Operación Jaro y la necesaria solidaridad

Henrique del Bosque Zapata*. LQS. Marzo 2021

En 1985, el jurista alemán Günter Jakobs acuñó el término Derecho penal del enemigo para referirse a aquel en el que el autor es sancionado penalmente no por el hecho cometido, sino por el hecho de considerarlo peligroso…

La gran repercusión y amplitud de la ola de apoyo y simpatía suscitada por el independentismo galego, a raíz del juicio de doce personas comprometidas con la defensa de Galiza, representa un motivo de satisfacción y esperanza. La solidaridad es el eslabón indispensable para poder avanzar hacia un mundo mejor, y en este caso, se ha demostrado la necesaria solidaridad que rompe con el aislamiento y la estigmatización inherentes a los mecanismos de dominación. Ha agudizado esa solidaridad que actúa sobre la conciencia y la realidad y que, atravesando espacios, militancias y diferencias, estimula desde nuestra zona de confort haciéndonos sentir como propias las injusticias y sometimientos dirigidos contra el otro que pasa, por tanto, a ser parte de nuestra proximidad.

Han pasado más de cinco años desde un operativo Jaro que comenzó en 2015 con la detención de nueve activistas independentistas de la organización política Causa Galiza y continuó con la detención, en 2017, de tres militantes del grupo anti represivo Ceivar. La solicitud de las sentencias que enfrentaron, ante un tribunal excepcional como la Audiencia Nacional, ascendió a un total de 102 años de prisión, junto con la solicitud de disolución de las dos organizaciones. Cinco años de incertidumbre de un vía crucis criminal que terminó con la absolución del imputado y una presión personal y política que, como lamentablemente solemos ver en este Reino, siempre se cierne sobre la independencia.

Los hechos que sustentaron las acusaciones de pertenencia a una organización criminal y de exaltación del terrorismo, no dejaron de causar asombro y perplejidad. Acciones pacíficas y judiciales como la recepción de los presos que salen de prisión, la participación en actos para celebrar el día de Galiza Combatente, portar pancartas pidiendo la liberación de los presos independentistas o formar parte de una organización de apoyo legal y social a presos o ciudadanos afectados por situaciones de represión, fueron los hechos los que los llevaron a sentarse en el banquillo de los acusados.

En 1985, el jurista alemán Günter Jakobs acuñó el término Derecho penal del enemigo para referirse a aquel en el que el autor es sancionado penalmente no por el hecho cometido, sino por el hecho de considerarlo peligroso; es decir, no importan tanto los actos como la conducta y el peligro intencionado del actor. Se está produciendo una deriva autoritaria y restrictiva de garantías y libertades, junto con un clima de intimidación. Una realidad que estamos presenciando en el actual y acelerado proceso de involución democrática, en el que se produce una expansión e intervención desorbitantes del ámbito penal, así como una progresiva reconversión del estado de derecho en derecho estatal al servicio de los poderosos. Normalización del derecho de excepción que fue magníficamente descrito por Borxa Colmenero en su libro Vidas Culpáveis.

La verdad es que no hay que dar muchas vueltas para darse cuenta de la intransigencia que despiertan las pretensiones nacionalistas justas, legítimas y democráticas en este régimen monárquico fundamentalista del 78. ¡Una intransigencia que a menudo se evidencia desde los medios de comunicación y las instituciones! Sin embargo, la independencia gallega también parece provocar un problema especial en el campo identitario español que lleva a buscar barrer el mapa político y social a través de campañas permanentes de acoso, derrocamiento y criminalización. Se pretende eliminar el independentismo que, a pesar de todos los obstáculos, permanece en pie mostrando su resiliencia. Un independentismo que mantiene los centros sociales en toda Galiza desde el que se fomenta la conciencia de la juventud. Un independentismo que organiza clases, conferencias, conciertos, guiones y todo tipo de actos que ayuden a difundir nuestra lengua, cultura, arte e historia. Un independentismo solidario, siempre activo contra los recortes de derechos y libertades. Que representa además una sensibilidad y un proyecto político de compromiso firme e inquebrantable con Galiza.

La solidaridad logró que la a libertad resista. Y hoy sigue siendo necesario mantenerla viva para que defender la tierra no sea un delito.

Operaçom Jaro – LoQueSomos

* Nota original de Nos diario
Galiza – LoQueSomos

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