Ora pro nobis

Andan los cronistas incrustados en los aros del poder con el entusiasmo subido. La razón, el supuesto repunte de la popularidad de la monarquía, tras la abdicación del anterior rey y el relevo de Felipe VI. Para esas gentes, la vida es algo que transcurre en los actos y fastos oficiales.

Lo cierto es que los que mandan en España-ña se están revelando como auténticos maestros pasteleros y especialistas del envase. Da igual lo que haya dentro o si no hay nada en absoluto. Para ellos el destino de este país es una campaña publicitaria. Ahora están vendiendo la moto del flamante rey. Felipe VI “el Preparado” es ecologista, constitucional, abierto, trabajador, serio, sin vicios y un amplio etcétera de virtudes sobre el papel. Y, como contrapunto, lo que queda implícito es que si ha habido fallos, calamidades, cacerías desmadradas, puteríos, desmanes en general, eso ha sido cosa del anterior. Había que soportarlo por el bien del país. Ahora hay que apresurarse a aforarlo para blindar su cosecha. No sea que haya que sentarlo en el banquillo de los acusados por delitos de propiedad. Un rey reo es lo único que le faltaba a este manual de escatología llamado España.

Luego están las evidencias de seis millones de parados, desahucios bancarios insólitos, corrupción desaforada, la inutilidad manifiesta de un gobierno de asnos con mayoría absoluta, el despiadado desmantelamiento de la Sanidad, la degeneración de la Enseñanza pública, el ecologismo insólito de Cañete…Pero de justicia social, de libertades aherrojadas y de la Memoria histórica no dijo una sola palabra el nuevo rey, tras el almuerzo y los brindis de los 3.000 invitados a su proclamación (de los cuales no se quiere dar la lista).

Y luego ¿Por qué darle tanta relevancia al rey? Al fin y al cabo dicen que la “corona reina pero no gobierna”.

Eso es lo que no han contado, pero no es cierto y se ha demostrado a lo largo del reinado de Juan Carlos I, desde la restauración de Franco tras el baño de sangre de 1933-1936.
Que el rey en este insólito descalabrado país manda mucho, y a veces demasiado, lo recuerda un excelente artículo de Jesús Cacho en el digital “www.vozpopuli.com” (Domingo, 22-06-2014) titulado «¿Cuánto manda un rey en España?»

Veamos alguna de las etiquetas del envase Felipe VI “el Preparado”. Es jefe del Estado de un país aconfesional y lo primero que hace es ir a una misa celebrada por el cardenal Rouco, el clero integrista de la Cruzada contra la II República. A continuación acude, en la primera salida oficial, al Vaticano. Con el Papa hablará, con toda seguridad, de los 11.000 millones que el Estado español regala al culto católico; también de que la iglesia no paga el IBI por sus posesiones… A cambio el Papa le dirá que “reza por todos nosotros”.

Sí, cierto; con este panorama, como se suele decir, “que Dios nos coja confesados”.

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