¡Maldito Muro de Berlín!

Por Iñaki Alrui. LQSomos.

Cada vez que se levanta un muro en una frontera estamos cerrando el paso a nuestros afines, a nuestros comunes, aunque nos creamos superiores o mejores desde el confort de nuestros placenteros hogares de hoy

En noviembre se cumplirán 33 años de la caída del Muro de Berlín, lo que entonces se dio como una noticia maniquea e hipócrita como otras tantas con las que nos dispara siempre la artillería de la desinformación, de la que corrieron ríos de tinta sobre el mundo nuevo que se abría, en los que la palabra libertad se repetía millones de veces ¡Flower total! Eso sí, tan falsa como los aplausos de las autoridades al personal sanitario en la primera ola de pandemia.

Un muro con alambrado de doce kilómetros marca la frontera entre Grecia y Turquía

Pero mi intención no es la de analizar la ponzoña de esa historia, no voy a hablar de la URSS, ni del Pacto de Varsovia, ni del terrorismo de la OTAN, temas muy de moda actualmente con la aceleración de la nueva Guerra Fría, y muy trabajada a diario por el periodismo del pensamiento único (o del absolutismo “democrático”).

Mi humilde intención es hablar de los Muros, que desde aquella fecha (9-11-1989) se han incrementado por decenas en nuestro mundo, el occidental, el libre, el de la única democracia.

El tic de arrancarme por bulerías en las teclas viene por la manía de buscar noticias, de escarbar en la infinidad de medios del ciberespacio. Al huir de los “mass-mierda”, uno, no siempre, llega a hacerse una idea de la situación social y política de otros rincones del mundo alejados de la zona en la que sí puedo comprobar la realidad pisando la calle.

La información en cuestión es el inicio de la construcción de un nuevo muro por parte de la República Dominicana a lo largo de su frontera con Haití. Ya sé que no es importante, y que en la “gran” geopolítica internacional son dos estados considerados insignificantes, para la mayoría Dominicana es un destino turístico para disfrutar de relax y Haití un país del que solo sabemos por sus terremotos, golpes de estado y suma pobreza, al que por supuesto no hay que ir. Repúblicas soberanas de las que se desconoce su historia, sus luchas, su realidad social. Pero vamos a lo de los muros, las vallas, que es lo que me ha vuelto a llamar la atención: crear “Muros” de contención contra los otros, esa vuelta al medievo con la construcción de las grandes fortalezas amuralladas, con sus fosos, en formato Exincastillos que tanto nos gusta en las películas.

El presidente dominicano, Luis Abinader, en el inicio de la construcción del muro

Lo de los muros además, en nuestro mundo libre, ya no se hace con nocturnidad, se hace a bombo y platillo, como en esta ocasión: lo presenta el propio presidente de la república caribeña, Luis Abinader, “en una ceremonia cargada de simbolismo patriótico, a la que acudieron la cúpula militar y representantes de partidos políticos de todas las tendencias”, el entrecomillado pertenece a la nota informativa (1). Y para que se vea que es un muro moderno se le añade el apellido de inteligente: “La verja contará con cámaras en alta definición, infrarrojos y otras modernas tecnologías de vigilancia, lo que ha llevado a las autoridades a llamarla inteligente”. Al más puro estilo sionista israelí, máxima tecnología para el máximo control, incluido el pensamiento (2).

El objetivo del muro es impedir la emigración, la libre circulación de las personas… de las personas pobres, de las perseguidas, despojadas, acosadas (3). El mundo rico y poderoso viaja como quiere y a donde quiere, me permito recordar lo de ricos y pobres eso que ya no se dice, no es chic, de lucha de clases.

¡Maldito Muro de Berlín! Menos mal que lo tiramos… Porque el de Israel encerrando al pueblo palestino es un muro ¿humanitario?, o el que recorre la frontera gringo-mexicana, por cierto iniciativa del demócrata Bill Clinton y muy floreciente en kilómetros en la época de Obama (eso sí, los dos evitaron la retórica antiinmigrante de otros presidentes, todo en orden). El de Berlín molestaba mucho, curioso que no pasara lo mismo con el muro que levantó Marruecos en 1980 para defender su territorio ocupado ilegalmente del Sahara Occidental; eran otros tiempos y aquel muro no fue inteligente, aunque además de la valla de tres metros está lleno de búnkeres y campos de minas, chusco pero resultón, y ahí sigue ante el silencio de la comunidad internacional tan defensora de los derechos humanos. Los Muros, depende de quien los construya para saber de su importancia, su trascendencia.

Un poco al norte de aquel muro, ¡aún tenemos más! Las altas vallas de Ceuta y Melilla, con sus brillantes concertinas y sus cámaras de videovigilancia, siempre activas por si es necesario activar un reality show. Muros que crecen y se reproducen por el arte humano, muros para el silencio, para la NO verdad.

Muros para la normalización de la xenofobia y racismo, muros que han unificado la política migratoria con la antiterrorista, criminalizando así ante la opinión pública a las personas migrantes, para que no seamos capaces de ver que el verdadero muro que nos rodea y con el convivimos es el económico, construido con ladrillos de corrupción y explotación.

Muros en Hungría, Turquía, Austria, Calais, India, Bulgaria, Macedonia, Chipre, Belfast… Muros de la mentira, del pensamiento.

Cada vez que se levanta un muro en una frontera estamos cerrando el paso a nuestros afines, a nuestros comunes, aunque nos creamos superiores o mejores desde el confort de nuestros placenteros hogares de hoy. ¿De qué lado del muro estaremos mañana? Nos cerramos las puertas a nosotros mismos. ¡Maldito Muro de Berlín! Menos mal que lo tiramos.

Notas:
1.- República Dominicana empieza la verja para frenar la inmigración desde Haití
2.- Palestina: bajo la bota del feudalismo tecnológico
3.- Violencia y malos tratos a los migrantes en Europa
Todas la imágenes se amplían pinchando sobre sobre la imagen y abriendo en otra pestaña con el cursor derecho

Más artículos del autor. Miembro del Colectivo LoQueSomos. En Twitter: @IkaiAlo

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