Mikel Itulain*. LQS. Octubre 2018

Si los catalanes peninsulares quieren separarse de España, tal vez deberían pensar los españoles porque así es. ¿Por qué no miran una historia de persecuciones una y otra vez contra su lengua, sus costumbres, sus bienes, sus derechos y su identidad?

La prensa corporativa se muestra insistente en su intento de desprestigiar a todos aquellos que desafían la tiranía actual que ejercen las familias dueñas de las grandes compañías financieras e industriales.

Así, según su interés, no son buenos aquellos nacionalismos que puedan romper su hegemónico control sobre las naciones existentes. En cambio, sí lo era cuando promovieron, llevando a cabo una guerra económica y enviando armas, la destrucción de un estado social como fue Yugoslavia. Aquí les convenía su desaparición, porque era una economía dominada por el interés general y no el particular, con pleno empleo y bienestar social. Un país no explotable para ellos, además de un competidor, algo inaceptable para el egoísmo de estas gentes que crearon la CEE y hoy dirigen la UE.

Tenemos aquellos que critican el nacionalismo de otros, al que descalifican como de “periférico”, incluso de “étnico”, cuando ellos mismos están defendiendo una nación, que es tan “periférica” como todas las demás, ya que la superficie de una esfera como la Tierra puede tener el centro que bien nos de la gana; y tan “étnico” como cualquier otro, pues no hay ninguna lengua, ni el francés, ni el inglés, ni el español, que no proceda de ni tenga un carácter étnico.

Si los catalanes peninsulares quieren separarse de España, tal vez deberían pensar los españoles porque así es. ¿Por qué no miran una historia de persecuciones una y otra vez contra su lengua, sus costumbres, sus bienes, sus derechos y su identidad? ¿Por qué ese desprecio existente hacia la lengua catalana, a la que se considera como de segunda ante la castellana? ¿Quién no estaría harto de pedir permiso para ser como uno es, de depender de los caprichos y vaivenes de este u otro gobierno o dictadura de Madrid? Piensen en ello, que a algun@s buena falta les hace.

Ya respecto a los denominados populismos, palabra abundantemente utilizada con sentido peyorativo respecto a aquellos sistemas políticos que supuestamente explotan y utilizan las emociones y necesidades de la gente, cabe bien decir que estamos ante otro caso de campaña desinformativa y propagandística. Algo muy común en los medios de comunicación. De este modo se ha conseguido inculcar la creencia que presidentes electos con claridad democrática reconocida por todos los análisis objetivos, sean considerados como populistas. El ejemplo más conocido fue Hugo Chávez y ahora Nicolás Maduro.

Pero, y aquí hay un pero importante, ¿por qué las clases populares, ante la enorme campaña mediática en contra y ante las amenazas económicas y de violencia militar y paramilirar interna y externa insistían e insisten en elegir a estos políticos? La respuesta uno la puede obtener si se molesta en preguntarles a ellos y ellas, y nos la ofrece con meridiana claridad el historiador norteamericano Michael Parenti.

Millones de sus compatriotas perciben correctamente a Chávez por ser el único presidente que ha prestado alguna vez atención a las zonas más pobres de la nación. Su gobierno representa una forma completamente diferente de organización social, en la cual las naciones del mundo deberían poner a la gente por delante de los beneficios, usando la riqueza de la nación para servir a la población trabajadora en vez de a los pocos privilegiados. 1

No son por tanto gobiernos populistas, sino populares. Con respaldo real y sincero de la mayoría de la población.
Por el contrario, un gobierno populista utiliza y engaña a la gente para su beneficio propio. Es el caso de Venezuela, pero antes de la llegada de Chávez en 1999. Veamos lo qué ocurría entonces.

Los indicadores monetarios favorables y lo que se ha descrito como “la posición privilegiada de Venezuela”, no obstante, enmascaran y oscurecen la cruda realidad: el drama interno de la pobreza rural y urbana, la desnutrición infantil y el desaliento de grandes sectores de la población. Las formalizaciones parciales del economista liberal excluyen de manera conveniente esta realidad de su modelo interpretativo… 2

El público occidental, tan ignorante como creyente en una superioridad moral, cultural e intelectual, está completamente engañado y es una perdición, no así el de otras naciones

Todos los medios de comunicación de Venezuela, prácticamente todos, están en contra del gobierno bolivariano. Que éste haya ganado prácticamente todas las elecciones, en alguna forma da cuenta de cómo el pueblo tiene claridad y puede derrotar la mentira de los medios. 3

Populistas son así mismo aquellos que dirigen nuestros países en la UE y que se arrodillan y piden permiso a l@s grandes magnates, olvidándose de la gente de la calle, a la que conducen a la extrema explotación.

Lo que se dirime en estos tiempos no es algo menor. Mucha gente se dio cuenta que la archimencionada globalización no tenía que ver con un mundo más amable, más solidario y pacífico, sino con un enorme incremento de la pobreza para una mayoría y del privilegio para una minoría. Un mundo sórdido que debe ser finiquitado. Las políticas realmente nacionales, protectoras, son una amenaza para tal horror. De ahí las campañas mediáticas a las que asistimos.

Referencias-Notas:
1.- Michael Parenti. The face of imperialism. Paradigm Publishers. 2011, p.118.
2.- Michel Chossudovsky. La miseria en Venezuela. 1976. Enlace
3.- Es falso que en Venezuela exista una dictadura: Luis Britto. La Jornada, 27.04.2014.

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