Memoria del western: ‘El pastor de las colinas’

Por Pepe Gutiérrez-Álvarez. LQSomos.

A los ya abueletes que crecimos viendo las sesiones infantiles de los cines de pueblos y del barrio, el “western” era el no va más; algo que ya había sucedido con otras generaciones aunque en menor escala, y que tuvo su epitafio con el “eurowestern” que ya era otra cosa. En los años cincuenta-sesenta sobre todo, el “western” conoció un glorioso “canto de cisne”, y presentó los momentos de mayor gloria y de un grado de complejidad y matización excepcional. Esto fue posible en no poca medida gracias a la maduración en el oficio de algunos de los grandes cineastas.

Todo el mundo recuerda a John Ford y Howard Hawks, pero sería injusto olvidar a Henry Hathaway autor de ‘El pastor de las colinas’ (The Shepherd of the Hills, USA, 1941) un suerte de western gótico del maestro como Hathaway en el que la luz tiene una presencia y un papel fundamental.

Hay una secuencia especialmente bella, aquella que nos presenta a un personaje que tiene un cierto retardo psicológico: en el interior de una cabaña intenta capturar dentro de una haz de luz que entra por la ventana las motas de polvo. Se puede ver a este personaje como la encarnación de una inocencia lesionada que busca poder encontrar la luz en un entorno crispado por una ponzoña de odio y resentimientos y culpas acumulados durante años.

No es un western convencional ‘El pastor de las colinas’ (como tampoco lo era otra obra de Hathaway, de 1936, la también estupenda ‘El camino del pino solitario’ interpretada por Henry Fonda y Fred MacMurray), como el mismo entorno en el que transcurre la acción no es el usual, este poblado en las montañas, esa comunidad cerrada en el que la familia más poderosa, los Mattewhs, comandados por la madre, Mollie (Beulah Bondi), trafican con whisky. Un lugar apartado del mundanal ruido, como una mansión aislada, y en la que hay unas tierras, una casa, sobre la que pesa una ‘maldición’, relacionada con la muerte de la hermana de Mollie, que ha emponzoñado a su hijo, Matt (John Wayne), ya que la muerte de su madre se achaca al padre que les abandonó, y espera el momento, aunque no lo anhele, de matarle algún día (más que por deseo, porque es un destino asumido, es lo que se supone tiene que hacer: es la ley de lo primitivo)…

Y tenemos la llegada de un misterioso extraño, Howitt (Harry Carey), el corazón y protagonista real, ausente o presente en los planos, de esta excelente obra asequible en la red en buenas condiciones, y así garantizar una buena sesión de cine aunque sea en casa.

La “ficha”

The Shepherd of the Hills. Año: 1941. Duración: 98 min. País: Estados Unidos
Reparto: John Wayne, Betty Field, Harry Carey, Beulah Bondi, James Barton, Samuel S. Hinds, Marjorie Main, Ward Bond, Marc Lawrence, John Qualen, Fuzzy Knight, Tom Fadden.
Dirección: Henry Hathaway. Guion: Stuart Anthony, Grover Jones. Novela de Harold Bell Wright. Música: Gerard Carbonara. Fotografía: W. Howard Greene, Charles Lang.

Un forastero se establece en un pueblo de las montañas de Ozark. Su presencia resulta beneficiosa para la vida de sus vecinos, personas rudas y llenas de odio. Pero el recién llegado no logrará vencer la desconfianza de un joven que vive obsesionado con la idea de matar a su padre, al que considera culpable de la muerte de su madre y de todas sus desgracias.

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