Noventa aniversario de la Segunda República

Antonio López*. LQS. Abril 2021

Este año conmemoramos el noventa aniversario de la Constitución republicana de 1931, la primera constitución plenamente democrática y garantista de derechos que ha tenido el estado español.

Esta constitución aspiraba a modernizar y democratizar España y lo habríamos conseguido de no ser por el golpe de estado que dieron los militares, golpistas traidores que se alzaron contra la democracia el 18 de julio de 1936.

Hay que recordar su artículo 1: “España es una república de trabajadores de toda clase, que se organizan en régimen de Libertad y de Justicia. Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo”. La República nació para transformar profundamente la realidad de una España todavía feudal, para garantizar la libertad, los derechos humanos y la justicia social. Había otros artículos de la Carta Magna muy avanzados, entre ellos el 6: “España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional”, el 7: “El Estado español acatará las normas universales del Derecho internacional” o el artículo 25: “No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas”.

El compromiso con la democracia y la voluntad popular se acreditó con la elección del presidente de la República, el único jefe de Estado elegido democráticamente en la historia de nuestro país. La segunda República consiguió muchos avances, el Parlamento se convirtió en el centro de la vida política y de control del Gobierno. También se amplió la democracia constitucionalizando el referéndum, estableciendo un Estado laico y creando un amplio catálogo de derechos, también en ámbitos privados, como el matrimonio, la educación, la familia, el trabajo o la economía. Por primera vez se consiguió la igualdad de género, al reconocer el derecho de voto a las mujeres y el matrimonio civil con igualdad de derechos.

La Constitución Republicana supuso el acceso de todo el pueblo a la cultura y a la educación que, por primera vez, se convirtieron en derechos garantizando la emancipación social. Se estableció el carácter obligatorio de la educación básica, pública, gratuita y laica, lo que significó un inmenso esfuerzo económico por parte del estado.

En lo que respecta a la organización territorial, la segunda República aprobó los estatutos de autonomía de Catalunya, el País Vasco y Galicia, aunque este último no llegó a ser aplicado debido al golpe de estado llevado a cabo por la derecha y el fascismo.

Sin olvidar la segunda, continuamos avanzando en un horizonte republicano. Queremos una III República que sea garantía de unos derechos esenciales que pongan fin a cualquier discriminación familiar o personal, para que todos seamos iguales ante la ley. No queremos cargos hereditarios, queremos que toda la ciudadanía pueda acceder a las más altas instituciones del estado. La nueva República debe garantizar los plenos derechos económicos y sociales, imprescindibles para que todas y todos nuestros conciudadanos/as tengan una vida plena y digna.

Finalmente, hay que avanzar por un proceso constituyente hacia la tercera república, Federal/Confederal, laica, plurinacional, feminista, solidaria, ecológica, con justicia social, que reconozca el derecho a la autodeterminación de las naciones que la componen.

* Nota original del digital «Som Mollet»
– Traducido para LoQueSomos por Leticia Palacios

Tiempo de libertad: sin rey, sin reino

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