MARXimizando el Arte

Tania Pasca Parrilla*. LQS. Abril 2021
Ilustraciones de J. Kalvellido

Saber componer como Bach o pintar como Velázquez no está al alcance de cualquiera, y no solamente por falta de aptitud, sino porque la posibilidad de desarrollar nuestra faceta creadora está al alcance de muy pocas personas. También ocurre que las artes plásticas, visuales y musicales gozan de poco público instruido en esas materias que nos hacen tan singulares y únicos como seres vivos. No es casual que en el mundo capitalista todo esté encaminado a invertir nuestra energía personal en desarrollar casi la totalidad de nuestra existencia al trabajo asalariado, y a asociar a la vida productiva el poco tiempo de ocio que quede, como es comprar en el supermercado o llevar el coche a limpiar. De hecho, se suelen confundir y fusionar las palabras ocio, tiempo libre, cultura y entretenimiento. El Arte debe ser disfrutado, pero es mucho más que un entretenimiento, es la forma elevada de entender la cultura en el desarrollo humano.

El funcionamiento imparable del capitalismo sobre el que se asientan las bases económicas y sociales, hace que seamos expulsadas desde que nacemos de la actividad creativa y del conocimiento artístico, a menos que con un sobre esfuerzo y de manera individual alguien decida ponerse a ello, porque el ritmo frenético de las jornadas laborales impuestas por las clases dominantes, no nos permiten acceder a la cultura artística, sino que por el contrario, además nos hace consumidoras forzosas de sus productos de dudosa calidad artística; concursos televisivos de “talentos” donde la industria de la cultura decide quién vale y quién no, donde la gente llora mucho y asume que son perdedores natos porque no se esfuerzan lo suficiente. Grandes corporaciones editoriales que ponen en los escaparates abundante literatura de autoayuda que nos culpabiliza por no tener los chacras alineados con la galaxia con el mensaje explícito de que “todo lo que nos pasa es culpa nuestra por las pocas ganas que le echamos a la vida con esa actitud tan poco positiva”. Series televisivas, reality show y películas, como poco espantosas, muestran unos contenidos que reflejan un tipo de sociedad inexistente en la vida cotidiana, donde los cuerpos de las personas deben permanecer permanentemente jóvenes, sexualmente activos, vibrantes y bellos, y cuyos/as protagonistas siguen siendo blancos/as y occidentales con el modelo estándar de vida burgués, al cual no alcanzamos ni alcanzaremos nunca nadie.

Pocos espejos pues en el que mirarnos tenemos en el panorama artístico actual, y pocos artistas comprometidos con la clase trabajadora, que no se rindan ante los clarines del mercado y opten por quedarse a luchar con nosotras. Antonio Gades, fue uno de esos ejemplos de calidad, belleza y pedagogía en su legado. Siguiendo esa estela en el mundo de la danza, hoy Penélope Pasca de manera obstinada y valiente lanza en cada compás y coreografía un alegato en favor de los oprimidos, en un mundo tan elitista y exclusivo como lo es el de la danza. Kalvellido (ilustrador de este texto) jamás ha renunciado a su compromiso de clase. Mordaz, irónico, descarado e irreverente desnuda en cada dibujo las miserias humanas. No es de extrañar pues, que a pesar de la solvencia y calidad de sus ilustraciones no tenga el reconocimiento que debería en nuestro país. El Cabrero, es otro ejemplo de dignidad y fidelidad artística genuina y comprometida con el colectivo de los trabajadores del campo. Y no digamos el actor Willy Toledo, que jamás se ha vendido ni doblegado ante la “amorfa y perversa” opinión pública, teniendo además que librar una dura batalla contra la industria del cine, la televisión y el teatro.

Si la clase trabajadora tuviera la oportunidad de aprender y estudiar Arte con la misma premura y obligatoriedad que aprende a abrir una cuenta bancaria, si se pusiera en valor la capacidad de cada persona para crear y expresarse como parte del desarrollo humano en la música, la pintura, la danza o la poesía, si el Arte tuviera un peso específico en los planes de estudio y las jornadas de trabajo fuesen la mitad de largas de lo que hoy son, sería síntoma de que este mundo es otro mucho mejor: equilibrado, limpio y armonioso. Ojalá.

[…]
No nos matan las balas, no mata la letra pequeña
acordada por aquellos que ganaron otras guerras:
en la calle desangrando el cuadro sindical;
encarcelando al pintor, al cantante, al poeta,
amordazando a mujeres cansadas de cuidar
a quienes no podrán brotar en esta patria muerta.
[…]
Somos quienes ya no toleran más agresiones,
la garganta que sus medios no puedan silenciar,
fuimos un pueblo a la espera de que alguien nos salvase
y ahora somos el ejercito que se salvará.
Shina en Lucha (Diez mandamientos para mantenerse en pie -VI-)


– Cronología con todos los relatos: MARXimizando
Aquí puedes descargarte las ilustraciones de J. Kalvellido

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