Guadi Calvo*. LQS. Agosto 2018

Algunas opiniones periodísticas han denunciado que todo el proceso eleccionario fue diseñado por las autoridades militares del país y que los resultados fueron manipulados antes de que se conocieran los primeros resultados del escrutinio

Con fecha límite el 14 de agosto, Imran Khan, un pashtún de 65 años, tendrá que asumir el cargo de Primer Ministro de la República Islámica de Paquistán, tras el triunfo en las elecciones del 25 de julio. El antiguo capitán de la selección nacional de críquet deberá enfrentarse a los problemas de un país jaqueado por un universo de problemáticas extremas en que tendrán que revelar mucho más músculo del que mostró en sus años de deportista estrella.

Desde la economía a la corrupción, desde la siempre critica relación con India a reestructurar su posición frente a una China, cada vez más poderosa y exigente; de los conflictos tribales a los intentos separatistas de algunas provincias, Khan en cada uno de estos ítems requerirá la mano firme y el temple de un estadista de los que hubo pocos en la historia, aunque el mayor de sus retos, será contener y desarmar a las cerca de cincuentas organizaciones fundamentalistas vinculadas al sunismo wahabita, con cercanías al Daesh, al Talibán afgano y a al-Qaeda.

Khan, líder y fundador del Tehreek-e-insaaf de Paquistán (PTI), movimiento por la justicia de Paquistán, irrumpió en la política en 1996, cuando Transparencia Internacional una organización de monitoreo de la corrupción con sede en Berlín, señaló a Paquistán como el país más corrupto de Asia y el segundo a nivel mundial. Mientras que Amnistía Internacional acusaba al gobierno de Benzair Bhutto, uno de los que mayor cantidad de abusos a los derechos humanos cometía. Fueron investigadores del partido de Imran Khan quienes descubrieron las costosas propiendas Benzair Bhutto, tenía escondidas en Inglaterra por valor de más de 15 millones de dólares. Aunque se sospecha que en realidad esa información le fue suministrada por el Inter-Services (SIS) el servicio secreto paquistaní.

Desde el ingreso de Khan a la política se lo ha sospechado de tener estrechas vinculaciones con algunos líderes del extremismo musulmán, aunque él ha abrazado el sufismo, la versión más aperturista del sunismo. Aunque en 2006 voto en contra del proyecto de ley de protección de las mujeres, que enmendaba las “Ordenanzas Hudood”, ley por la que se castiga con cárcel a las mujeres que cometieran el “crimen” de mantener sexo prematrimonial o adulterio y de no aportar pruebas irrefutables en caso de realizar denuncias de violación; además acompañó la ley de “Blasfemia” que castiga hasta con la muerte a todo aquel que cometa blasfemia contra la religión islámica.

Imran Khan fue por otra parte vinculado con militantes del Ahle Sunnat Wa Jammat, una organización política religiosa que exige el exterminio de los musulmanes chiitas, aproximadamente unas 60 millones de personas, casi en 25% de la población.

En los círculos políticos y periodísticos del país, el próximo Primer Ministro es conocido como “Talibán Khan”. En varias oportunidades, a lo largo de su carrera política, evidenció sus simpatías por la organización terrorista afgana con replica en Pakistán. En junio de 2002, en una encuentro con diferentes sindicatos declaró estar influenciado por el sistema de justicia talibán y que lo establecería de llegar al poder. En 2013, mencionó a Wali ur-Rehman un alto jefe del Tehrik-e-Talibán Paquistán (Movimiento de los Talibanes Paquistaníes), como un “amante de la paz”, además de haber anunciado que permitiría al Talibán afgano establecer una oficina de representación en Pakistán. Su partido ha participado de alianzas con el Jamiat Ulema-e Islam mullah (Asamblea de Clérigos Islámicos) el partido liderado por Sami ul Haq, quien controla una serie de madrassas (escuelas coránicas) financiadas por Arabia Saudita, donde se imparten los conceptos ultramontanos del wahabismo, en cuyas aulas se formaron personajes como el mullah Mohamed Omar fundador en 1994 de los talibanes y otros muchos de sus capitanes.

Además Imran Khan se ha definido siempre como un firme defensor de las conversaciones de paz con Tehrik-e-Talibán Paquistán, quien ha protagonizado múltiples ataques contra objetivos tanto militares como religiosos en Paquistán, que según las fuentes estarían entre las 5 y 7 mil víctimas mortales.
Desde la campaña electoral de 2013 Khan, postula la retirada de Pakistán del espectro de naciones encabezado por los Estados Unidos de la guerra global contra el terrorismo, la que ha desestabilizado al país, particularmente en el cinturón tribal pashtún, los territorios tribales y las provincias de Waziristán del norte, donde de manera constante se han producido ataques por parte de aviones y drones norteamericanos, confundiendo aldeas con objetivos terroristas, habiendo causado en esta región unas 5 mil muertes, mientras en todo Pakistán desde 2001, según la PSR (Physicians for Social Responsibility), una importante ONG con sede en Washington DC, se han originado unas 80 mil muertes de civiles a consecuencia de la campaña militar encabezada por Estados Unidos.

El Partido Militar

Cada vez con más fuerza y en el trascurso de las horas, las sospechas de que el poderoso ejército paquistaní colaboró de sobre manera con Khan, para su triunfo de las recientes elecciones, solicitando que se vuelva a realizar la elección. Algunas opiniones periodísticas han denunciado que todo el proceso eleccionario fue diseñado por las autoridades militares del país y que los resultados fueron manipulados antes de que se conocieran los primeros resultados del escrutinio. La mayoría de los partidos políticos han presentado quejas sobre organización del acto eleccionario y han rechazado los resultados. Sumándose a los informes periodísticos locales y extranjeros, se agregan los de los observadores internacionales los reclamos de fraude electoral masivo del último 25 de julio.

Luego del cierre de los 85 mil centros electorales y antes de iniciarse el conteo de votos, el personal de seguridad obligó por la fuerza a abandonar los edificios a los representantes electorales de todos los partidos políticos a excepción del PTI, el partido de Khan.
Más allá de las pruebas que se están presentando en la justicia, la larga convivencia del nuevo premier con el ejército es un indicio fundamental para los acusadores. Esta relación ha sido objeto de numerosas investigaciones periodísticas y denuncia de todo el espectro político del país.
La cercanía de Imran Khan con altas figuras del ejercito han sido documentadas en muchas oportunidades, el inició de su carrera política, fue alentado por el general Muhammad Zia-ul-Haq, otro de sus amigos es el general Hamid Gul, el ex jefe del poderoso servicio de inteligencia ISI y Muhammad Ali Durrani, ex jefe del ala juvenil de Jamaat-e-Islami, una organización próxima a los Hermanos Musulmanes. Tras el golpe de estado del general Pervez Musharraf en 1999, Khan fue uno de las primeras figuras en brindarle su apoyo.

Pakistán un país con cerca de 210 millones de habitantes, poder nuclear y una caliente hipótesis de conflicto con India, otra potencia nuclear, deberá enfrenta a una etapa particularmente sensible debido a su inestabilidad económica y política con un líder ya degastado antes de asumir por lo que deberá recostarse en el poder militar para sostenerse en un campo político que le será adverso y para poder controlar a los grupos extremistas que están siendo reforzados, por muyahidines que desde Siria e Irak, según informes ruso e iraníes, estarían siendo transferidos por el propio Estados Unidos, concentrándolos en el norte de afgano con el objetivo, de tener un justificativo para que Washington pueda seguir manteniendo su presencia en un punto tan sensible como el escudo conformado por Afganistán y Paquistán.

La nueva justa democrática de Paquistán, al parecer ha sido una farsa que raya en el escándalo y que sigue exponiendo al país a nuevas olas de violencia en las que como siempre, solo pierde el pueblo.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
Asia global – LoQueSomos

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