Clara Ardévol Mallol*. LQS. Septiembre 2018
Traducido para LoQueSomos por Mireille Tumba

He sido víctima de vulneración de derechos muy básicos, como el derecho a la intimidad: me podían leer las cartas, escuchar las llamadas, grababan las visitas, podían entrar en la celda sin avisar

Hablamos con el activista del movimiento anarquista Straight Edge, absuelto después de haber estado en prisión preventiva por terrorismo durante un año y cuatro meses.

El caso judicial del activista anarquista Juan Manuel Bustamante, alias Nahuel, ya se ha cerrado definitivamente. Después de un año y cuatro meses en prisión provisional, ha sido absuelto de un presunto delito de enaltecimiento del terrorismo a raíz de haber publicado unos tuits contra el sistema capitalista. Esta querella partía de una acusación inicial de terrorismo, que le llevó a la prisión a pesar de haber sido descartada posteriormente.

Nahuel pertenece al movimiento Straight Edge Madrid, que se define como anarquista, vegano y abstemio. Los integrantes de este movimiento, muy ligado a la música hardcore, se limitan a realizar activismo en las redes y a organizar conciertos. No obstante, Nahuel y cinco compañeros del movimiento fueron detenidos en 2015. La policía diseñó un relato que le convirtió en el principal dirigente de un grupo terrorista responsable de los incendios a sucursales de La Caixa y Bankia en 2013 y 2015. ¿Las pruebas? Unas pintadas con las siglas del movimiento localizadas en una de las sucursales, la tenencia de objetos tan sencillos como productos de limpieza, tornillos, latas y tuits críticos con el sistema capitalista.

La Audiencia Nacional consideró que todo esto era suficiente para imputarles los delitos de integración en organización terrorista, tenencia de explosivos, daños con finalidad terrorista y enaltecimiento del terrorismo. De este conjunto de acusaciones, que sumaban más de treinta y cinco años de cárcel, sólo se mantuvo la última, pero desde el principio dictaron prisión provisional. Cuatro de los acusados la pudieron eludir con fianza, pero dos de ellos tuvieron que ingresar en prisión- Nahuel es que más tiempo ha estado: un año y cuatro meses bajo el régimen más severo y con traslados constantes. La sentencia absolutoria, que manifiesta que no había rastro de terrorismo en el caso, ni tan solo en los tuits, se firmó el 26 de julio pasado. Finalizado el plazo para interponer recurso por parte de la fiscalía, hablamos con Nahuel que nos explica cómo ha vivido este abuso de la prisión provisional y reflexiona sobre la criminalización del anarquismo por parte de la justicia española.

—La policía consideró que el movimiento Straight Edge, del cual forma parte, tenía relación con dos incendios en sucursales de La Caixa y Bankia y os investigó por terrorismo. ¿En que se basaban para establecer esta relación?

—En primer lugar, me gustaría decir que vivo en un barrio obrero que, como cualquier otro barrio obrero, está lleno de pintadas. Las hay anarquistas, comunistas y hasta fascistas, hechas por los Ultrasur. Lo que llamó la atención a la policía fue que cerca de la sucursal había una pintada que ponía ‘SXEMAD’, que es la abreviatura de Straight Edge Madrid, y lo quiso investigar. Estas siglas las puede conocer cualquiera ajeno al movimiento y que conozca la subcultura. Cuando empezaron a investigar, vieron que yo vivía al lado de esa sucursal. Después vieron que compartíamos letras de canciones de bandas hardcore que hablan de revolución. Dedujeron que el uso simbólico que se da al fuego en estas canciones es una llamada a quemar cajeros, aunque no hubiera ningún mensaje directo que lo confirmara. Llegaron a la conclusión que quemábamos cajeros sólo porque las canciones que compartíamos hablaban de fuego y porque formamos parte de un movimiento anarquista contrario al capitalismo.

—¿Que hacíais, en realidad, como movimiento?

—El Straight Edge nace del hardcore, un género musical muy ligado al hecho de hacer tu mismo las cosas y al underground. Nosotros solo organizábamos conciertos y eventos musicales relacionados con este movimiento. Esto se dijo en el juicio. Un policía que nos había seguido durante meses declaró que no había observado que hiciésemos ninguna actividad ilegal. La única cosa que vio fue que habíamos organizado muchos conciertos, pero esto no es terrorismo.

—¿Cómo fue el momento de su detención?

—Yo estaba en casa de la que era mi pareja, jugando a la consola. Un rato después de habernos acostado, sobre las cinco de la mañana, empezamos a oír golpes en la puerta. La policía entró de manera violenta. Habían ido a mi casa, pero no me encontraron y por esto fueron a casa de mi pareja, a la que también buscaban. Insistí en preguntar de que me acusaban, pero no consiguieron aclarármelo. Finalmente, me enteré que era por terrorismo. Uno de los agentes me dijo: “Tus compañeros ya han hablado, tienes que reconocer lo que has hecho…” Pero yo no sabía lo que había hecho.

—¿Qué material requisaron y como lo utilizaron en contra vuestra?

—Cuando llegaron a mi casa, una de las cosas que se llevaron fueron los tornillos de mi cama de Ikea. La policía consideró que esos tornillos eran material para fabricar bombas, a pesar del hecho que no volvieron a aparecer en la investigación. Lo presentaron como la prueba más importante, pero en el transcurso de la investigación, no tuvo ninguna importancia. Esto evidencia que la misma policía, y sin escrúpulos, crea este tipo de propaganda para que la gente tenga miedo. También se llevaron videojuegos. Uno en concreto, Red Dead Redemption, se lo llevaron sólo porque leyeron las palabras “muerte roja”. Como prueba, ¡un videojuego! Y objetos como libros e incluso las cartas de mi exnovia, que eran del 2011. Tenían un corazón con una A anarquista, y por esto se las llevaron. El agente las hubiese podido leer allí mismo y saber de qué trataban, pero me dijo: “No, esto ya lo investigaremos.”

—¿Y sus compañeros?

—Todavía fue más ridículo: a una compañera le cogieron una botella con zumo de naranja y a un compañero una botella de una bebida no alcohólica que dijeron que era cerveza y que podía servir para hacer cocteles Molotov. Les llamó la atención teniendo en cuenta que somos un grupo abstemio. Incluso investigaron la composición de unos petardos que encontraron, que además eran para niños. Les pareció sorprendente que la gente tuviera petardos en noviembre. Fue un absurdo tras otro…Una cosa muy graciosa que ocurrió en el juicio es que el encargado de la investigación cuestionó el hecho de que tuviera una cuenta en Bankia y a la vez llamar a boicotear a los bancos. Como diciendo: “que anarquista…”

—En un primer momento, la base de la acusación eran unos productos químicos que supuestamente servían para fabricar explosivos. Más tarde, se demostró que eran simplemente productos de limpieza. ¿Con que argumentos mantuvieron la acusación después de esto?

—La policía ya concluyó que no había ni explosivos ni nada en junio de 2016. En ese momento, hubieran podido al menos reducir las acusaciones o dejarme salir de prisión, pero siguieron argumentando que, si se mezclaba ese material con pólvora o mecheros, se podía hacer un petardo. No fue hasta más adelante que cambiaron la acusación.

—Para la acusación de terrorismo, ha estado un año y cuatro meses bajo el régimen penitenciario más severo. ¿Qué ha supuesto?

—Estuve en régimen de aislamiento en cinco prisiones diferentes. Fue un caos total. Pasaba más de veinte horas al día encerrado en la celda. Esta medida se basaba en la peligrosidad que yo representaba para ellos. Me consideraban muy peligroso…

—¿Esto justificaba los traslados?

—No. Es más, la única vez que tuve contacto con un preso abertzale, le sorprendió muchísimo mi situación porque me dijo que el solo había estado en una cárcel y que había gente que llevaba dos años presa y no la habían movido tanto como a mí. Además, tenía prohibidas unas cuantas cosas: si bien el resto de presos podían llamar diez veces a la familia, yo sólo podía hacer ocho llamadas; si el resto podía enviar todas las cartas que quisiera, yo sólo tenía permitidas dos semanales, que llegaban con semanas de retraso. He sido víctima de vulneración de derechos muy básicos, como el derecho a la intimidad: me podían leer las cartas, escuchar las llamadas, grababan las visitas, podían entrar en la celda sin avisar… Los módulos de aislamiento son una cárcel dentro de la cárcel. Esto lo decían hasta los funcionarios. Para comer, cuando estaba en Estremera y me habían aceptado la dieta vegana, me daban platos de plástico desechables con arroz y dos tomates en rama. Esto es lo que comía en todo el día: dos platos de arroz. Reclamé y me dijeron que no se incumplía ningún reglamento porque, según el informe médico, era una dieta muy nutritiva. También tenía falta de vitamina D por qué no me daba el sol y a esto hay que añadir la espalda. Ahora tengo hiperlordosis por haber estado tanto tiempo tumbado y sentado.

—Psicológicamente, ¿qué consecuencias ha tenido?

—Saliendo de la cárcel, noté que solucionaba los conflictos de manera diferente. Allí dentro, la solución a los problemas es la violencia, los gritos o las peleas, y te acostumbras. Muchos presos me lo habían dicho: en la cárcel, tu tolerancia disminuye. Yo siempre había sido muy pasivo en las discusiones, pero cuando salí estallaba a la mínima. A principios de año caí en una depresión. Sigo yendo al psicólogo y al psiquiatra. Si eres culpable, asimilas mejor lo que te ha pasado, pero a mí todo me parecía muy absurdo y surrealista. Por ejemplo, me pareció increíble que al final se acabaran utilizando como base acusatoria unos tuits que había hecho, que supuestamente incitaban al terrorismo.

—La acusación de terrorismo cayó y se mantuvo el enaltecimiento del terrorismo. Los tuits en cuestión decían cosas como ‘Muerte al capital’, ‘Odiando España, odiando el tabaco’ o ‘No des a nadie el poder de quitarte la libertad. Eres propietaria de tu vida, ya no una esclava’. ¿Qué piensa de ello?

—La mayoría eran letras de canciones de grupos de hardcore. Publicamos un texto de una que decía “Declaración de guerra”, con el enlace del videoclip al lado. Quien investigaba, sólo tenía que hacer clic para darse cuenta. Misteriosamente, no había videos para inculparnos de los incendios. Por lo tanto, cuando los solicitamos, se deshizo el relato. A pesar de ello, como había habido más condenas relacionados con usuarios de Twitter, parece que querían dejarnos con una sentencia de seis meses o un año… Yo me pregunto qué inversión se ha tenido que hacer en esta investigación. ¿Que se ha hecho del dinero de todas las investigaciones contra el terrorismo que han acabado en nada? ¿Qué tipo de interés público tenían?

—Finalmente, ha sido absuelto también de enaltecimiento del terrorismo. ¿Se lo esperaba?

—La verdad es que no, sinceramente. Visto cómo había ido este caos, me sorprendió. Después de haber vivido una año y medio de injusticias, no me esperaba nada bueno. Me llamó mucho la atención que la jueza que llevaba mi caso, Carmen Lamela, archivara la causa de Pandora por qué no había nada. Yo no entendía por qué no hacía eso mismo con nuestro caso, porque era calcado a todas aquellas operaciones. La diferencia es que Pandora la llevaba los Mossos, no la policía española. Más adelante se investigó a uno de los altos mandos, al major Trapero…

—Ha sido muy crítico con Lamela. Además de llevar su caso, también ha estado detrás de abusos claros de prisión provisional, como ahora el caso de Altsasu o de los presos políticos independentistas.

—El juez Garzón decía en una entrevista que en la justicia española, haciendo una serie de encargos políticos, se podía ascender profesionalmente y que el ejemplo más claro es la jueza Lamela. Ahora está en el Supremo y esto que empezó a ejercer en la Audiencia en 2014. Ha hecho una carrera muy rápida y creo que nadie sube tan rápido. Ella solicitó el informe a la Guardia Civil para el caso de Altsasu, por ejemplo. Parece que el ala conservadora necesita la construcción de un enemigo interno. Primero fue todo aquello que representaba la izquierda abertzale en el País vasco. Aunque no fueran ETA, todo era ETA. Más adelante, los anarquistas. Y ahora los catalanes. Van en la misma línea que la policía patriótica de Jorge Fernández Díaz: perseguir todo aquello que represente una oposición en la calle.

—Además de la jueza, su caso y el de Altsasu también tienen en común que parten de una acusación muy grave que después se reduce. ¿Cree que es una estrategia?

—A mí me recuerda la doctrina del shock. Con un caso mediático que castigue a uno, puedes educar a muchos. Nos tendríamos que rebelar contra las injusticias, pero si la gente que lo quiere hacer ve que otras personas están en la cárcel sin haber hecho nada, se pregunta que le puede pasar. Es una forma de coerción hacia una clase de oposición que quieren eliminar. Fernández Díaz ha tenido contacto con mandos de la policía chilena. De hecho, muchos casos relacionados con anarquistas en Chile (como el caso Bomba) son un calco de operaciones como Pandora o Piñata. Es la misma estructura, la misma manera de utilizar las fuentes y la misma organización jerarquizada.

* Nota original publicada en el diario digital VilaWeb. Un compromís amb el periodisme i amb el país
Traducido para LoQueSomos por Mireille Tumba

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