Acacio Puig*. LQS. Noviembre 2018

Hace 50 años “el mundo pudo cambiar de base” (1). No fue así, pero entre muchos avances y (fiascos) el 68 impulsó nuevas formas de comunicación generando una formidable onda expansiva que llega hasta nuestros días, cierto que con sustanciales modificaciones.
Y sin embargo, en “la comunicación” esa nebulosa heterogénea, se entrecruzan y solapan prácticas de dominio, prácticas emancipadoras y muy frecuentemente, recuperaciones mercantiles de las segundas.

Aquí nos interesa el rescate de algunas prácticas comunicativas emancipadoras que adquirieron relieve en 1968, aunque ciertamente contasen con densos antecedentes integrados en todos los períodos en que se ensayó la subversión del orden existente (desde las milenaristas Guerras Campesinas mediante el uso de la imprenta y el “invento” de los panfletos (2), a la tradición de las sátiras durante los carnavales, a la Comuna de 1871 (3), la Revolución de 1917 (4), la Guerra y Revolución Española de 1936 (5) o la Revolución China de 1948…).
Durante esos períodos –a veces solo días- de subversión social, las gentes logran actuar fuera de lo previsible amplificando acción y organización, objetivos y también sus modos de comunicación; apuntando a la creación de lo que parafraseando a Sartre tendía a ampliar el campo de lo posible (o como gustaba decir entonces Edgar Morin, pugnaba por hacer posible lo improbable).

Aceptando la conceptualización de “guerrilla de la comunicación” escrita hace casi 20 años (6) “la guerrilla de la comunicación no es, en si misma, una práctica subversiva…los publicitarios la usan también para crear consenso consumista… la guerrilla comunicativa es un despertador, es una táctica y no una estrategia”. .. Pero una “táctica” transmisora en mayo de 1968 de potentes contenidos.
Subrayamos que su función de ¡Rin-Rin-Rin! de las contestaciones, alerta y distorsiona el consumo pasivo de información establecida y anima a actuar, favoreciendo la difusión de ideas que estimulan pensamiento y acción críticos. Y también, como en 1920 escribía el dadaísta Tzara, que favorecen la autodefensa de la autonomía individual mediante la práctica de una guerrilla de negación, chocolate del desesperado.

La palabra contra el orden dominante

Se adjudica a la Revuelta de Mayo -y ya es lugar común- la toma generalizada de la palabra. Y efectivamente, se tomó la palabra en Asambleas, Edificios ocupados, Revistas, Paredes, Manifestaciones y en Debates Callejeros.
Se tomó la palabra y la imagen, en pintadas y carteles y también la cámara para registrar los avatares del gran acontecimiento mediante documentales, películas y fotografías. Se tomó la palabra cantando y se construyeron barricadas, agarrando adoquines-palabra.
Todas esas “tomas de palabra” formaron parte de la guerrilla comunicativa sesentayochista, y juntas expresaron, informaron, estimularon y documentaron la más significativa contestación radical al sistema que aconteció en la Europa occidental durante la segunda mitad del siglo XX.
Fueron palabras que articularon las voces de un imponente movimiento social y como bien sabemos, los forcejeos socialmente emancipadores…sueltan la lengua. El conjunto configuró un archipiélago de pensamiento en acción que operó como el “intelectual colectivo” y descentralizado del movimiento de mayo.

Frente a la lección magistral o el adoctrinamiento sindical, seguido del turno de “ruegos y preguntas”, con mayo reapareció la Asamblea como parlamento de base, centro de debate y toma de decisiones.
Debilitado el poder de los burócratas y el férreo control de los aparatos tradicionales, “se abrieron cien flores” y millares de personas iniciaron su experiencia de militancia activa. El rescate de la Asamblea libre, cruzó los tiempos y forma ya parte del legado que reencarnaron las movilizaciones del zapatismo, de la antiglobalización, del movimiento 15 M, del Occupy… hasta ser en buena medida el soporte de las mejores candidaturas municipalistas de entre las que lograron espacios institucionales aquí, tras las elecciones de 2015.

Junto a las asambleas, los Comités de Acción, órganos abiertos y unitarios inicialmente de origen estudiantil que integraban hasta a 30 personas cada uno, proliferaron, hasta llegar a ser casi 500 a fines de mayo.
Junto a documentos muy consistentes de los Comités hay que señalar que otros, como Les yeux crevés (publicado por el Comité de Acción Nous sommes en marche) adolecían de una incomprensión sectaria, precipitada y machista, de movimientos que entonces iniciaban su andadura organizada como el feminista (13).

Coexistieron comités ligados a formaciones políticas, los comités Vietnam de base (CVB) de antigua tradición anticolonial e internacionalista, los de fábrica, que integraban a gentes sindicadas y no sindicadas, los de estudiantes de liceos (los CAL) y los mixtos de obreros y estudiantes volcados en acciones de barriada (7).

En el campo de lo simbólico-sígnico, mayo sustentó la masiva reaparición de Banderas. Las banderas rojas y las negras proliferaron en manifestaciones y edificios ocupados. La bandera roja fue a veces “fabricada” in extremis, eliminando las franjas blanca y azul de la bandera francesa. Bandera de la Comuna de Paris y emblema de la revolución del cuarto estado desde 1789, con ella se contestaba así también el patrioterismo del entonces secretario general del PCF (Waldeck Rochet) que proclamaba a la menor ocasión la fidelidad de su partido a “la bandera roja del Socialismo y a la tricolor de la Nación”.
Y también la bandera negra, que tenía origen en las revueltas obreras de 1831 en Reims y Lyon y había sido emblema de los parados antes de ser adoptada por el anarquismo en la segunda mitad del siglo XIX.
Si durante la manifestación del 1º de Mayo de 1968 los servicios de orden del sindicato CGT intentaron erradicar la presencia de la bandera negra, su uso se impuso y generalizó a lo largo del mes. Los cortejos del Grupo 22 de Marzo se caracterizaron por la alternancia de banderas Rojas y Negras.

Librerías socio-políticas fueron muchas las agrupadas en el barrio latino. Especialmente activas- como espacios de encuentro y difusión- eran Le Gît le Coeur (UJC-ml), La Joie de Lire (Maspero, editora más tarde de la colección Les Livres Rouges de la Ligue Comuniste), Clarté (UEC) y la Norman Béthune, espacio de reunión de los comités Vietnam de base (CVB).
Claro que había otras en distintos enclaves de Paris, librerías también políticamente importantes, pero estas citadas se encontraban en el epicentro de las zonas de debates y combates callejeros.

En cuanto a publicaciones militantes –situadas a la izquierda del PCF y su órgano L’Humanité- permanecen en la memoria (y las hemerotecas) Avant-Garde Jeunesse, órgano de las Juventudes Comunistas Revolucionarias (15.000 ejemplares) el semanal Voix Ouvriére (semanal, 5000 ejemplares), los órganos maoístas como La Cause du Peuple (aunque irregular llegó a tiradas de 100.000 ejemplares) o el bimensual Servir le Peuple (unos 10.000 ejemplares).
Tribune Socialiste (el semanal del mejor momento político del PSU, contó con Bernard Lambert, líder del Centro Nacional de Jóvenes Agricultores, un imprescindible en las posteriores movilizaciones de los 70 en Larzac, prematuramente fallecido en 1984).
Y las publicaciones anarquistas Le Libertaire (de la Federación Anarquista) y L’Insurgé (de la Organización Revolucionaria Anarquista, ORA).
Le Pavé que solo logró sacar sus primeros 50.000 ejemplares (número 1) haciendo gala tanto de eclecticismo político, como desgarro cultural (Artaud) y apología de la guerrilla urbana.
Action, semanario de corta vida, había sido creado como órgano de los Comités de Acción y llegó a publicar 150.000 ejemplares. L’Enragé, profusamente ilustrado por gentes como Topor y Siné, salió a la calle con una tirada de 100.000 ejemplares (8).

Aunque quizá fue también muy sugestiva la enorme proliferación de fanzines políticos, publicaciones informales de tiradas pequeñas que surgieron en aquél contexto excepcional. Fanzines publicados por grupos de afinidad y a veces incluso en solitario (como la pequeña revista “paranoico.-crítica” editada en fotocopias difundida incansablemente –durante el inicio del verano del 68- por un joven surrealista que emplazaba su tenderete junto al Museo de Cluny en el cruce de los bulevares Saint Germain y Saint Michel).

Cincuenta años después la herencia de la prensa política de la izquierda es muy diversa en toda Europa. Tan diversa como controvertida.
Tenemos hoy revistas en papel y una enorme diversidad de prensa digital y blogs, todo lo caracterizable como medios de contrainformación y difusión de pensamiento crítico. En buena medida, nos queda el legado de la pluralidad en el interior de cada publicación, una pluralidad que iluminan las palabras que ante sus jueces pronunció la comunera Louise Michel tras la derrota de 1871 “volverán por todos los caminos”…
Aunque –dicho sea de paso- tanta abundancia presenta algunos riesgos “cancerígenos” y parece conveniente estudiar una mesurada concentración de medios digitales; medios que -a falta de contraste con sus hipotéticos destinatarios- redundan en una polución contrainformativa que parece diluirse en la nube, sin mínimo feed back entre editores y lectores (ya sin contar con la “prueba del algodón” de su compra-venta).

En cuanto a producciones de audiovisuales (sin ninguna pretensión de embutirnos en “camisa de once varas”) optamos por facilitar el enlace a la presentación de sendas sesiones de cine mayista -anónimo y de autor- programadas por David Cortés y Amador Fernández-Savater en el Centro Reina Sofía de Madrid.
Con título La Imagen Sublevada, proyecciones, debates y en su caso autores, acompañaron en 2008 y 2018 los dos últimos grandes aniversarios de Mayo:

2008:https://www.museoreinasofia.es/sites/default/files/actividades/programas/2008007-fol_es-001.pdf
2018: https://www.museoreinasofia.es/sites/default/files/actividades/programas/la_imagen_sublevada_cuaderno_digital_definitivo.pdf

Hoy, 50 años más tarde, el uso alternativo de medios audiovisuales -documentales, entrevistas, radios y televisiones por internet- se ha generalizado y forma parte de los aparatos de comunicación libre e independiente.

¿Y los situs?

Escribió Mario Perniola (9) que “en la Internacional Situacionista el lugar de la acción es ocupado por la comunic-acción”, lo que parece más que probable dada la estimable incidencia en el campo de las ideas de un colectivo pequeño, ajeno al proselitismo y editor intermitente de una densa revista, estéticamente atrevida, pero tan escasamente leída como capaz de tintar sensibilidades y opiniones.
Espigando el capítulo dedicado por Marc Casanovas a la Internacional Situacionista, en Organizar el Rechazo (10) encontramos –en el ámbito que ahora nos ocupa- el rescate por los situs de dos técnicas de comunica-acción: el détournement y la deriva.
Ambas con claros antecedentes en prácticas de las vanguardias históricas… a pesar del acta de defunción de las mismas como “objetos muertos de contemplación espectacular” que firmaba Debord en La sociedad del espectáculo.
La incidencia del détournement en la agitación y propaganda mayista parece evidente al repasar pintadas y carteles y también resulta muy clara en cierto humor corrosivo y “políticamente incorrecto” muy al gusto de la época como el propagado por la revista satírica Hara-Kiri, el mensual bête et méchant…que tras mayo. cosía en una de sus viñetas aquello de: “si Hara-Kiri n’avait pas existé le mois de mai 68 n’aurait pasé été si beau”.

El uso rebelde de comics, publicidades, fotonovelas…modificando sus mensajes y muy practicado por los situacionistas, tenía raíces sólidas en el collage y el fotomontaje de tantos Picabia, Ernst, Heartfield o Renau…y el mensaje directo, humorístico y corrosivo estaba tan presente en la cartelería-Rosta de los equipos que trabajaban con Maiakovski como en las Historias de almanaque de Brecht…
En ese campo magnético del humor como escudo y arma, los situs constituían uno de los vectores, pero en ningún caso el único.
Lo cierto es que a partir del 68, el humor llegó para quedarse…y de uno u otro modo sigue aquí hasta el presente, “enseñando la patita” en la comunicación socio-política alternativa.

Pero adormilada está -sin embargo- la práctica situacionista de crear situaciones, entendida como elaboración colectiva de momentos generadores de acontecimientos nuevos. Con dimensión concreta y “terráquea” las situaciones más significativas -vividas y recordadas en mi caso- fueron las situaciones creadoras de debate en el espacio público.
Cuando amainó la movilización, en el arranque del verano de 1968, era frecuente encontrar en las calles céntricas del barrio latino de Paris, controversias sobre algunas de las ideas de mayo, el curso de los acontecimientos y su balance. Debates en alta voz, inicialmente lanzados por dos o tres personas que pronto magnetizaban a paseantes y generaban multitud de pequeñas asambleas de calle.
Perduraba así la vocación de rescatar en cualquier parte el ágora -sobre todo durante los fines de semana en que se disponía de tiempo para ello- buscando dar contenido (ó fijar conciencia) al principio enunciado en el “Mensaje a todos los trabajadores”, por el Comité Enragés-Internacional Situacionista del 30 de mayo del 68:
“A partir de ahora es un movimiento profundo que lleva a casi todos los sectores de la población a desear un cambio de vida. Un movimiento revolucionario, al que no falta más que la conciencia de lo que él ya ha hecho para apropiarse realmente esa revolución” (11).

En contexto bien diferente, fue Toni Puig -factotum de la revista Ajoblanco- quien recuperó la práctica de crear situaciones mediante el estímulo artificial del debate en el espacio público. Lo impulsó en los contextos de la Animación Sociocultural (12) cierto que desde cierta sensibilidad libertaria, volcada estrictamente en lo socio-cultural; Toni lo hacía pragmáticamente y con escepticismo, en el marco de coordenadas enunciadas antaño por Paul Valéry: “la Política es el arte de impedir que la gente se meta en lo que le importa”

Apuntes sobre los carteles de mayo

Sylvain Zegel, en su estudio sobre 1968 realizado a caballo de los acontecimientos (13) dedicó un capítulo a Pintores, Urbanistas y Arquitectos, señalando el profundo malestar, traducido en huelgas, con que los estudiantes de Bellas Artes rechazaban sus condiciones de trabajo y el contenido de la enseñanza que recibían: muchos años de estudios, muchos gastos y profesorado tan conservador como absentista. Todo lo cual animaba a formas diversas de contestación y autoorganización del aprendizaje.
Citando la constitución del Atelier Populaire, Zegel transcribía textualmente al periódico La Cause du Peuple.
La Cause du Peuple, publicación maoísta inmersa en la ola entusiasta generada por la Revolución Cultural China (1965-1969) interpretaba así el trabajo del Atelier Populaire:

“No se trata de un trabajo de laboratorio: trabajadores vienen a proponer slogans, discutir con los artistas y estudiantes, criticar los carteles producidos o difundirlos en la calle (…) Y cada cual, trabajador o estudiante, extranjero o francés, viene a participar en la entusiasta producción de carteles (…) De este modo, el estilo de trabajo burgués habitual, ha desaparecido por completo: los proyectos de carteles definidos en común tras un análisis político de los acontecimientos del día o bien tras discusiones a las puertas de las fábricas, son propuestos democráticamente a la Asamblea General (…) de este modo se juzga : ¿es correcta la idea política? ¿El cartel transmite bien esa idea? (…) Aceptada la idea los proyectos decididos se realizan en serigrafía y litografía, por medio de equipos que se turnan día y noche (…) Después los carteles se difunden a través de los Comités de Acción (…) y estudiantes y artistas se emplazan en lo concreto al servicio del pueblo, aprenden de él y actualizan su punto de vista vinculándose a las masas”.

Este rescate hoy “arqueológico” de aquella retórica de una Cause parca en matices, fue muy propia del complejo fenómeno (1965-1969) estudiado por Livio Maitan en su libro El partido, el ejército y las masas en la Revolución Cultural China (14). Retórica que, sin embargo -en el recorte de prensa citado- fijaba lo esencial del proceso colectivo de producción de carteles desde la escuela de Bellas Artes-Ocupada.

Los primeros carteles realizados por artistas solidarios fueron impresos con máquinas de copiar planos y se pusieron a la venta (10 francos) en la librería La Hune. Matta, Alechinsky, Asger Jorn (vinculado inicialmente a COBRA y luego a la Internacional Situacionista) destacaron entre los primeros productores y los fondos obtenidos alimentaron inicialmente el Comité de Acción de la Sorbona.
Fue el 13 de mayo cuando en la misma Sorbona tuvo lugar el debate sobre Arte y Propaganda; sus conclusiones podrían resumirse en “dejar el arte entre paréntesis y situar la propaganda en primer plano”.

El nuevo taller, bautizado como Taller Popular, se instaló en Bellas Artes (y otro, en la Escuela de Artes Decorativas) que fue ocupada al día siguiente, el 14 de mayo. El inmueble de Bellas Artes estaba entonces situado en la calle Bonaparte, junto a la Iglesia de St. Germain.
El 20 de mayo, el Atelier Populaire hizo público su declaración de principios, su manifiesto y otros artistas se incorporaron junto a los estudiantes, a la producción de carteles especialmente mediante la estampación serigráfica, que mejoraba sustancialmente la capacidad de edición de la litografía. (15)
Entre los artistas conocidos afines a esas incorporaciones estuvo el parisino Bernard Rancillac, hombre ubicable dentro de la nueva figuración europea y artífice del cruce entre figuración narrativa, el pop y el comic (bande dessinée) con acentos de crítica social. Fue autor entre otras colaboraciones, del cartel Nous sommes tous des juifs et des allemandes (integrando el retrato de Cohn-Bendit) y recurriendo a la técnica que llamábamos entonces de “la foto quemada” muy pop y muy apta para la reproducción serigráfica.
Y entre los affiches oficialmente clasificados como anónimos, encontramos uno del español José Ortega, el cartel Pouvoir Populaire, cierto que fue un cartel hecho “a la demanda”…porque como fiel militante del PCE, Ortega “se resistía” a colaborar. Ocasión esta también de recordar a Pepe Ortas (1930-2003), amigo artista, vinculado a Estampa Popular, experto en serigrafía y que se “quedó a vivir” en el Atelier hasta su desalojo policial y la última estampación- ya en la calle- de aquel melancólico punto y aparte “Retour a la normale…”

Las peculiaridades de la cartelería de mayo podrían sintetizarse así:

-Un proceso de diseño y elaboración colectivo, con base asamblearia y debate sobre propuestas diversas, en que participaban los presentes.
-Una producción artesanal –esencialmente recurriendo a la serigrafía. Precisamente fue esa técnica de estampación la que en buena medida, dio coherencia “y estilo” al cartel mayista. Además, el uso de la serigrafía (y la litografía) dotaron de autonomía al Taller Popular, que de ese modo fue independiente de los avatares de la industria.
-Un linaje gráfico con raíces en el grabado popular, el cómic, la gráfica crítica del expresionismo alemán y “la nueva objetividad” y el eco del más austero pop-art.
-Una doble dimensión en los carteles mayistas más logrados (la misma que encontramos en el mejor cartelismo comercial) es decir, que palabra e imagen constituyeron “un todo”.
La imagen era híper-texto (porque contenía en sí misma discurso) y el texto era también híper-imagen, (porque además de literalidad de la consigna tuvo función gráfica, por su ubicación y su tipografía de urgencia, definida por la rudeza de la letra recortada).
-Un proceso productivo que buscaba la sencillez y la cantidad. Se crearon más de 1500 carteles distintos y las ediciones fueron masivas (16).
-Una pretensión de okupar los espacios públicos, felizmente lograda gracias a la entusiasta difusión militante y las estructuras de acción existentes o creadas en mayo (los comités de acción).
-Una gran diversidad temática de impronta periodística: se diseñó tanto sobre asuntos esenciales, las ideas-programáticas (Ceder un peu c’est capituler beaucoup) como al hilo de los acontecimientos del día a día (La chienlit c’est lui!).
-Y respecto a otros referentes hay que decir que ni la gráfica maoísta ni la propia del realismo socialista, con sus estereotipos, encontró lugar en la cartelería del Atelier Populaire. Con la onda creada por los affiches del 68 no casaban “hombres de hierro” ni “sonrientes orientales”.
Por causas muy diferentes -derivadas del uso de una refinada industria de Artes Gráficas- tampoco cabían en mayo linajes iconográficos ligados al extraordinario cartelismo polaco, internacionalmente reconocido y que contaba desde 1966 con la Bienal del Cartel de Varsovia.
-Parece además importante subrayar la solidaridad activa de imprentas en huelga, porque fueron ellas las que nutrieron al Taller Popular de bobinas de papel de impresión.
-Por último, las tomas de palabra por tant@s no podían ni querían ser más que anónimas. Junto al elemento sesentayochista de crítica cultural frente a la paternidad-maternidad de “la obra” (y la prepotencia de “los mandarines”) emergía la autoría colectiva de la cartelería del Taller Popular, de los panfletos-manifiestos, del pensamiento y acción de los comités tal y como correspondía a la expresión de las labores de un movimiento en marcha, porque en definitiva ¿Puede “firmarse” una Asamblea? ¿Puede “firmarse” una barricada? Por regla general… NO.

Desde Paris, los Talleres se extendieron a ciudades como Marsella, Caen, Strasbourg, Amiens, Grenoble, Montpellier, Dijon…
Mediante todo ello, la cartelería y las pintadas de mayo lograron (en palabras de Jean Jacques Lebel): hacer ver y leer la voz de los sin voz, frente al poder y los media.

Todo ello nos parece ejemplar en nuevos tiempos de esencial difusión de cartelería a través de redes porque, sin encolar en las paredes (los adversarios dirían “sin ensuciar las paredes”)… ¿Como llegar a tantos que no se asoman a internet? ¿Como disputar los muros a la publicidad si se renuncia a usarlos? ¿Como hacer acto de presencia gráfica en la ciudad mediante la convocatoria y la denuncia?

Consideremos además que en general, el impacto social de las comunicaciones está vinculado a los “soportes” desde las que se difunden y les dotan de su funcionalidad.
El uso de soportes de acceso individualizado para la difusión de “propaganda y agitación” (las redes) conlleva interiorizaciones-reflejos también individuales, poco adecuados a la comunic-acción.
El uso de soportes de comunicación colectiva – la pared, la calle- conlleva reflejos colectivos, de llamada a la acción junto con otr@s… (Dicho sea de paso, aun compartiendo que el texto digital, la prensa y el libro, encuentran su recepción idónea en la lectura en solitario y con papel y lápiz cerca).

El fundamento de la validez de la cartelería, las pintadas, la prensa y panfletos mayistas, fue esclarecido en su contexto por grafitis como este:

La radio miente, la prensa es tóxica ¡¡¡leed los panfletos y carteles!!!

Notas:
(1). 1968, El mundo pudo cambiar de base. (Ed. Catarata-2008)/ Coord. M. Garí, M. Romero, J .Pastor
(2). Q. (Ed. de bolsillo-2002)/ Lutther Blissett
(3). Arte y Revolución en la Comuna de Paris (Ed. Piedra Papel-2016)/ M. Romero y Pepe Gutiérrez
(4). La soledad del Constructivismo soviético (Viento Sur nº 114-2011)/ Acacio Puig
(5). Guerra Gráfica (Ed. Lunwerg&Planeta-2013)/ Michel Lefebvre
(6). Guerrilla de la Comunicación (Ed. Virus-2000)
(7-8). Les dossiers de l’histoire (Ed. Quid-1988)
(9). Los situacionistas. (Ed. Acuarela-2007)/ Mario Perniola
(10). Organizar el rechazo (Ed. crítica &alternativa-2012)/ Marc Casanova
(11). Textos Situacionistas sobre los Consejos Obreros (Ed. Campo Abierto-1977)
(12). Animación Sociocultural (Ed. Popular-1992)/ Toni Puig
(13). Les idées de mai (Ed. Gallimard-1968)/ Sylvain Zegel
(14). La Révolution Culturelle Chinoise (Ed. Maspero-1971)/ Livio Maitan
(15). Affiches y Pintadas, la verdadera revolución del 68 (Dossiers feministes-2008)/ Patricia Badenes
(16). Images en lutte (Exposición 2018. Palais des Beaux-Arts. Paris)

* Acacio Puig, artista plástico y pensionista. Histórico militante de la izquierda revolucionaria, represaliado por el franquismo, activista memorialista

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