Paranoicos armados y peligrosos

Paranoicos armados y peligrosos
En el Estado de Connecticut humea todavía el olor mezclado del pánico y de la muerte. No es preciso añadir más palabras. La muerte iguala a todos, cierto; pero también se hace preciso reparar en el modo de morir, por su cargamento traumático, simbólico y acaso aleccionador.
En este lamentable planeta la gente está muriendo a cada minuto, por causas bélicas sobremanera; a causa de cataclismos ambientales o desastres tecnológicos por exceso de confianza de elementos desaprensivos (Fukusima) o de hambre… En cualquier caso, estamos acostumbrados y hasta embotados por esa normalidad, cuando se trata de gente que muere de mala manera en las geografías del Tercer Mundo. Sin embargo, los sucesos como el de Connecticut, además de ser absurdos, tienen esos componentes internos que evidencian las taras de nuestra civilización. Y eso ocurre en el corazón mismo del progreso. En la cúspide de la evolución humana: el hombre blanco, anglosajon y protestante (wasp). En los Estados Unidos de América. La cuna del imperio de nuestro tiempo. Según se mire, el espejo o el espejismo. La historia se repite. No es fácil que se pueda, ni siquiera que se pretenda en el fondo, aprender la lección. Existen demasiados impedimentos, algunos prácticamente insalvables, por lo que al final se optará seguramente por la vía del olvido. Hasta el próximo sobresalto. Las mismas armas que en su día asesinaron al presidente Kennedy y su hermano, y a Martin Lúther King y a John Lennon… El caso es que los ciudadanos estadounidenses se enorgullecen de estar armados hasta los dientes y proliferan las sectas de todo tipo que incluso imponen ese siniestro rito como una obligación. El derecho a estar armado hasta los dientes es una ley fundamental. Aunque estar permanentemente a la defensiva supone un estrés embrutecedor muy difícil de suportar.

Cierto que la lucidez también existe más allá del océano, pero le resulta sumamente dificultoso abrirse paso en la sociedad corriente y moliente. La lucidez suele estar confinada en los guetos de los campus universitarios. Hablando de depredadores y presas, en su excelente ensayo “¿Por qué las cebras no tienen úlcera? La Guía del estrés” el prestigioso antropólogo norteamericano Robert M. Sapolsky da unas pistas meridianamente claras acerca la descoyuntada conducta humana y sus consecuencias. Entre otras cosas dice que las cebras se estresan de manera proporcional y puntualmente a la huida del león que las ataca. Pero el ser humano es el único animal destila un estrés desproporcionado y permanente, lo cual no refunda precisamente en un equilibrio físico y mental. Eso le convierte en un ser frágil. Y en algún momento puede romperse.

Antes que Newtown, Connecticut, fue la masacre de Columbine. En el excelente documental “Bowling for Columbine” , no hay más que visionar la gran entrevista de Michael Moore al actor Charlton Heston (en ese momento presidente de la todopoderosa Asociación Nacional del Rifle), para recapacitar acerca del grado de paranoia y violencia permanente que se respiran en los EEUU y que estos exportan como estilo de vida y negocio al resto del mundo. Armas, películas, videojuegos, guerras, torturas. Inhumanidad. En definitiva, una violencia estructural que produce buenos dividendos.

Y la cosa marcha, se recaudan los beneficios de esta cultura demencial; hasta que aparece un individuo que no puede más y explota. Entonces y sólo entonces todo se detiene por un instante. Extrañeza. Llega el rasgado de las vestiduras, la aparente catarsis colectiva, las lágrimas de la incomprensión…y después el negocio sigue adelante, porque la violencia no es una parte del sistema, ES el sistema. Es su columna vertebral y el aire que se respira desde la más temprana infancia. Lo cierto es que las consultas de los psiquiatras y los cubículos de los quirománticos y charlatanes, preferentemente filoreligiosos, están a rebosar de clientes, desequilibrados erráticos. El sistema sigue. No hay otro. Aunque mate mucho dentro y fuera de sus fronteras.

En los EEUU las armas “para defenderse de un posible ataque a la familia”son un fetiche que subsiste desde el pionero espíritu far-west. Uno de los apartados más ilustrativos del documental “Bowling for Columbine” es la comparación del comportamiento entre los estadounidenses y sus vecinos del Canadá. Allí también rige el capitalismo y se pueden comprar armas de fuego. Pero los canadienses entrevistados por el realizador, Michael Moore, se preguntaban para qué. Y de hecho, cuando se ausentan dejan las puertas y ventanas de sus casas sin cerrojos.

En este sistema, para poder sentir que no estás muerto, tienes que alcanzar el éxito. Este imperativo te lo marca la familia y la sociedad con el mismo hierro que se se señala una res dentro del rebaño. Cualquier cosa antes que ser un looser (perdedor). Y los que sienten en su fuero interno que no son capaces de bailar a ese ritmo común interiorizan el rechazo colectivo y son alcanzados por la sombría locomotora de la depresión. Y puede traducirse bien en suicidio, en demencia o en un asesinato en masa para llamar la atención.

Lo ocurrido en el colegio de Newtown, Connecticut, volverá a ocurrir tarde o temprano. Llama la atención, por insistencia y coincidencia, la descripción del perfil del asesino proporcionado por los mass media: Adam Lanza, 20 años, introvertido, callado, autoexcluido..Y repiten con unanimidad: ¡No estaba registrado en Facebook!

El corolario a deducir es inquietante. En este estadio de progreso tecnológico, no estar apuntado en las redes sociales del mercado es una clara señal de patología. Hasta aquí hemos llegado, por ahora.

* Director del desaparecido semanario "La Realidad"

 

LQSRemix

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Nos obligan a molestarte con las "galletitas informáticas". Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar