

Lotería Mexicana. Actualización jabonosa de La mano del escribano / la mano del criminal –clara alusión a la mano que mece nuestra cuna. Pinchar sobre la imagen

Espero que estas notas consuelen a esa inmensidad de ludópatas a los que hoy no les ha tocado ni el reintegro. En el pecado han llevado la penitencia. Creo que, a cambio del lenitivo, me permitirán una sugerencia: sería oportuno que declamaran el ripio romántico de la canción del pirata: “Y si pierdo, ¿qué es la suerte? / por perdida ya la di / cuando el yugo del lotero / como un bravo sacudí”. Y, por supuesto, les deseo que mañana no recaigan en el pecado.

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