Arturo del Villar*. LQS. Enero 2019

Es una grave osadía arriesgarse a asegurar las opiniones de “todos” los españoles. Nunca hemos podido expresar nuestra opinión sobre el Ejército, ni tampoco sobre la monarquía…

Las filípicas de cada 6 de enero son siempre cuentos borbónicos de Reyes Magos, en los que nadie cree. Este 2019 su majestad el rey católico nuestro señor, que Dios guarde muy bien guardado para que no lo veamos, ha repetido su megalomanía. No es sólo porque se presente cargado de bandas, cruces e insignias que no sabemos cómo habrá ganado, porque él manda a la guerra a los vasallos, pero se queda letízicamente en el palacio que pagamos con nuestros impuestos. Es sobre todo por sus palabras fuera de la realidad. Ya sabemos que él se limita a leer el discurso que le entrega el escriba real, aunque al leerlo da por bueno lo que dice, aunque sea más falso que un juramento borbónico, y todos lo sepamos.

Empezó refiriéndose a la bandera borbónica, como “Una bandera de todos”. Miente, como lo demuestra el hecho de que sea quemada en muchas manifestaciones públicas, o que las multitudes la pisen, o que el cómico Dani Mateo se suene los mocos en ella. Muchísimos españoles, entre los que me encuentro, consideramos nuestra bandera la descrita en el cuarto punto del artículo primero de la Constitución de la República Española, que “es roja, amarilla y morada”. No aceptamos la de los borbones, que en consecuencia no es de todos, sino de ellos y sus servilones.

Mintió también al referirse a “nuestra Constitución, aprobada por los españoles en 1978”, como si la hubiéramos aprobado todos. Falso, como lo demuestran las cifras oficiales facilitadas por el mismo Gobierno sobre el referéndum: la abstención fue del 32,92 por ciento en todo el territorio nazional, elevada al 46,14 por ciento en Euskadi. Los votos en contra representaron el 7,80 por ciento, los emitidos en blanco el 3,50, y los nulos el 0,74; es decir, un total del 12,08 por ciento. Sumado este porcentaje al de las abstenciones, obtenemos un total del 44,98 por ciento de españoles que rechazamos la Constitución borbónica, casi la mitad de la población. Y eso que en 1978 todavía se ignoraba cómo iba a ser el comportamiento intolerable de Juan Carlos I, aunque ya para entonces le habíamos tenido que pagar algunas barraganas para que estuvieran calladitas.

Mintió al mencionar “Estos 40 años de democracia”, porque no es democrático un régimen que, como heredero de la dictadura fascista, tiene presos políticos, incluso algunos se declaran en huelga de hambre, y exiliados para evitar las mazmorras a las que han sido condenados por los magistrados servilones, en algunos casos acusados de terrorismo por cantar. La monarquía borbónica es dictatorial, como heredera de quien la instauró, no democrática.

Resulta muy significativo que en la filípica se refiriese a las misiones militares españolas en el extranjero a las órdenes de las Naciones Unidas, pero evitase cuidadosamente aludir ni una sola vez a las que se despliegan al servicio de la Organización Terrorista del Atlántico Norte (OTAN), una de las instituciones más despreciadas por el pueblo español, que se ha pasado años gritando el eslogan “¡OTAN no, bases fuera!” Su escriba no está bien informado, o es un sinvergüenza que se calla lo que le conviene.

Para cualquiera que haya oído o leído la filípica de su majestad católica, no hay ahora mismo militares españoles en el Batallón Multinacional liderado por Canadá en Letonia, ni en la Batería Patriot en Turquía, ni en la operación marítima desplegada en el Mediterráneo con el nombre de Sea Guardian, ni en Afganistán en la misión Resolute Suport, ni en Irak dedicados al asesoramiento y adiestramiento de la policía iraquí. Pero sí están allí, sirviendo los intereses imperialistas gringos. El rey católico no se atreve a reconocer públicamente estas misiones al servicio de la Organización Terrorista, porque sabe que una mayoría de sus vasallos las desaprobamos. Sin embargo, están ahí. Yo no miento, que no soy un Borbón. Se encuentran explicadas en la página web del Ministerio de Defensa, de donde las he tomado. El silencio es tan despreciable como la mentira.

Obcecado por su megalomanía, afirmó a sus Fuerzas Armadas, de las que es el jefe supremo, según el apartado h) del artículo 62 de su Constitución: “Contáis con el apoyo permanente de la Corona y el aprecio de todos los españoles.” Es una grave osadía arriesgarse a asegurar las opiniones de “todos” los españoles. Nunca hemos podido expresar nuestra opinión sobre el Ejército, ni tampoco sobre la monarquía, y si bien yo no me atrevo a afirmar que muchísimos españoles no queremos este Ejército que sustenta a la monarquía del 18 de julio instaurada en 1969 por el dictadorísimo, sí sospecho que tampoco ahí existe unanimidad. Aunque no podamos expresarlo porque los policías, los fiscales, los jueces y los carceleros servilones se combinan para que estemos callados o encerrados o exiliados. ¡Qué país!

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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