Marx y la brecha ecológica

John Bellamy Foster ha hecho probablemente más que cualquier otro para desenterrar los contenidos ecológicos de Carlos Marx, darlos a conocer a  una amplia audiencia y disipar así la creencia de que Marx se desentendió de los temas ambientales.
  
Aunque ya son varios los libros que John Bellamy Foster ha publicado sobre marxismo y ecología, en español sólo disponemos de su trabajo "La ecología de Marx". Por suerte, también contamos con la traducción de una parte de sus artículos, lo que  nos ayuda a percatarnos de la consistencia de su obra teórica.

Para quienes buscamos una explicación general del conflicto entre el capital y el medio natural, el libro de Foster es una lectura obligada, aunque no siempre es una lectura fácil.

Pero aquí no voy a hacer un comentario general del libro, tarea que, por cierto, otros ya han hecho con brillantez. Me limitaré a hacer un breve comentario sobre el concepto de brecha metabólica que es una de las ideas  centrales que Foster pone encima de la mesa. Este concepto, que se deriva de la concepción que Marx tiene del proceso de trabajo, es muy interesante ya que permite abarcar el funcionamiento del capitalismo como un todo.

Marx insistió, desde el primer momento, en el carácter nocivo que la acumulación originaria tiene sobre las  prácticas agrícolas capitalistas degradando la tierra sin restaurar su fertilidad. Este es precisamente un ejemplo paradigmático  de brecha ecológica. Con este ejemplo, Marx nos advirtió  que  la degradación del suelo está integrada en  el desarrollo capitalista y  esto  hace de la fecundación artificial  un requisito imprescindible, con todos los perjuicios que ello conlleva.

Pero la brecha abierta por el capitalismo es cada vez mayor y afecta cada vez a más y más aspectos. Cualquier limite que se interponga a la acumulación de capital, acaba siendo visto como algo que se debe superar, sea como sea. De ahí  que los esfuerzos para aminorar la degradación del medio natural tengan tan poco éxito, lo que ayuda, a la vez, a ver que para adoptar medidas de calado es necesario ponen en cuestión los elementos centrales que aseguran el funcionamiento del sistema.

El cambio tecnológico, como se ha visto a lo largo de la historia no es en sí mismo la solución, dado el uso capitalista que se hace de todas las tecnologías. El ejemplo más conocido lo tenemos en la máquina de vapor y en las consecuencias perjudiciales que tuvo tanto para las personas como para el medio natural.

Pero incluso las ideas aparentemente benignas, como la eficiencia energética, se tuercen bajo el capitalismo ya que la reducción de costes permite acumular más capital, lo que conduce a un mayor nivel de producción y  una mayor abertura de la brecha ecológica.
  
Algunas personas de buena fe esperan que la brutalidad de la realidad obligará a los poderes públicos a tomar decisiones. Se trataría de cambiar las regulaciones del gobierno y promover las energía alternativas, y así sucesivamente. Esto, bajo el capitalismo, sólo sería viable si permitiera abrir nuevas áreas para la acumulación de capital, con lo que nos encontraríamos ante una situación parecida a la que hemos visto  antes al tratar del ahorro energético.

Se mire por donde se mire, dentro del sistema, realmente no hay manera de romper con esta brecha.

Más artículos del autor

La ecología de Marx: materialismo y naturaleza.

De John Bellamy Foster. Edición de “El Viejo Topo”. 2004.

ISBN 9788495776921

 

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