No vinimos al exilio para pedir el indulto

«Que nadie hable por nosotros, que no interfieran en nuestra estrategia buscando atajos que no queremos»

Después de cuatro años en el exilio, el presidente Carles Puigdemont ha pedido respeto para su estrategia al mismo tiempo que se reafirma en la convicción de que la solución al conflicto político pasa por la amnistía, reclamando que su situación personal «no forme parte de ninguna agenda de la llamada mesa de diálogo ni de ninguna conversación bilateral»… «No buscamos ningún indulto anticipado, no es solución al conflicto», así lo escribía en un artículo de opinión publicado este pasado jueves 14 de octubre en ‘El Punt Avui’. Un artículo que reproducimos en su integridad traducido para LoQueSomos por nuestra compañera Leticia Palacios.

Por Carles Puigdemont – 130 President de la Generalitat y eurodiputado

En todas las reuniones y conversaciones que he tenido con representantes de partidos y entidades soberanistas, he querido explicarles los detalles del trabajo y la estrategia de la lucha en el exilio, y he intentado dejar claro que el éxito depende de que se mantenga la coherencia y la firmeza expresadas desde el primer momento en el que comparecimos en Bruselas. De manera especial, me ha gustado poder hacerlo con todos los compañeros que fueron encarcelados y condenados injustamente, con los cuales me he reencontrado en Bélgica y en la Catalunya del Nord. A todos ellos les he dado detalles de las razones que nos impulsan a mantener la pugna con el Estado español mientras se mantenga el estado de represión que alteró la celebración del referéndum del 1 de octubre y desencadenó una persecución sin precedentes contra las instituciones nacionales y todo el movimiento independentista.

En todos estos años he sido muy respetuoso con las estrategias de defensa que se han seguido desde el interior; creo que nadie podrá decir que he interferido en modo alguno ni he querido condicionar las decisiones que cada cual ha considerado oportuno tomar. El resultado tanto de todo el proceso de prisión preventiva, abusiva y arbitraria, como del juicio y los indultos es ajeno a lo que yo haya podido decir o hacer durante todos estos años. Esta es mi posición y he procurado ser siempre fiel a ella.

En consecuencia, a nadie le sorprenderá que pida lo mismo para quienes compartimos la lucha en el exilio. Pido que nadie hable por nosotros, que no interfieran en nuestra estrategia buscando atajos que no queremos. Cuatro años de exilio nos han reafirmado en la idea de que la solución al conflicto entre Catalunya y España es política y es colectiva; que no hay salidas personales ni soluciones a medida para nadie.

Emprendí el camino del exilio para defender la legitimidad de mis actos como presidente de Catalunya, para defender la institución que representaba por mandato del Parlament y para defender la declaración de independencia

A todos los que se han dirigido a mí con la mejor intención del mundo -que agradezco profundamente- para proponerme itinerarios de resolución de nuestra situación personal les he dicho lo mismo, sin ningún riesgo de confusión: la prioridad es la resolución del conflicto político, que puede tener como consecuencia la resolución de las situaciones de los miles de personas afectadas por la represión. En este sentido, siempre he defendido que la amnistía forma parte de la fórmula para la resolución del conflicto, y no dejaremos nunca de reclamarla con insistencia, naturalmente no a cambio de renunciar a la autodeterminación.

Pido, pues, respeto. Se lo pido también a mi gobierno por si ha tenido o tiene la tentación de incluir esta “salida personal” en las conversaciones que mantiene con el gobierno español. Ni buscamos un indulto anticipado ni creemos que esa opción aporte solución alguna al conflicto, y por descontado no se la aporta a las más de tres mil personas afectadas por la represión.

El presidente Carles Puigdemont saliendo del tribunal de Sassari, donde le esperaban Toni Comín y Clara Ponsatí, el 4 de octubre del 2021

Pero también es posible, y para eso trabajamos cada día, que nuestra estrategia logre los objetivos que nos hemos propuesto, circunstancia para la cual también estamos preparados. No nos hemos rendido nunca y no lo haremos ahora que ha comenzado una fase tan decisiva y tan largamente preparada. Tenemos argumentos sólidos y ya hemos acumulado algunas evidencias que refuerzan nuestra posición. Ya no es solamente una teoría elaborada al principio de nuestra vida en el exilio, cargada de incertezas, amenazas y precariedad, sino una ruta que sabemos que se puede recorrer y que nos ha permitido la confrontación con el Estado de manera inteligente.

Emprendí el camino del exilio para defender la legitimidad de mis actos como presidente de Catalunya, para defender la institución que representaba por mandato del Parlament y para defender la declaración de independencia como un acto político sobre el cual trazar la ruta hasta el reconocimiento internacional de la república catalana. Teníamos que combatir el golpe de estado del 155 en las mejores condiciones para poderlo hacer.

En cuatro años no todo han sido aciertos, pero hemos cumplido con nuestro deber y hemos asumido una vida difícil no exenta de riesgos permanentes con tal de mantener nuestra posición y continuar el combate democrático contra un Estado demofóbico. El camino de nuestro retorno tiene que venir inspirado por este compromiso. Ciertamente, volver como personas libres, tal como lo éramos cuando emprendimos el camino del exilio, es una idea que me acompaña cada día cuando me levanto y cuando me voy a dormir. Pero desde entonces hemos asumido la defensa de una institución atacada con violencia por los poderes del Estado. Y yo no tengo el derecho de abandonarla para obtener a cambio una supuesta normalización de mi vida y vivir en un estado que no ha normalizado su democracia.

Alguien ha dicho que tengo que formar parte de la solución al conflicto, pero quienes lo dicen me temo que quieren decir otra cosa. A estas alturas ya nos conocemos. Sin embargo, si se considera que tengo una parte de responsabilidad en un auténtico proceso de negociación política con el Estado español, sin condiciones previas y con toda la ambición que hay que suponerle, la puedo asumir perfectamente desde mi vida en el exilio. No es necesario que me arreglen nada previamente. Y pido, por tanto, que mi situación personal no forme parte de ninguna agenda de la denominada mesa de diálogo acordada por ERC y el gobierno español ni de ninguna conversación bilateral.

* Nota original: El Punt Avui.
Traducido por Leticia Palacios, miembro del Colectivo LoQueSomos.

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