El misterio de unos ojos tristes y soñadores

rampling-loquesomos1Carlos Olalla*. LQSomos. Abril 2016

¿Qué tienen en común las miradas de Julie Christie, Charlotte Rampling, Lauren Baccal y Pepa Flores? Aparte de haberme enamorado sin remedio, siempre me he preguntado por qué sentía una irresistible atracción por sus miradas. Físicamente parece claro: las cuatro tienen ojos claros y almendrados, párpados ligeramente caídos y, sobre todo, una mirada triste y soñadora. Muchas mujeres tienen los ojos claros, también muchas los tienen almendrados, algunas, menos, tienen los párpados caídos, y pocas, muy pocas, tienen una mirada triste loquesomos-Bacall-Laureny soñadora. Puede que ahí radique el secreto de esa atracción que provocan en mí: en ellas hay misterio, pasión, ternura, poesía, aventura, viaje… No lo puedo remediar, encontrarme con esos ojos es empezar a soñar. Y ahí está, quizá la clave: Las miradas soñadoras nos hacen soñar en todos esos mundos que posiblemente nunca viviremos, o, quién sabe, que viviremos, aunque puede que eso no sea lo importante. Esas miradas soñadoras son las Ítacas que nos empujan a salir a navegar, a buscar un encuentro, a vivir apasionadamente la vida, a atrevernos a soltar amarras e hipotecas para emprender, libres de promesas y equipaje, el viaje que siempre hemos deseado. Esas miradas que rezuman tristeza son una verdadera invitación a la vida.

marisol-loquesomosTuve la fortuna de que, una vez, una de esas miradas se cruzara en mi camino. Era una mujer de ojos claros y almendrados, de párpados ligeramente caídos, y de mirada profundamente triste y soñadora. Aquella mirada me dio los sueños, el amor y, aunque ella nunca lo supo, también me dio la vida. Fue ella quien me regaló el insondable misterio de la poesía y del silencio, de las puestas de sol, de la canción de los árboles, de la suave caricia del mar, el sabio susurro de las estrellas… Ella me hizo emprender un viaje que me llevó lejos, muy lejos, más allá de las nieblas y el olvido. De su mano recorrí todas las galaxias, ninguna nebulosa se quedó sin verme vagabundear en ese viaje que me llevó a conocer lo más hondo de mí mismo, la esencia de lo que fui, de lo que soy y de lo que pude haber sido… Desde que aquellos ojos entraron en mí ya nunca me he sentido solo. Ella jamás lo supo. Nuestro aquí y nuestro ahora no encontraron el camino, pero nadie podrá quitarme lo que me dio: la profunda emoción de vivir y saberme vivo.
Detrás de esas miradas habita esa tierra secreta de la que hablaba Robert Graves,

“Toda mujer de verdadera alcurnia posee
una tierra secreta más real para ella
que este pálido mundo exterior.
A medianoche, cuando la casa está silenciosa,
deja a un lado aguja o libro
y la visita, invisible.
Cerrando sus ojos, improvisa
un portón de cinco barras entre altos abedules,
salta por encima y toma posesión,
luego corre, o vuela, o monta un caballo,
(un caballo llegará al trote a salvarla)
y viajará donde ella quiera;
Puede hacer crecer la hierba, incitar a los lirios
a mudarse de botón a flor mientras ella mira,
dejar que los peces coman de su mano.
Ha fundado ciudades, plantado arboledas
y bendecido valles por arroyos que corren
frescos a una bahía cerrada.
Nunca me atreví a interrogar a mi amada,
acerca del gobierno de su reino
o de su geografía,
tampoco la seguí por esos álamos
a horcajadas sobre el portón,
espiando en la niebla.
Sin embargo, me ha prometido, cuando yo muera,
un albergue bajo su palacio personal,
en un claro del bosque
donde crezcan las gencianas y los alhelíes
y podamos, a veces, encontrarnos”

julie-christies-loquesomos
Viajero empedernido como soy y sempiterno buscador de la belleza, no puedo menos que perderme en el calor de las mujeres de ojos tristes y soñadores. Son esos ojos los que abanan el calor de mi soledad. Soñador sin remedio, incansable busco en esos ojos los misterios de perdidos mundos que amamantan sueños y construyen soledades. Dejar entrar su mirada es sentir la ancestral caricia de la vida recorriendo mi espíritu, es visitar su tierra secreta, esa que me habla de los mundos que pudieron ser, de los paraísos que perdimos, de los que, juntos, habríamos recorrido si los idus hubieran entendido de aquís y ahoras. Es tanto lo que esos ojos me han mostrado, tanto lo que me han dado…aunque ni siquiera lo sepan ¡Qué sería de la vida sin las mujeres de ojos tristes y soñadores!

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