Arturo del Villar*. LQS. Noviembre 2018

En la España sometida a la dictadura militar, en la que los obispos saludaban haciendo el saludo fascista a los exgenerales rebeldes, solamente estuvo permitido el culto catolicorromano, y los seguidores de otras confesiones padecieron persecución de la todopoderosa policía a consecuencia de las denuncias presentadas por los clérigos

El papa Paco sigue adelante con su tarea de repoblar el reino de los cielos con “mártires de la Cruzada española”, conforme a la denominación inventada por los clérigos fascistas. El fascistón Paco, amigo de militares golpistas, tiene declarada la guerra a la República Española, por lo que continuamente proclama beatos y santos a los “mártires de la Cruzada española”. Lo hace con el beneplácito de los diversos gobiernos sumisos a su autoridad, pese al tercer punto del artículo 16 de la real Constitución borbónica, que señala inútilmente: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal.” Es una afirmación incongruente, por cuanto el jefe del Estado y su mujer ostentan el título de “Reyes Católicos”, concedido por el inmundo papa Alejandro VI en 1496 a Isabel y Fernando y sus sucesores.
Dos nuevas demostraciones de su odio a la República se han sucedido en estos días. La primera apareció este 8 de noviembre de 2018 en el Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, que así tienen la desvergüenza de llamar a ese centro internacional de todas las corrupciones sexuales y económicas que es el supuesto Estado Vaticano: decía que Paco había autorizado el día anterior a su cardenal favorito, Giovanni Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, a promulgar el martirio de un cura y ocho seminaristas “asesinados por odio a la fe en Oviedo (España) entre 1934 y 1937”, y de otro “siervo de Dios” laico y padre de familia “asesinado por odio a la fe en El Pla, ceca de Arbeca (España), el 13 de agosto de 1936”. No copio sus nombres porque todavía no les pueden rezar sus majestades católicas, pero no tardarán en hacerlo porque la declaración de martirio permite proceder a beatificar a tan felices siervos divinos, sin exigirles que realicen ningún milagro, requisito obligado para los demás

Becciu es el sucesor de Angelo Amato, que se jubiló por cumplir la edad reglamentaria en la Iglesia catolicorromana, así que probablemente no lo veremos más por aquí con su capazo de beatos y santos “mártires de la Cruzada”. El sucesor lleva una carrera imparable en la Curia: después de ser nuncio del supuesto Estado Vaticano en varios países, actuó como sustituto en la Secretaría de Estado, cargo muy relevante. Por gozar de la absoluta confianza de Paco, le hizo cardenal el pasado mes de junio, y le confió la misión de pacificar a la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, fundada en tiempos de las cruzadas medievales para combatir con las armas a los musulmanes y turcos, en el nombre del Dios de los cristianos, por supuesto. Su general en jefe es el papa, pero de acuerdo con el carácter agresivo y militarista de la orden a veces se atreve a discrepar de la autoridad papal, como sucedió el año pasado. Al ser intolerable la insumisión, puesto que es el dictador único en la Iglesia catolicorromana, y además infalible, según acuerdo del Concilio Vaticano I, Paco concedió plenos poderes a Becciu para que impusiera el orden y la disciplina en la orden, si no a sangre y fuego, como hacían los caballeros medievales, sí a hisopazos de agua bendita.

Beata Barcelona

Después le encomendó uno de los dicasterios más relacionados con los fieles, porque se encarga de examinar las positiones super martyrio et virtutibus de los siervos de Dios elegidos por las iglesias locales, y en caso afirmativo proponer su beatificación al papa.
Y la segunda demostración del odio de Paco a la República Española la ha protagonizado su enviado especial Becciu en Barcelona este 10 de noviembre. Se ha estrenado como prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos en el Temple Expiatori de la Sagrada Familia, al presidir la beatificación de 16 “mártires de la Cruzada” más: 9 frailes, 4 monjas y 3 laicos muertos en los años 1936 y 37 “por odio a la fe”, durante la guerra organizada por los militares monárquicos sublevados contra el régimen constitucional, con las bendiciones de la Iglesia catolicorromana puesta al servicio de los rebeldes. A estos 16 que ya están admitidos en el reino de los cielos sí pueden rezarles sus preces los reyes católicos nuestros señores.
Becciu es tan mentiroso canalla como su inmundo jefe Paco. Tanto él como los concelebrantes vestían faldas rojas, en señal de la sangre derramada en el martirio. En el martirio de los millares de pobres seres sacrificados a un dios falso por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición creado y dirigido por la Iglesia catolicorromana, es la sangre de los acusados de brujería, de judaísmo, de islamismo, de defender teorías científicas contrarias a la ingenuas definiciones de la Biblia, de ser homosexuales, de leer libros prohibidos por la llamada Sagrada Congregación del Índice, de vivir conforme a las recomendaciones de la Biblia en sus dos testamentos, y también de traducir, imprimir, difundir o leer versiones de la Biblia trasladadas del latín, que los fieles no entendían, a los idiomas hablados en cada país, para que pudieran comprender todos el texto considerado sagrado.

Durante 19 siglos la Iglesia catolicorromana fue señora absoluta de vidas y haciendas, alegando un supuesto derecho divino. Hasta mediados del siglo XX los papas eran coronados con una triple corona, en señal de su poder absoluto, espiritual y temporal, sobre todo lo existente. Desde el Concilio Vaticano II la guardan en el Museo Vaticano, con la silla gestatoria en la que era llevado el papa de turno a hombros de sus vasallos temporales y espirituales. Ellos mismos se avergüenzan de sus costumbres.

El odio de los opresores

Pero el desvergonzado Becciu no se refería a las víctimas asesinadas por la institución más criminal en la historia de la humanidad, la Iglesia catolicorromana. Tenía el encargo de Paco de solemnizar a los “mártires de la Cruzada”, y por ello declaró cínicamente en la homilía:

El motivo por el que los mataron fue únicamente religioso, determinado por el odio de los opresores hacia la fe y la Iglesia católica.

Miente el cardenal (por eso lo es). Durante la guerra se fusiló en ambos bandos a los que actuaban como quintacolumnistas, ayudando a los contrarios. No podrán negar, por estar documentado, que en los templos se almacenaban armas para los sublevados, que en las iglesias catolicorromanas de todo el mundo se recogían limosnas con destino a los militares rebeldes, que el Gobierno provisional de la República se vio obligado a expulsar de España al tontiloco cardenal Pedro Segura, arzobispo de Toledo, por sus actividades contrarias al nuevo régimen, y logró que “dimitiera” del cargo el 26 de setiembre de 1931; que el 20 de diciembre de 1931 se publicó una declaración firmada por 59 obispos y vicarios capitulares contra la recién aprobada Constitución; que el 25 de mayo de 1933 se publicó una “Declaración del Episcopado con motivo de la Ley de Confesiones y Congregaciones Religiosas”, condenándola; que el 3 de junio el papa Pío XI dio a conocer la encíclica Dilectissima nobis con el mismo motivo, lo que constituía una intolerable injerencia de un jefe de Estado extranjero en los asuntos internos de España; que el 12 de julio de 1933 el arzobispo Isidro Gomá publicó la carta pastoral “Horas graves” convocando a los fieles a organizar una cruzada contra la República; que el 30 de setiembre de 1936 el obispo de Salamanca, Enrique Pla y Deniel, el que cedió el palacio arzobispal al exgeneral Franco para que dirigiese desde allí las operaciones militares, hizo imprimir la carta pastoral “Las dos ciudades” clamando contra la República; que el 19 de diciembre de 1936 el entonces cardenal arzobispo de Toledo y primado de España, Isidro Gomá, fue nombrado encargado confidencial del Vaticano ante los sublevados, y para resumir, porque citar todos los ataques de los eclesiásticos catolicorromanos contra el Gobierno legítimo requiere un grueso libro, que el 1 de julio de 1937 se imprimió la infamante “Carta colectiva del Episcopado español”, en la que se hace un llamamiento todos los fieles del mundo a colaborar con los sublevados contra la República: solamente ese año se hicieron 36 ediciones en numerosos idiomas, distribuidas en templos de los principales países por los clérigos.
De modo que si se fusiló a curas y laicos de la Iglesia catolicorromana fue debido a su implicación en el rechazo activo de la República, incluso desde antes de su proclamación, con especial incidencia en el curso de la guerra. No se les hubiera molestado de no haberse colocado abiertamente en oposición al Gobierno legítimo. Prueba de ello es que no se fusiló a nadie de otras confesiones religiosas; por el contrario, fueron los rebeldes los que prohibieron en los territorios conquistados la actividad pública de otras confesiones, y asesinaron a sus dirigentes, como está muy documentado.

La libertad de conciencia

El cínico vaticanista osó también decir que el fusilamiento de esos “mártires de la fe” constituye una prueba “de los abusos contra la libertad religiosa”. Hay que carecer totalmente de vergüenza para hablar así un representante de la organización que aniquiló a pueblos enteros, como los albigenses y los valdenses, por seguir una aplicación exacta de la doctrina cristiana. La han manipulado los papas hasta corromperla de tal modo que han llegado hasta el extremo de eliminar el segundo mandamiento de la ley dada por el que consideran su Dios a Moisés, el que prohíbe hacer imágenes y adorarlas, para sacar dinero a los crédulos que les piden favores y milagros a cuenta de sus limosnas.
Esta confesión sacrílega ha asesinado a judíos y mahometanos por seguir su fe, y a los cristianos que adoptaron la Reforma desde el siglo XVI. En la España sometida a la dictadura militar, en la que los obispos saludaban haciendo el saludo fascista a los exgenerales rebeldes, como demuestran las fotografías, solamente estuvo permitido el culto catolicorromano, y los seguidores de otras confesiones padecieron persecución de la todopoderosa policía a consecuencia de las denuncias presentadas por los clérigos.
Los militantes de ideologías ultraderechistas y abiertamente fascistas en el espectro político actual español, están convocando continuamente a sus simpatizantes a revivir la guerra, en su afán por exterminar a quienes no pensamos como ellos; mejor dicho a los que pensamos, porque ellos son incapaces de hacerlo; por eso son fascistas, naturalmente. Y es muy significativo que la Iglesia catolicorromana los secunde con sus reiteradas beatificaciones y santificaciones de “mártires de la Cruzada”. En los países que padecieron el fascismo causante de la terrorífica guerra mundial no se toleran los partidos fascistas. En el reino de España no solamente se toleran, sino que se mantiene todavía al dictadorísimo genocida en el mausoleo que hizo construir a los presos políticos en su honor.

Si la Conferencia Episcopal Española no estuviera presidida por un tal Blázquez, que es lo más tonto que se puede encontrar en la Iglesia catolicorromana nazional, tendría que proponer a la Congregación para las Causas de los Santos la beatificación de los curas vascos fusilados por los militares monárquicos sublevados durante la guerra. Son mártires asesinados por defender sus creencias, pero nadie ha postulado su causa hasta ahora. Sin embargo, hicieron más por su pueblo que todos esos “siervos de Dios” elevados a los altares por haber conspirado contra el Gobierno legítimo a favor de los rebeldes.
Paco y sus sicarios están en guerra permanente contra la República Española. Demostrémosles el mismo sentimiento hostil. Que España deje de ser el proveedor financiero del supuesto Vaticano, mediante el llamado óbolo de san Pedro, para ayudarle a salir de la quiebra en la que ha caído a consecuencias de las indemnizaciones que las iglesias nacionales deben pagar a las víctimas de los abusos sexuales a monaguillos cometidos por los clérigos. Esta institución diabólica está podrida desde sus cimientos, y debe ser extirpada de la sociedad. Pero es seguro que Becciu seguirá viniendo por aquí a menudo, para aumentar el número de santos y beatos nazionales.

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
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