Guadi Calvo*. LQS. Octubre 2018

En Sudán del Sur, conviven casi un centenar de tribus, nilóticas como los dinka, los nuer, los shilluk y los acholi, y otras no nilóticas como los azande, bari, murle y los fertit, además de tribus y clanes arabizados

Como ya sucedió en 2015, el presidente de Sudán del Sur, Salva Kiir, y el líder de la principal facción opositora, y ex vicepresidente Riek Machar, el pasado martes 11 formalizaron en Addis Abeba, la capital etíope, el acuerdo de paz, alcanzado el 5 de agosto último en Jartum, Sudán y auspiciada por la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo en el Este de África (IGAD). La firma del acuerdo también fue acompañada por funcionarios y representantes de la Unión Africana y Naciones Unidas, que ya habían supervisado el proceso de 2015 frustrado a los pocos meses de pactado. En esta nueva probabilidad de paz, podría alejar, como ya lo ha denunciado Naciones Unidas, la posibilidad del desencadenamiento de una campaña de limpieza étnica, que apunta a convertirse en un genocidio.

Este nuevo intento por finalizar el conflicto iniciado en diciembre de 2013, apenas dos años después de alcanzar su independencia de Sudán, tras una larga guerra que con interregnos de “paz” se prolongó desde 1972 hasta 2005, dejando cerca de 2 millones de muertos.
La guerra que se aproxima a cumplir seis años en diciembre, tiene fuertes complementos tribales, religiosos, y como siempre económicos ya que Sudán del Sur posee yacimientos petroleros disputados por distintas potencias extranjeras, provocó más de 50 mil muertos y más de 3 millones de desplazados que se hacinan en diferentes campamentos o que debieron refugiarse en diversos países del este del africano.

El acuerdo de paz, sin apoyo financiero internacional, desde lo formal deberá sortear graves escollos, para llevar a cabo las reformas estipuladas en Jartum y Addis Abeba, fundamentalmente en las áreas administrativas, económicas y de seguridad.

Además de un difícil trazado de las nuevas fronteras internas, que deberán demarcar los límites entre los diferentes territorios tribales. Principalmente entre los Dinka, a los que pertenece el presidente Kiir y los Nuer, tribu de la que es miembro el jefe de la sublevación, Marchar, que ocupaba la vicepresidencia cuando estalló el conflicto.

En Sudán del Sur, conviven casi un centenar de tribus, nilóticas como los dinka, los nuer, los shilluk y los acholi, y otras no nilóticas como los azande, bari, murle y los fertit, además de tribus y clanes arabizados. Todos estos grupos están relacionados con tribus de Sudán, donde existe un universo de 600 clanes.
Es tan amplia la diversidad de estas etnias, que solo los dinka cuentan con veintiséis clanes, la mayoría con subclanes, con una vasta estratificación social, que hace que la interacción entre todos estos grupos, no sean siempre muy amable.

El conflicto no se circundó al juego norte-sur, o musulmanes y cristianos, sino que también se ha horizontalizado entre clanes y tribus de las mismas etnias, debido a un largo proceso de fragmentación alentado por las metrópolis coloniales, tras su retirada en los años sesenta del siglo pasado. De las 10 mil naciones, que existían a principio del siglo XIX, los colonialistas conformaron 52 países, donde se incluyeron naciones con milenarias disputas, las que se vieron obligadas a coparticipar en la construcción de un estado, artificial que no solo se verifica en Sudán del Sur, sino que en casi todos los países del continente, lo que ha provocado infinidad de sangrientos conflictos, dando paso a una de las razones principales del atraso africano.

Respecto a Sudán del Sur, según los acuerdos firmados, tiene un plazo de ocho meses para establecer la repartición del poder político y burocrático entre las partes beligerantes, para un posterior llamado a elecciones, además de la formación de un parlamento de 550 miembros, que sin duda no ayudara en absoluto a la agilización del proceso de paz.
Según los acuerdos preliminares el actual presidente Salva Kiir, permanecería en su cargo por un período “transitorio” de 36 meses que para la intensidad de la política africana, puede representar una eternidad, y por su parte Riek Machar se convertirá en el primer vicepresidente. Volviendo a fórmula presidencial, seis años después y 50 mil muertos más.

También se ha referido la entrega del armamento tanto en posesión del Ejército y como de los rebeldes y la creación de un Consejo de Defensa integrado por Kiir, Machar y un comité observador donde participan Sudán y Uganda, además la fusión de las milicias rebeldes en el Ejército, tiene como plazo un mes, para concretarse, sin duda unos de los puntos más complejos de los arreglos.
En mayo pasado el Gobierno sudsudanesa había denunciado que Washington, se había convertido en el verdadero obstáculo para la paz, por su accionar en el Consejo de Seguridad de la ONU, interesado en obstaculizar la presencia China en el país y que desde hace décadas se ha expandido, con alguna excepciones, por todo el continente.
Abonando las denuncias de Yuba, las recientes declaraciones la Casa Blanca, anuncia que el gobierno encabezado por el presidente Salva Kiir ha perdido credibilidad: y que los Estados Unidos está perdiendo la paciencia.

No nos une el amor sino el espanto

El verso de Borges, le cabe a la perfección a la relación entre los antiguos compañeros de fórmula, que otra vez lo volverán a ser. La desbastadora guerra, ha aniquilado prácticamente en su totalidad a la siempre endeble economía sudsudanesa. Lo que hace prácticamente imposible la financiación para la continuidad de la guerra de ambos bandos, a lo que se le suman las presiones internacionales debido a las constantes denuncias de violaciones de los derechos humanos y los crímenes de guerra.

Dada la compleja situación la duración del acuerdo de paz dependerá no solo del compromiso, si fuera real, del Gobierno y la oposición, sino y en mucho de quién consiga un nuevo prestamista para el rearme. Allí estriba la preocupación de países occidentales que participaron en las conversaciones, ya que descreen de un verdadero compromiso para respetar los acuerdos.

Superar los obstáculos a lo largo del próximo año y medio, hasta llegar a las elecciones, previstas en el acuerdo, y el posterior respecto a la voluntad de las urnas, es sin duda un arcano, en que se batirá el país, por décadas.

Si bien los conflictos tribales puedan venir de antiguo, las heridas mutuamente infligidas en estos casi seis años, son muy profundas. Aldeas enteras han desaparecido bajo el fuego graneado del odio étnico, miles de mujeres han sido violadas, niños ejecutados, hombres quemados vivos, otros obligados a cometer canibalismo frente a las familias de los muertos.

En un comunicado firmado por representantes del Reino Unido, Estados Unidos y Noruega, denunciaron que continúan los combates en Wau, una aldea ubicada al sudeste del país, lo que no permitir la llegada de observadores internacionales ni de ayuda humanitaria, se exige el cese de las hostilidades, y se requiere a los bandos enfrentados la libertad de los prisioneros, además de una implementación” verificable” del cumplimiento del acuerdo.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
África – LoQueSomos

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