MARXimizando

Tania Pasca Parrilla*. LQS. Febrero 2021
Ilustraciones de J. Kalvellido

MARXimizando: Día 0. Jueves 11 de febrero

Vamos a meternos en la piel de Rosa, una mujer de mediana edad de cualquier barrio obrero de España. Madruga, trabaja limpiando unas oficinas, o sirviendo cafés a la mañana y dando comidas al medio día, tal vez curre en una residencia de mayores, un hospital o en una nave del gigante Amazon. Llega a casa, atiende a los hijos y en una maniobra imposible es maestra improvisada a la vez que aprovisiona la nevera y planifica la dieta familiar del día siguiente. Extenuada enciende la televisión durante la cena, o continúa leyendo los memes y vídeos recibidos a través de redes sociales durante todo el día en su móvil mediocre que ya tiene la pantalla rota. Rosa se siente explotada, frustrada y sin futuro. Pero la información suministrada a través de los medios le dice que la bandera de España que enarbolan los hosteleros pidiendo ayudas es la salvación a su problema del empleo con pocos derechos y salario raquítico. No una legislación laboral justa para quienes como Rosa que son “la España que madruga”, donde el sector privado lo es para los beneficios y no para las pérdidas ni para contingencias como la de la crisis sanitaria que estamos viviendo.

Rosa piensa que al fin y al cabo es afortunada por haber conseguido ir encadenando contratos y así llegar a fin de mes sin demasiadas deudas. Ella piensa como el resto de sus compañeras de trabajo, que solo la inversión extranjera, las ayudas de la EU (aunque no sean gratis y nos sigan ahogando por muchos años) y la reactivación de la hostelería y el turismo son clave para salir a flote. Los medios es lo que dicen 24 horas del día.

Ni Rosa ni las generaciones posteriores estudiaron con ninguna editorial de los libros de texto la reconversión industrial de Felipe González, ni la privatización de Aznar de los sectores estratégicos del país. De esto y del blindaje de la Corona con la bandera de España que envuelve la corrupción, la mediocridad, la pobreza y la esclavitud mental de Rosa, María José, Eloísa, Lourdes…De eso nunca se habló ni estudió, ni antes ni ahora.

Aquí tenemos el auge de VOX. Tenemos también a la cúpula del PP en libertad por increíble que parezca. Y un C,S echando solicitudes de ingreso (o reingreso) en los anteriores. El PSOE de Felipe González se encuentra diluido en los otros tres y lo peor, es que se hacen pasar por una organización al servicio de la clase trabajadora.
No hay más salida para nosotras; tenemos el deber de sacudirnos de una vez la rojigualda del cuerpo.

En femenino, porque somos doblemente explotadas y se acerca el 8M, día maldito entre los malditos.

MARXimizando: pandemia, crisis ecológica y económica

Evocando a Marx en tiempos de pandemia, crisis ecológica y económica

Que todas nos hemos dado cuenta de que el mundo está cambiado e irreconocible no nos cabe duda ni nos sorprende. Sólo asistimos a la manifestación de una decadencia anunciada. Pero no tiene nada de poesía ni armonía bucólica este nuevo paisaje que de forma abrupta ha irrumpido en nuestro día a día. Este cambio es grosero y vulgar. Con descaro la nueva normalidad se impone, y no me refiero a esa “nueva normalidad” leguleya que se articuló a raíz del coronavirus, sino la normalidad de vivir entre seres microscópicos que atacan nuestra salud y nos obliga a deambular con mascarilla, esa normalidad de adaptarnos de un día para otro a devastadoras nevadas en la ciudad o a inundaciones en pleno casco urbano que anegan, cada vez con más frecuencia, estaciones de metro y tren allá por donde pasa el agua, o la de asistir a seísmos en cadena en el sureste de la península y quién sabe a qué fenómenos alarmantes más nos tendremos que acostumbrar. El cambio climático ya está aquí, y ha venido para quedarse.

Peor escenario, por lo visto, es aquel tan temido y anunciado: el económico (como si alguna vez hubiera habido un escenario económico bueno). Desempleo, encarecimiento de los productos de primera necesidad como alimentos o energía, dificultad en el acceso a servicios esenciales como sanidad y educación públicas.

¿Lo aceptamos con resignación? Claro que sí. La población está cautiva y desarmada.

Habría que tomarse las molestias de reiniciar el planeta y empezar desde cero. Pero de eso ya se está encargándola propia naturaleza. Mientras tanto deberíamos explicar a la gente corriente que eso denominado “el desastre económico” es un fenómeno diseñado en despachos y selectas salas de reuniones. Habría que explicar que el ascenso imparable de los precios, la organización y administración de los servicios públicos penden exclusivamente de la voluntad del ser humano, ser inhumano habría que llamarle. Por otra parte, deberíamos explicar que hay mucho desempleado, por un lado, y mucha gente que no descansa de trabajar con jornadas interminables por otro y que en ambos casos la pobreza y precariedad son la misma. Que el tributo diario al sostenimiento del Dios del Crecimiento Económico podría dejar de tener efecto si la voluntad de cambio estuviera en nuestro terreno, es decir, si todas nos plantamos.

Ese Dios de la destrucción a quien desde el amanecer al ocaso le rendimos pleitesía no es otro que el capitalismo, y este no se rige por las necesidades humanas sino por las propias. Las leyes del capitalismo consisten en mercantilizar todo, todo lo vivo e inerte, atrapando en su telaraña del mercado los cuatro puntos cardinales del globo terráqueo en una espiral siniestra y sin fin. Para ello ha conseguido doblegar la naturaleza de tal manera que ha cambiado su estructura, exprimiendo sus recursos y con ellos las poblaciones que habitan, es tal la devastación y violación del planeta que todos sus rincones están heridos.

Llegados a este punto debemos buscar soluciones, y la verdad, es momento de reivindicar y rescatar a Karl Marx. Los años de fascismo, de neoliberalismo y de capitalismo salvaje lograron que uno de los pensadores más brillantes del mundo, para mí el que más, permaneciera en la sombra y a la sombra de la sociología, de la filosofía y de la historia.

Marx está fuera de los currículos académicos y de los parlamentos, partidos políticos e instituciones públicas, quedando un reducto marxista en los viejos círculos de incondicionales, nostálgicos, estudiosos, radicales, marginales, represaliados, luchadores…En realidad no somos un reducto de viejos y perimidos círculos, de hecho, podríamos hacer ondas de marxismo curativas, por eso, porque el planeta está enfermo y aún más la humanidad.

En los miles de páginas que Marx escribió a lo largo de su vida, desveló y advirtió de los peligros que entrañaba el capitalismo y su evolución. Como dice Néstor Kohan, El Capital es un texto crítico de la economía, una bomba contra la burguesía donde se pone de manifiesto que el capitalismo no es necesario para la humanidad, de ahí su permanencia en la sombra.

Y en este punto nos encontramos: Con una sobreexplotación abominable de los recursos naturales donde diversos virus como el de la Gripe A o el Sars-Cov-2 (COVID-19), han saltado del animal a la especie humana con las consecuencias que estamos sufriendo en propias carnes. A esto hay que sumarle la precariedad económica, la parálisis y nula capacidad para rebelarse y organizarse de las poblaciones, porque están como dije, cautivas, desarmadas y agotadas.

La salida, la luz, la esperanza de cambio pasa por volver sin más dilación a Marx: Un cambio rotundo del sistema en el que vivimos deslegitimando el orden burgués establecido. Así que releamos, rescatemos y vivamos a Marx como hilo conductor para poder decir aquello de que un mundo mejor es posible.

MARXimizando: La rabia

La rabia es necesaria para rebelarse. Quien no la siente está contribuyendo a perpetuar los peores sistemas políticos que asolan el planeta y las sociedades. Son infinitos los motivos para sentir RABIA.

Rabia por la precariedad laboral heredada y generacional. Por tener que destinar casi todos los recursos económicos al pago de una vivienda. Por la desigualdad en el acceso a la educación de calidad y a los servicios de salud que nos corresponden por derecho. Rabia por tener que sufrir kilométricas horas de nuestras vidas en un transporte público desbordado o en carreteras colapsadas de ida o de vuelta del trabajo. Rabia por las violencias machistas sufridas a lo largo de la historia, por la homofobia, la xenofobia y el racismo que sufren millones de personas.

Rabia por la represión y la violencia policial, y por tener que asumir forzosamente una monarquía corrupta que nos cubre de indignación cada día. Rabia por la Ley mordaza impuesta, instalada y normalizada que atenta contra nuestras libertades.

Rabia por la injerencia imperial hacia los pueblos originarios de América, los pueblos de África o de oriente medio. Rabia por las decisiones tomadas en el seno de la OTAN, en el Pentágono, en el FMI, en el Parlamento Europeo o en el Ibex35 que esclavizan y humillan a la humanidad.

El conjunto de rabias es la suma de lo que nos une hoy. A las personas comprometidas, empáticas y rebeldes, que nos encontramos en la búsqueda de un mundo mejor -antes de que terminemos asesinados por el cielo del que versaba Lorca-. Porque las mismas personas que protestamos hoy contra el bloqueo a Cuba, mañana acudimos a parar un desahucio o lanzamos consignas por el fin del maltrato animal. Las mismas que a su vez sufrimos la precariedad, la brecha salarial y acabamos sufriendo la represión policial.

Por esa terrible y hermosa coincidencia comparecemos en cada reunión, porque nos mueve la rabia. Así caminamos, sustrayendo tiempo al tiempo que no tenemos para entregarlo a la puesta en común de tesis y así ganarle la batalla a lo terrible del vivir sometidas indefinidamente.

Las que sentimos rabia estamos organizadas, armadas intelectualmente y sobre todo hermanadas en la lucha. Lanzamos reivindicaciones encadenadas y diversas que tienen un mismo destino, que es el cambio radical del sistema actual. A pesar de la legitimidad y nobleza de lo que nos mueve, no tenemos las suficientes manos para doblegar al monstruo. No obstante, no nos rendimos. Seguimos tensionadas a la vez que democráticas con el pueblo, pero implacables con el opresor.

MARXimizando en femenino

¡Proletarios del mundo, uníos! Esta expresión que aparece en el Manifiesto Comunista (1848) de Marx y Engels (en el que también colabora activamente Jenny von Westphalen), en realidad pertenece a Flora Tristán (1803-1844), la autora feminista de La emancipación de la mujer cuyas obras también son estudiadas y reconocidas por Marx, y que tan brillante proclama incorpora en El Manifiesto Comunista.

La hegemonía del pensamiento político y social es masculina. También lo son la hegemonía de la cultura en todas sus vertientes, el cine y el deporte. A nosotras nos dejan algunos espacios a veces tan ínfimos que son prácticamente invisibles.

Vivimos en un sistema de valores monocolor, reduccionista y excluyente donde parece que el pensamiento humano, la moral, las políticas, las costumbres y tradiciones humanas que tienen validez y fiabilidad y hasta sello de garantía son aquellas escritas y habladas preferentemente en inglés. Es en el idioma y cultura anglosajones donde se establecen las escalas de valores de prestigio que rigen el mundo, de sus acontecimientos políticos y culturales. Este prestigio se multiplica si procede de un hombre blanco occidental, con recursos económicos, y por supuesto heterosexual. En cualquier caso, siempre un hombre. En este orden mundial homogéneo prevalece; inglés sobre castellano, castellano sobre catalán, blanco sobre negro, rico sobre pobre… hombre sobre mujer.

Las mujeres que hemos tenido la oportunidad de emerger a la vida política desde la militancia de base o desde la participación en colectivos, asociaciones o cualquier ámbito organizativo que implique cooperación entre miembros, lo hemos hecho tras haber concluido o simultaneado las tareas y responsabilidades que tradicionalmente “nos son propias”, como lo son el trabajo reproductivo y el trabajo de cuidados, pero también el trabajo productivo. Hablo de las mujeres de barrio o del entorno rural, las de abajo, naturalmente. Aquellas que no pasamos de la noche a la mañana, precisamente, a formar parte de un colectivo en lucha, si no que surge de la necesidad de reclamar derechos sociales, pero no para alcanzar las mismas cuotas de miseria de nuestros compañeros, sino la emancipación como clase trabajadora de ambos sexos.

En este sentido reclamo pues a Rosa Parks como icono de resistencia y dignidad. El revolucionario análisis de Kollontai, sobre el concepto de familia y de liberación sexual de la mujer, o especialmente reclamo a Vânia Bambirra quien desarrolló en su Teoría de la dependencia un análisis marxista sobre la necesidad de liberación de los pueblos originarios de América. Y a Josefina Samper, porque no es posible concebir la lucha sindical sin su imprescindible cooperación.

Sin embargo, es triste ver que a raíz de la implosión del 8M ha venido ocurriendo un fenómeno paradigmático con la pintora Frida Kalho, a quien se la conoce mundialmente a través de su imagen estampada en miles de productos comerciales asociados a un feminismo de mercado, y no por su condición de artista y comunista, como si el feminismo se tratase de una moda pasajera y no de un movimiento político y social.

Las mujeres y hombres situad@s a la izquierda de la socialdemocracia, si alguna victoria hemos conseguido, es la de adelantarnos a los tiempos para tratar de corregir las desigualdades que sufren l@s oprimid@s. Pero dentro de los aparatos políticos aún queda mucho por hacer en materia de igualdad. No vale solamente con identificar al hombre blanco heterosexual de habla inglesa, que hegemoniza la cultura occidental aplastando todo lo demás, sino que desde dentro hay que seguir necesariamente habilitando espacios feministas, para doblarle el brazo al orden de primacía establecido. Eso sería lo más revolucionario.
– Cronología con todos los relatos: MARXimizando
Aquí puedes descargarte las ilustraciones de J. Kalvellido

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