Pasodoble canalla: Eugenio Noel

Por Iñaki Alrui. LQSomos.

“Un escritor de indudable talento y nobles propósitos,
hombre de origen humilde,
del que se enorgullecía justamente,
pues alcanzó notoriedad merecida por su estudio y esfuerzo”
José Bergamín, 1962

He querido empezar con estas palabras de reconocimiento tan sinceras, dedicadas por Bergamín al protagonista de esta nota, por dos cosas: la primera, por venir de un hombre taurino; la segunda, por ser un escritor sometido al ostracismo del olvido, igual que nuestro personaje.

Eugenio Noel (Madrid, 6 de septiembre de 1885 – Barcelona, 23 de abril de 1936), periodista, orador, escritor, y un olvidado más en la monarquía de las letras en la que vivimos, sumisa, mediocre y sierva.

Esto viene al hilo de la publicación por parte de El Garaje Ediciones, en su colección de Breves, de una selección de artículos de Eugenio Noel (seudónimo de Eugenio Muñoz Díaz), el infatigable y airado activista del antitaurinismo en el primer tercio del siglo XX: ANTITAURINO. Eugenio Noel.
La publicación cuenta con una semblanza de Eugenio Noel, escrita por Eduardo de Guzmán, otro periodista y escritor arrumbado en el baúl de los olvidos. ¿Bendita España! ¿Puta España! Sigamos…

En esta novedosa edición se nos presentan textos publicados en las revistas El flamenco y El chispero, las dos fundadas y dirigidas por nuestro autor, y en las que dejó el dinero que nunca tuvo. Como buen bohemio de aquella España, sacrificó su exiguo capital por sus ideas, que, rebelde y republicano, defendía a contracorriente y sin tapujos.
La edición, además de la semblanza de Eduardo de Guzmán, cuenta con el prólogo del escritor Javier Morales, una nota introductoria de la editorial, y una carta de Miguel de Unamuno a Eugenio Noel. Los textos se alternan con algunas ilustraciones e imágenes de El Chispero y El Flamenco, accesibles en los fondos de la Biblioteca Nacional.

“España es un país religioso. Prueba: nuestra ignorancia. De veinte millones, once son analfabetos; en Europa no hay otro país que tenga menor cantidad de intelectuales notables; los hombres de genio indiscutible que poseemos corresponderían matemáticamente a los dedos de una de nuestras manos. Siendo España así, no es extraño, sino perfectamente lógico, que intente deificar sus destinos y encomiende sus negocios a la Providencia. De este modo, mientras la Providencia gobierna, el país se divierte. La Providencia nos gobierna mal; juicio: tanto, peor para ella, no se luce. En cambio nosotros nos divertimos bien. Toros y loterías, y el papa en medio: ahí tenéis una nación europea del siglo XX…”

Sus reivindicaciones sociales siempre estarán presentes en sus escritos, tozudamente en búsqueda de una regeneración de España, hundida en el estercolero del borbonismo de su época y de la siempre repetida historia de reyezuelos. Su búsqueda de regeneración, progreso y libertad le emparenta con aquella parte de la generación del 98 que basaba en esos valores su proyecto de modernización de España, frente al ala reaccionaria y tradicionalista. Siempre nadará a contracorriente denunciando la ignorancia reinante, congregada y atrincherada en torno a los tópicos y rituales de la tauromaquia y el flamenquismo.

Su madre era criada al servicio de la duquesa de Sevillano y, gracias a su mecenazgo, accederá a una educación fuera de alcance para la gente de su cuna. Será enviado como seminarista al Colegio y Casa Misión de los Cartujos de Tardajos, Burgos, y continuará sus estudios religiosos en el Seminario Conciliar de San Dámaso de Madrid. Por entonces comenzarían sus primeras aventuras amorosas, especialmente con María Noel, una cantante que, al parecer, inspiró algunos de sus primeros trabajos literarios, como Alma de santa (1909), e, incluso, su propio seudónimo. En 1904 abandonará el seminario para comenzar los estudios de Derecho en la universidad central de la calle San Bernardo, Madrid. Esos estudios durarán poco tiempo. Por esa época también, publicará su primer artículo, La locomotora invencible, en el que defendía las nuevas ideas socialistas.

“Madrid es una ciudad vieja, fea, abandonada y sucia; intelectualmente estéril; moralmente el ano de Europa…”

Bebiendo del ambiente noventayochista, asiste a las tertulias del Nuevo de Levante que preside Valle-Inclán, y frecuenta los cafés de Prada o de la Luna, donde no siempre puede entrar, pues muchas veces le faltan los céntimos de la consumición obligatoria. En ese Madrid se sumará a la larga lista de escritores, pintores y escultores de la bohemia madrileña, y forjará el carácter de su obra, contra la vulgaridad tradicionalista de las costumbres tan españolas.

“La nación muéstrase jubilosa, con el noble orgullo de los grandes destinos. La torería, lo castizo, el vaho de la sangre y el calor de la arena, la refulgencia de los alamares, la vistosidad de las sedas… No necesita más España. Tiene toreros a quienes aclamar, y todo lo demás ¿qué importa? Lo indispensable para hacer un plantel de ídolos para que sean sustituidos los que se esfuman en el ocaso…”

En 1909 se alistó como voluntario -y buscavidas- en el ejército español que acababa de desembarcar en el norte de Marruecos. Desde allí Noel escribirá contundentes crónicas sobre la realidad de aquella expedición colonialista. Serán publicadas en España Nueva, el periódico republicano que dirigía Rodrigo Soriano, y darán pie a su libro Notas de un voluntario. Su primer artículo de ese serial, “Cómo viven un marqués y un duque en campaña”, le hará terminar en la cárcel Modelo, por decisión de la siempre conservadora y devota justicia patria. Cuando es puesto en libertad, gracias a una amnistía, conoce a Amada, una mujer cubana que sería el amor de su vida.

Noel no es un desconocido, es un personaje popular como escritor y como polemista, pero, bohemio íntegro, no tiene un duro. Por ello se pondrá a dar conferencias por todo el país y, en cuatro ocasiones, por América, con sus dos temas de bandera: el mundo taurino y su antiflamenquismo. Y, ¡ojo!, en muchas de sus conferencias se colgaba el cartel de «Sin entradas».

Vivió y murió sin peculio en los bolsillos, en abril de 1936. A la vuelta de un viaje de las Américas quedó ingresado en un hospital benéfico de Barcelona en el que murió a los pocos días, en total soledad.
El Ayuntamiento de Madrid solicitó que el cuerpo se repatriara a su ciudad natal en tren, con anécdota incluida, para ser enterrado en el Cementerio Civil.

Reputado, original y flamante, tal vez único. Difícilmente comparable a otros destacados personajes de su época y, al mismo tiempo, fiel representante de su tiempo. Autodidacta con una gran formación cultural, viajero, orador, polémico, sincero, anti taurino, anti flamenquista… y todo en el primer tercio del siglo XX.

Hay mucho, pero yo no digo ya nada más. Bueno, sí: ¡lean el libro!

ANTITAURINO. Eugenio Noel. Prólogo de Javier Morales. Semblanza del autor por Eduardo Guzmán.
El Garaje Ediciones. Colección Breves periodismo. 96 páginas
Formato: 12 x 16 cms. ISBN: 978-84-121087-9-8. Precio: 10 euros

Para saber más:
– Ilustrativo artículo: “Sobre las cegueras de Eugenio Noel y un guiño a Ciro Bayo” de Ramón Mayrata, escritor y poeta nacido en Madrid en 1952.
“Constitución psico-sígnica de la lengua de Eugenio Noel” de Manuel Martínez Arnaldos, 1979.
Descargar en línea Pan y Toros, edición de F. Semperes y Compañía, 1912.
– Descargar en línea Escenas y andanzas de la campaña antiflamenca, 1913.

Más artículos del autor. Miembro del Colectivo LoQueSomos. En Twitter: @IkaiAlo

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