Palacio de Justicia y violencia contra la mujer

Por Rosa Buergos*. LQSomos.

“iOh Zeus! ¿Por qué llevaste a la luz del sol para los hombres
ese metal de falsa ley, las mujeres?”
Hipólito de Eurípides.

Casi toda mi vida profesional, que comencé en 1987, como Letrada de la Administración de Justicia (los antiguos Secretarios judiciales), ejercí en un Juzgado de Instrucción, y percibí la violencia contra la mujer tanto dentro como fuera del Juzgado. Dentro del Juzgado, de una forma intelectual y no siempre sibilina; fuera del Juzgado, de todas las maneras posibles.

Nunca se me olvidará el talante de un juez que trabajaba con nosotros —y que aún creo que ejerce como magistrado de la Audiencia— con sus desplantes y menosprecios incluso para sus propias compañeras, también magistradas. Se consideraba tan superior que, una vez en el curso de un juicio, una testigo de forma coloquial, pero educada, se dirigió a él diciéndole: “hombre, yo no puedo asegurar que los hechos ocurrieran así”; entonces, él, desposeído del tratamiento de señoría e igualado al común de los mortales, se levantó del asiento, ladeó hacia atrás la toga y dando unos manotazos en la mesa le gritó: “¡yo no soy un hombre!” Ante la mirada burlona que le echamos el fiscal y yo se recompuso la toga y se sentó ya calmado para continuar la vista. Era vedad lo que dijo puesto que, los que ejercen el machismo y la prepotencia, dejan de ser hombres y ya no son nada, ni siquiera una simple mujer, porque pierden la humanidad.

Durante los años de ejercicio asistí a muchos levantamientos de cadáveres donde las víctimas eran mujeres. El código penal que primero estudié, de 1973, era un texto refundido de 1944, por tanto, de los primeros años del franquismo, de modo que la protección o consideración a la mujer como víctima era nula. Años después, en 1995, se publicó el aún vigente, y ya se comenzó a vislumbrar alguna pequeña consideración al maltrato en el ámbito doméstico, aunque pasarían muchos años y muchas reformas para que se creara al Observatorio de Violencia Doméstica que se constituyó en el 2002 en virtud de un convenio entre el Ministerio de Justicia, el Consejo General del Poder Judicial y el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales a través del Instituto de la Mujer. En 2004 se publicó la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género que abarca ya aspectos preventivos, educativos, sociales, asistenciales, sanitarios y penales e implica a siete ministerios (Educación, Justicia, Interior, Trabajo y Asuntos Sociales, Sanidad, Administraciones Públicas y Economía). Así, por ejemplo, se constituyen organismos especializados como los Juzgados de Violencia sobre la Mujer y la Fiscalía contra la Violencia sobre la Mujer. La mujer, hoy, formalmente parece protegida pero no lo está porque en los Juzgados de Instrucción se siguen practicando diligencias de levantamientos de cadáveres, de ellas y de sus hijos.

La editorial Garaje Ediciones me publicó, en 2019, un libro de poemas, Palacio de Justicia, donde relato aspectos obscuros y negros de la Justicia; uno de ellos es sobre la violencia machista. Es el que sigue:

Diligencia de reconstrucción de hechos

Para hacer constar que, en el día de hoy,
se constituye la legal comisión,
integrada por el juez, secretario y fiscal,
en el lugar de los hechos
con asistencia del presunto culpable
esposado y escoltado desde prisión
por guardias civiles, con el siguiente
resultado:

Por la ciudad circula un automóvil
veloz, quebrando entera la noche
con un plan premeditado y alevoso
como si amasara el pan en la artesa.
Una mano de hombre lleva el volante,
otra, reposa sin paz ni inocencia.

Los cubos de basura se aglomeran
en las esquinas, cegadas las ratas
inmóviles quedan como una estatua,
los bichos de armadura se escabullen,
la luna, impresionada, mira y calla.

Mientras, en otra calle, una mujer
ventanea escribiendo su nombre
y su vida en los diarios digitales.

Un frío brío se oye en la ciudad
de los neumáticos envilecidos
que atraviesan varias avenidas,
un infantil parque más un colegio
donde sus niños juegan y se forman,
hasta llegar a su casa. Una cuna,
unas camas, la cocina y la mesa
quedarán profanados y callados
cuando el coche se pare y su pareja
suba y concluya, con aquellas manos,
suba y concluya, con aquellas manos,
suba y concluya, con aquellas manos,

sus biografías por esas estancias.

Tras lo cual y no habiendo ningún
detalle más que añadir por los intervinientes
se da por concluido el acto
firmando los asistentes.

* Rosa Burgos López
Nació en Cúllar (Granada). Reside en Málaga. Es licenciada en Derecho por la Universidad de Granada. Perteneciente al Cuerpo Jurídico Superior de la Administración de Justicia, ha ejercido como Letrada de la Administración de Justicia (los antiguos Secretarios Judiciales) toda su vida profesional.
Figura en la Antología Escritoras y artistas contemporáneas andaluzas, Instituto Andaluz de la Mujer, 1997, donde le publican el poema «La difamación» .
Fue finalista del Premio de Poesía del Ateneo de Málaga en 1998, con la obra Fuga de voces. En 1999, el mismo Ateneo le publica, en sus Hojas de Cortesía, Sigue las pisadas de mis tacones rojos.
Figura en la Antología de poemas, canciones, visuales y cómics, Aldea Poética II, 2002, donde le publican el poema «Madrugada del 7 de febrero de 1995» o «carne desvenada».
Como investigadora de nuestra historia reciente, es autora de los libros: La muerte de García Caparrós en la transición política, 2007; El sumario Fernández Quesada, ¿una transición modélica?, 2008; La bala que cayó del cielo, 2012 (publicado en El Garaje Ediciones); y Las muertes de García Caparrós, 2017.

PALACIO DE JUSTICIA. Autora: Rosa Burgos López
Ilustraciones: Alejandro Pacheco
EL GARAJE EDICIONES. Colección Poesía
66 páginas. Formato: 16,5 x 12 cms.
ISBN: 978-84-949265-3-2. Precio: 10 euros

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