¡Novedad! Franco, de héroe a figura cómica de la cultura contemporánea

Por Cecilia Remis. LQSomos.

No se trata de una biografía, sino que su objeto de interés se centra en los perfiles con los que Franco fue presentado, sus transformaciones acomodaticias al entorno político mientras vivió, así como la representación de su figura tras su muerte, visible tanto en los medios convencionales como en el universo de Internet

Estamos ante un estudio de nuestra historia reciente de la mano de Matilde Eiroa San Francisco, quien nos habla sobre los revisionistas, de los que quieren mantener la idea del héroe salvador de la patria por encima de todo…

El libro hace un recorrido por la representación de la figura de Franco a lo largo de varias décadas y el modo en que ha estado presente en la sociedad española a través de la producción historiográfica, los ensayos, la cinematografía, las obras artísticas o más recientemente Internet. Los lectores observarán en sus páginas el tratamiento inicial que se le otorgó como un héroe ungido por la divina providencia, para continuar con el mensaje del resistente ante Hitler o de introductor de la monarquía democrática. Este enfoque se ha perpetuado tras su muerte y ha llegado hasta nuestros días de la mano de nostálgicos, del neofranquismo y del revisionismo. También observarán que ha tenido que convivir con una interpretación más rigurosa de su gestión y de una biografía no tan sublime.

La caja de herramientas para comprender el franquismo se va renovando cuando se analiza la representación de la figura de Franco y el modo en que ha estado presente en la sociedad española a través de la historiografía, los ensayos, la cinematografía, las obras artísticas o Internet. Hubo un tratamiento inicial que se le otorgó como un héroe ungido por la divina providencia, para continuar con el mensaje del resistente ante Hitler o de introductor de la monarquía democrática. Este enfoque se ha perpetuado tras su muerte y ha llegado hasta nuestros días de la mano de nostálgicos, del neofranquismo y del revisionismo. La producción cultural sobre el dictador continúa en el siglo XXI. Su figura sigue siendo objeto de estudio de los historiadores, pero también de los polemistas, los comunicadores, el movimiento memorial, el cine o la televisión. La irrupción de Internet ha contribuido a la difusión de un personaje halagado, pero también desmitificado, especialmente a través de las herramientas del humor, como los memes, esas unidades cómicas que han desprovisto de su aura a quien fue Caudillo de España… Matilde Eiroa.

El recorrido llega a la producción cultural sobre el dictador en el siglo XXI. Su figura sigue siendo objeto de estudio de los expertos, pero también de los polemistas, los comunicadores, el movimiento memorial, el cine o la televisión. La irrupción de Internet ha contribuido a la difusión de un personaje halagado, pero también muy impopular. A estas perspectivas se ha sumado el humor, un recurso expresivo que le ha convertido en meme, esas unidades cómicas que han desmitificado para siempre a quien fue Caudillo de España.

La autora

Matilde Eiroa San Francisco, es doctora en Historia Contemporánea y profesora titular de la Universidad Carlos III. Sus trabajos de investigación se han centrado en el estudio del franquismo, especialmente desde la perspectiva de la política interior, las relaciones internacionales y, en los últimos años, sus medios de comunicación. Es autora de artículos en revistas científicas de reconocido prestigio –Historia Social, Ayer, Telos, Historia y Comunicación Social, Hispanianova o Cuadernos Diplomáticos-, de capítulos en libros nacionales y europeos y de varias monografías.

Ha participado en proyectos I+D+I, Acciones Complementarias y dirigido una Acción Jean Monnet. Igualmente ha sido profesora invitada en la Universidad Carolina de Praga, Universidad de Szeged (Hungría), Universidad de Varsovia, Universidad Saint Climent d’Ohrida de Sofía y Universidad de Módena entre otras.

Es autora de artículos en revistas científicas de reconocido prestigio –Historia Social, Ayer, Telos, Historia y Comunicación Social, Hispanianova o Cuadernos Diplomáticos-, de capítulos en libros nacionales y europeos y de varias monografías.

Su libro “Isabel de Palencia. Diplomacia, periodismo y militancia al servicio de la República” (Colección Atenea, ISBN. 978-84-9747-716-1) Fue en 2013 con el Premio de Investigación Victoria Kent, de la Universidad de Málaga.
Además de sus colaboraciones en obras colectivas también a publicado:
– Españoles tras el Telón de Acero: el exilio republicano y comunista en la Europa socialista. Marcial Pons Historia, 2018, ISBN: 978-84-16662-28-9.
– Métodos de investigación en la comunicación y sus medios. Coautora junto a Alejandro Barranquero, Editorial Síntesis, 2017, ISBN: 978-84-9077-472-4.
– Política internacional y comunicación en España (1939-1975): las cumbres de Franco con Jefes de Estado. Ministerio de Asuntos Exteriores, 2009. ISBN 9788485290833.
– España, voz en «off»: teoría y praxis de la prensa española en el contexto de la Guerra Fría. Coautora junto a Pilar Carrera Álvarez, Tirant lo Blanch, 2008. ISBN 978-84-9876-234-1.
– Las relaciones de Franco con Europa Centro-Oriental. Ariel, 2001. ISBN 84-344-6628-7.
– América Latina, hoy: bibliografía crítica. Universidad Europea-CEES, 1996. ISBN 8488881428.
– Viva Franco: hambre, racionamiento, falangismo. Málaga, 1939-1942. Autoedición, 1985, ISBN 84-605-2463-9.
– Política exterior y cambios internos en el régimen de Franco. Universidad Europea de Madrid, 1995. ISBN 8488881150.
– Mujer, cárcel, franquismo: la prisión provincial de Málaga (1937-1945). Coautora junto a Encarnación Barranquero Texeira y Paloma Navarro Jiménez, 1994, ISBN 84-605-0179-5.

Os dejamos con el prólogo, íntegro, de Ángel Viñas, que entre muchas cosa es historiador y “látigo” contra la manipulación histórica…

Prólogo

En cualquier momento anterior, por ejemplo, hace veinte años, un libro parecido al presente hubiera sido más que bienvenido, pero no hubiese tenido la textura específica y la modernidad de la obra que su autora, la profesora Matilde Eiroa, me ha pedido que prologue. En realidad, no necesita prólogo. Es de lo más actual y de lo más “tecnológicamente” avanzado que uno pueda desear en estos momentos. En aquel entonces no hubiera sido posible escribirlo, ni por razones ambientales ni por la evolución registrada en la ciberesfera. Hoy lo es y su autora lo demuestra no solo sobradamente sino con toda la brillantez que se trasluce a lo largo de la obra.

A lo que sí me atrevo es a afirmar que hace veinte años un libro como el que ahora tiene el lector en sus manos no hubiera sido tan necesario como en la actualidad. Por varias razones. En primer lugar, y ante todo, porque las condiciones ambientales han cambiado. Al comienzo de siglo ya cobraba fuerza una campaña de denigración de la primera experiencia democrática en España. También se combinaba con una reexaltación de la figura máxima que tanto contribuyó a darle la puntilla. Franco no fue gestado en el tálamo de hierro de los héroes trascendentales, pero superó todas las expectativas bajo el sol abrasador de Marruecos: en cuanto a falta de escrúpulos y capacidad de jugar con el propio honor (un bien preciado para la casta militar de la época) no necesitó aprender casi nada. Probablemente tales “virtudes” le fueron innatas. Ya entonces, en fecha tan temprana como 1916-1918, empezó a mentir incluso al propio Alfonso XIII. ¿Qué diríamos, pues, de los inferiores? No es, pues, de extrañar que llegara a situarse en condiciones de convertirse en el salvapatrias por excelencia.

Hoy, después de la experiencia de las dos legislaturas en las que se pergeñó, aprobó y empezó a ponerse en práctica la Ley 52/2007 y, en particular, con la ganada en el largo período de retracción y de no aplicación de la misma bajo la gestión de los Gobiernos subsiguientes, Franco volvió a ser noticia en algunos momentos, muy a pesar de sus nostálgicos. Ya no duerme el sueño eterno en Cuelgamuros.

En segundo lugar, las actuales tecnologías de la información y de la comunicación han potenciado su memoria, en un sector no despreciable de la sociedad española, y renovado su papel carismático como poco menos que una figura de culto: el hombre que exorcizó los demonios seculares de España (es decir, el liberalismo, el socialismo, el comunismo, la masonería, la democracia parlamentaria) y la puso en el camino de la gloria (es decir, en la modesta vía de una incipiente sociedad de consumo). Casi, a decir de sus enaltecedores, sin costes. Aunque trituró todo parecido con los derechos civiles y sociales que ya se aplicaban en prácticamente todos los países de nuestro entorno europeo (del que su régimen había sido mantenido cuidadosamente apartado), la suprema RAZÓN DE ESPAÑA, bajo su ilustre dirección, logró imponerse a la malevolencia de todos sus ancestrales adversarios.

No se explica, de lo contrario, que las modestas medidas de reducción del papel del héroe que había forjado, es un decir, la España contemporánea, hayan suscitado largas y encendidas discusiones. Tanta exaltación superpatriótica. Tantos pensamientos clavados en las pasadas glorias imperiales. Tanta búsqueda de acomodos con las corrientes neoautoritarias y, a veces, neofascistas que han proliferado en Estados Unidos, en diversos países de la Unión Europea y, en particular, en algunos tan íntimamente próximos a nuestros neofranquistas con el solaz tan reconfortante de las situaciones aparecidas en Hungría, Polonia o Chequia, después de que los griegos rehusaran entregarse a las delicias prometidas por su Amanecer dorado.

¡Mira que extraer el despojo mortal de Franco de la tumba que se ganó a golpe de represión y de masacres! ¡Mira que echar a su familia de la noble residencia familiar del Pazo de Meirás! ¡Mira que querer olvidar los éxitos del inmortal “Caudillo”! ¿Acaso se olvida la longitud del palmarés de sus glorias?: salvar a España de caer entre las garras del comunismo; impedir la desintegración de la Patria; haberla puesto de nuevo en el mapa internacional; conducirla por el sendero de la seguridad y de la prosperidad a lo largo de su dilatada y fecunda trayectoria, etc. etc. Y, después de tales proezas sobrehumanas llega un “gobierno social-comunista” y plantea otro desquiciamiento social con una nueva ley, apellidada convenientemente de Memoria Democrática. ¡Cómo si no hubiera habido democracia real (aunque “orgánica”) bajo el mando del “Caudillo”!
Matilde Eiroa, ya acreditada como catedrática de Historia, ha desarrollado a lo largo de su intensa y fructífera carrera académica un permanente interés por el estudio de las interacciones y conexiones entre la investigación histórica, la memoria y la sociedad digital hoy dominante. Ha publicado extensamente sobre su proyección en la red y en la historia digital. Ha esclarecido sus presupuestos epistemológicos y metodológicos. Es coeditora de la primera revista académica española en formato digital (Hispania Nova) y es, al igual que servidor, vocal del Patronato del Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca. Nos conocemos desde hace años. Nos hemos seguido mutuamente.

Se trata de una de las almas beneméritas que está detrás del proyecto HISMEDI. Como cualquier usuario de Internet puede comprobar se trata de una forma de abordar el conocimiento del pasado a través de las nuevas tecnologías y que ha atravesado por dos períodos. El primero centrado en la guerra civil y el franquismo. El segundo sobre las metodologías más adecuadas para la transmisión de ese pasado, pero centrado en la transición política a la democracia. Ambos con financiación pública a través de los ministerios de Universidades y de Economía, la Agencia Estatal de Investigación y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER). Es una investigadora de pro.

Ahora ha abordado en este libro un reto singular: determinar cómo se ha manifestado en la memoria de varias generaciones el recuerdo o la imagen de Franco. Para ello ha pasado por el cendal de la crítica y de la evaluación históricas las obras apologéticas más importantes que siguen estando presentes sobre la figura del “Caudillo” (hay que acostumbrarse a poner este apelativo entre comillas, al igual que en Alemania ya es frecuente que muchos historiadores se las apliquen a la denominación del suyo). Como la propia autora reconoce, su trabajo está hasta cierto punto inspirado en una obra aplicada al caso de Hitler.

Subyace a su análisis un conocimiento exhaustivo de la obra de historiadores y aficionados (periodistas, gacetilleros, entusiastas) y de las disquisiciones de partidos políticos que no es necesario identificar sobre la percepción del papel de Franco en la historia de España. Una tarea que, en manos menos expertas, sería descomunal pero que Matilde aborda con maestría y gracejo.

Para ello recurre a un enfoque analítico no convencional: no se trata de escribir una biografía al uso sino que practica una disección en profundidad de las mutaciones o trasmutaciones de la representación de la figura icónica del “Caudillo” en sus tiempos de gloria sin limitaciones ni reserva durante la formación y consolidación de su dictadura; luego en la transición hacia un sistema democrático homologable con los existentes en nuestro entorno (aberraciones no aplicables al caso español, para el personaje en cuestión); más tarde, en la época de discusión, revival y crítica de comienzos del nuevo siglo y, finalmente, en la actual de predominio de las imágenes del pasado en la era digital, blogoesfera incluida.

Ya han pasado los tiempos en que la fértil imaginación de algunos novelistas de recias raigambres franquistas hacía especulaciones sobre lo que hubiera podido pensar Franco caso de haber resucitado y contemplado la evolución y problemática de una sociedad que ya no era como la que él había conocido y, en no modesta manera, contribuido a configurar. Sin embargo, este libro no es una distopía. Es una obra seria que aplica una metodología común hoy en ciencias sociales y, por supuesto, en Historia.

Está basada en una serie de principios fundamentales, de los que en mayor o menor medida participa todo historiador que se precie: el pasado no existe, hay que representárselo; esta representación es parcial, pero no aleatoria ni caprichosa; se produce utilizando evidencias de muy diversa índole cuya apreciación no es solo subjetiva, sino que aspira a generar interpretaciones susceptibles de contrastación interindividual. Tradicionalmente se trataba de documentos. Ahora se amplía en la época en que nos movemos a representaciones gráficas, fílmicas, sonoras y finalmente digitales.

La autora procede, además, por escalones sucesivos. En primer lugar, a través de las representaciones de época y sus adaptaciones a un entorno cambiante. En segundo lugar, por medio de las determinadas en el paso de la apología a la crítica. Es decir, cuando se tiró a la basura la censura de guerra abierta o de guerra disfrazada que se implantó primero en la España bajo control de los sublevados de 1936 y luego a la totalidad del territorio. Duró, con altos y bajos, hasta la Ley Fraga de 1966 pero, en realidad, hasta su supresión. En tercer lugar, a lo largo de los inicios de la evolución política e institucional hacia un sistema homologable y no enraizado en la “democracia orgánica” y, en él, de la crítica a la hipercrítica basada en el examen y análisis de las fuentes crecientemente disponibles. Por último, en la eclosión de las representaciones de Franco, despojado de sus mitos protectores y trasladado de su lugar de residencia supuestamente eterna.

No cabe, en este proceso, alabar lo suficiente el exquisito cuidado con que procede la autora. Para mí es un ejemplo que me resulta difícil seguir. Pertenezco, en efecto, a una generación anterior, la que nació en la inmediata posguerra y a la que la transición hacia una democracia homologable encontró ya talludito. Matilde Eiroa da una lección de buen hacer y de paciencia exquisita al ir desgranando las loas y las babosidades que continuaron derramándose sobre la figura icónica, más allá del bien y del mal, que de Franco dejó la dictadura en la “historiografía”, en la literatura, en el cine y en la televisión. Siempre bajo los mismos argumentos, como si los historiadores no hubiéramos hecho nuestro trabajo y contribuido a demolerlos: la Patria en peligro, la guerra civil inevitable, las garras de Moscú alargándose ávidas para controlar España, los muertos del terror “rojo”, Paracuellos, la Iglesia perseguida (tema renovado por un Juan Pablo II elevado a la santidad en 2014), etc. Como si todo ello hubiera estado inscrito en los genes de los “malvados españoles” y no hubiera sido una respuesta a la sublevación contra la única democracia realmente existente, frágil, pero democracia, al fin y al cabo, en la España de los años treinta del pasado siglo.

Somos numerosos, si no numerosísimos, los historiadores que hemos clamado en el desierto porque en la ESO, en la FP y en el Bachillerato se preste la debida atención al proceso de formación de la España de nuestros días y en cuyo futuro los jóvenes que transitan por las aulas están llamados a convertirse en ciudadanos de pleno derecho. Para ello, no hay que remontarse al hombre de Atapuerca, a los romanos, a la Reconquista, al Imperio o, si se me apura, a la Monarquía alfonsina. Partiendo de la República y de la guerra civil, para bien o para mal, la España de nuestros días está conformada por la dictadura y por todos los esfuerzos desplegados (y no desplegados) por apartarse lo más lejos posible de ella.

En este trayecto la didáctica de la Historia ha de acomodarse, como han dicho y repetido tantos especialistas, a las nuevas tecnologías. No es de extrañar, por ello, que Matilde Eiroa haya acometido con amenidad la difícil tarea de presentar la imagen, hoy inevitable, de un Franco sometido a memetización a manos de los ciudadanos, muchos de ellos probablemente sin recuerdos propios de tan señera figura.
Quizá los memes, de mayor o de menor gusto (siempre un tema discutible), sean una nueva forma de plantear de manera atractiva para las nuevas (y menos jóvenes) generaciones mensajes poderosos sobre lo que fue y representó Franco. Personalmente me he reído bastante con muchos de ellos, no porque la farsa oculte la tragedia, sino porque contribuye a acercar a la dimensión meramente, pobremente humana a una figura a la que todavía hoy ciertos descerebrados gustarían ver elevada a los altares.

En resumen, en la proliferación -deseable e incluso más que deseable- de obras de autores españoles sobre los períodos y protagonistas de nuestra Zeitgeschichte (historia contemporánea) la que ahora nos ofrece Matilde Eiroa reviste una significación especial. No cabe pasar página si el lastre del pasado continúa pesando sobre las mentes y, lo que es más importante, los móviles y los métodos de transmisión de su conocimiento sin haber puesto no precisamente en el Olimpo a una de las figuras más traumatizantes de la historia española.

Es para mí un placer especial recomendar la lectura de esta obra a todos los públicos, incluidos en especial los pro-franquistas, neo-franquistas y post-franquistas. Comprobarán que, a pesar de los inmensos destrozos causados en los archivos de la represión de la dictadura, en las toneladas de documentos del Movimiento y en los repositorios de la Brigada Político Social y Guardia Civil es todavía posible desmantelar la imagen de quien presidió uno de los períodos más negros de nuestra historia.

Ángel Viñas.
Bruselas, octubre de 2021

La “ficha”

Titulo: Franco, de héroe a figura cómica de la cultura contemporánea.
Autora: Eiroa San Francisco, Matilde. Editorial Tirant Humanidades, colección: Crónica.
Fecha de la edición: 2022, Valencia. Encuadernación: Rústica. Medidas: 23 cm.
Páginas: 329. ISBN: 9788419071026.
Precio: 23,75 €. Tambien se puede encontrar en libro electrónico.

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