Para leer con fondo de guitarras

Ángel Escarpa Sanz*. LQS. Febrero 2019

Para leer con ese fondo de guitarras del documental “Morir en Madrid”, o con algo de Paco Ibáñez…

Para toda esa gente hermosa con la que salí en los lejanos años 60, 70, 80 y sucesivos, hasta hoy. Para todos aquellos que hicimos piña en las calles contra la Dictadura en la Glorieta de Atocha, rodeados de “grises” y de guardia civiles de paisano; para los que salisteis a condenar los asesinatos de Carlos, Mariluz, Arturo, Yolanda (tanto dan los apellidos: a fin de cuentas todos moríamos un poco entonces, cuando asesinaban a uno de ellos); a los obreros de Vitoria, a Pedro Patiño. Para los que salisteis a la calle contra la OTAN, los que os manifestasteis a favor de la libertad de Mandela, los que viajasteis a Nicaragua en las horas más duras para el régimen sandinista, los que marchasteis sobre la embajada norteamericana para condenar la represión en Latinoamérica, los que acompañasteis con banderas y con canciones hasta los frentes donde combatieron en su juventud aquellos hermosos veteranos de las Brigadas Internacionales. Para vosotros, que salís con las mujeres a esas mismas calles, a esas mismas ciudades donde sois exprimidos por este sistema cruel.

Para vosotros, los que dormisteis bajo las lonas de las jaimas de la “hamada” argelina, en un gesto solidario con el pueblo saharaui; los que participasteis en aquellas primeras huelgas generales, con todas las consecuencias, los que enarbolasteis bien alto, en solitario, allí donde acudisteis, la bandera de nuestros padres, pese a la orden en contra del partido.

Para los que la militancia, aunque sea sin carné, sigue siendo un mandato; los que rodasteis por el suelo en aquellas cargas de las manifestaciones “no autorizadas”, mientras Carrillo y Fraga hacían la calle con la misma pancarta. Para los que lo perdisteis todo en estos últimos 40 años, menos la identidad política y la decencia. Los que acudisteis a Colliure, a Segovia, a Baeza, a Orihuela, a Granada, para reivindicar a los poetas amados. Para los que acudisteis al último adiós a Celaya, a Líster, a Largo Caballero, a Blas de Otero, a “Pasionaria”, a los abogados de la calle Atocha.
Para aquellos que todavía no os quitasteis las hambres de justicia y libertad. Los que devorabais los libros de Ruedo ibérico, mientras el personal rugía en el Bernabeu. Para aquellos que no dormisteis la noche en que la gente decente velaba ante la inminente ejecución de Grimau, de Puig Antich, “El Corredera” y Granados. Para todos aquellos que “durmieron fuera de casa” en las horas del 23 F, cuando mataron a Carrero, en las horas de la ira de la bestia. Para los que se manifestaban hace 50 años en Sol contra la carestía de la vida, con Genoveva Forest, y lo siguen haciéndolo hoy: por la república, contra la violencia de género, por la memoria histórica o a favor de una enseñanza y una sanidad púbicas y de calidad. Para los que os mantenéis fieles al ideario, republicano, comunista, pese al desmorone de todo aquello que fue sagrado en el pasado.

Para todos cuantos poníais silicona en las cerraduras de los bancos, en aquellas huelgas de hace 30 ó 40 años; los que estuvisteis en Preciados en aquella gran concentración del 23 de junio de 1976 y os mantenéis en las calles hoy, con 80 años a cuestas, por unas pensiones dignas, en Madrid en Bilbao, en Canarias o en Sevilla. Para todos aquellos que desde entonces criasteis hijos, nietos, para ver ahora, tantos años después de ver, triunfantes, victoriosos, a aquellos hermosos guerrilleros barbudos que entraban en La Habana, cómo los gobiernos reaccionarios se instalan ahora en los pueblos de medio mundo. Para todos los que marchasteis sobre Madrid, en las horas de las reconversiones industriales. Para los que un día hicisteis pintadas antifascistas y luego acudisteis para aquel “salto” por la legalización del partido. Para vosotros también, seres grises que lo perdisteis todo en esta historia, y que apenas conserváis de entonces aquel mechero con el que iluminábamos las noches de los recitales de Raimon, Serrat y Labordeta; los que un día de éstos descenderéis al fondo de la tierra sin banderas, sin canciones, sin una cálida palabra de reconocimiento por la pasión invertida en toda esta aventura.
También para todos cuantos acudisteis un día, solidarios, a apoyar la hermosa aventura de la librería Miguel Hernández, en el Rastro madrileño, en la caseta de la Feria del Libro de Madrid, en la Fiesta del PCE, para adquirir una bandera tricolor, una Constitución de la II República, un libro, un cartel o una camiseta antifascista…¡Salud y república, compañeros, hermanos de clase todos!

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* Fundador de la librería Miguel Hernández de Madrid, aquella que en las primeras Ferias del libro tenia de fondo una bandera tricolor contra viento y marea, editor en la transición de la “Constitución de la II Republica», detenido en los 80 por la venta del censurado “El libro rojo del cole”… Histórico militante comunista, luchador inagotable ¡Sigue dando batalla!

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