Ninguna mujer es un culo

Leticia Corral*. LQSomos. Enero 2017

La polémica por la suspensión del concurso que elige a la cola más linda del verano, y la discusión sobre los certámenes de belleza que coronan reinas y princesas a las más lindas, pone bajo la lupa estas definiciones culturalmente construidas sobre los cuerpos femeninos. No se trata de enfrentar lindas vs feas, gordas vs flacas, sino revisar este discurso automático sobre ¿qué es un cuerpo bello? ¿qué finalidad tienen esos concursos? en un contexto de lucha feminista que avanza rebelando subjetividades, en una etapa del capitalismo donde nuestro cuerpo es el bastidor donde se inscribe la violencia machista.

En esta época del año, afloran los certámenes de belleza, elecciones de reinas princesas y de culos perfectos. Todos sabemos cuáles son los parámetros normalmente aceptados para participar de ellos, porque nos han enseñado qué cuerpos son elogiables, deseables y premiados. Hay un discurso culturalmente construido en torno a la noción de belleza femenina, que según las épocas varía, pero siempre exige un modelo ideal al que toda mujer debe alcanzar para poder sentir que existe. Pero resulta que como todo modelo, es una idealización: «el mapa no es el territorio». Ese modelo no es ajeno a la época, a las disputas y definiciones políticas, porque muchas sentimos que es el momento para hacer de nuestro cuerpo una rebelión. Nuestro cuerpo femenino territorio a colonizar, objeto de la violencia machista y patriarcal, también es un espacio de disidencia.

Hace algunos días se informó que el famoso certamen que elige a la mejor cola del verano se suspendía. Muchas fueron las opiniones, pero no resulta casual que se diera en estos momentos. Y es que algo está cambiando, la lucha feminista avanza redefiniendo, deconstruyendo. Porque una presión desde abajo logra imponer cambios, y replantear discursos.

Estamos aquí para dar esa batalla, ninguna mujer es un culo. Nosotras, las que tenemos cuerpos inapropiados frente a una sociedad que estandariza y controla, nos reunimos, nos organizamos, conformamos alianzas para intentar rehacer esas estructuras impuestas que nos esclavizan. No somos el mapa, somos el territorio, el que nos pertenece, existimos y nos hacemos visibles para construir nuevos cuerpos, nuevos deseos, nuevas bellezas. Esta rebelión, no solo nos interpela individualmente sino que se trata también de un encuentro colectivo.

Rechazamos esas fronteras que imponen qué cuerpos son lindos/feos, normales/deformes, válidos/inválidos, saludables/enfermos. Haremos de nuestro cuerpo una gran rebelión, no queremos ni princesas ni reinas ni colas perfectas.

Lucrecia Masson, feminista sobre disidencia corporal desde el activismo gordo, afirma «Es necesario atentar contra la matriz que nos organiza corporalmente. Desnudar el artefacto que nos construye en tanto cuerpos, en tanto territorios donde se inscriben lecturas. Es necesario desafiar esas lecturas y crear, imaginar, fantasear, inventar nuevos relatos. Hay un gran aparato ficcional que hace que nuestros cuerpos se lean como “generizados” o racializados o viejos, o discapacitados, o gordos, o enfermos.»

Nuevos paradigmas afloran. Por lo tanto resulta urgente poner bajo la lupa certámenes de belleza que no hacen mas que reafirmar y reproducir estándares que son ahistóricos a los debates que las mujeres venimos dando.

La elección de reinas y princesas de belleza, ya no está a la altura de las discusiones, en un país donde se realizaron masivas movilizaciones contra los femicidios, escaladas violentas que no cesan. Un ejemplo es el certamen de belleza que elige y corona a la reina del mar en la ciudad de Mar del Plata. Tan cristalizada tradición, que se vuelve obsoleta frente a nuestras necesidades. Porque en esa misma ciudad falta Lucía, y otras tantas. Porque mientras se elija a una, como representante de la ciudad pujante y bella, muchas otras se reunirán en la rambla el 6 de enero, como un anticipo de lo que será el próximo paro internacional de mujeres.

En éste contexto bélico, donde una mujer muere cada 30 horas a manos de su pareja, donde nuestros cuerpos son torturados, incendiados, empalados, seguir sosteniendo esos concursos que no hacen más que objetivizar el cuerpo femenino, es contribuir ingenuamente o no, a la violencia patriarcal que nos está matando.

Por eso, con fuerza transformadora intentaremos rebelar nuestro cuerpo, rebelar mi cuerpo, de esa cultura obsesionada no con la delgadez, ni la belleza, sino con la obediencia » la dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres”, explica la escritora Naomi Wolf.

* Para ANRed

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