Patxi Ibarrondo*. LQS. Febrero 2018

Miles de personas, gentes del trabajo de toda una vida, se han manifestado por tercer lunes en Bilbao, exigiendo por derecho y apoyados en su extenuación económica, unas pensiones dignas. Nada más y nada menos. En la España ultraliberal de hoy. Lo que no saben los abuelos es que la suya equivale a una reivindicación revolucionaria.

España es una ruina. Acelerar su deterioro no es cosa grave. Podrían ser tildados de ser unos antisistema y pueden sentarse en el banquillo judicial como reos de filoterrorismo. No exageramos ni un pelo.

Un cargo del PP de Murcia exige que se aplique la ley antiterrorista a los vecinos que se oponen al levantamiento de un muro que partiría en dos la ciudad. La legislación contra el terror sirve lo mismo paran un roto que para un descosido.

Los viejos, que son tu abuelo y el mío, en la calle, con sus cachavas y sus dentaduras de vaso y los achaques producidos por una vida de producción para el progreso. Son el club de los exprimidos como limones. Con su inconformismo, los abuelos pretenden quitar el pan de la boca a la Banca, esa es una causa con mucho dolo.

El gobierno se ha decidido por el modelo privado de las pensiones. “Los españoles tienen que ahorrar”, ha dicho el presidente del gobierno. Esa frase esconde la voluntad de apostar por los pensiones del a banca privada. Por su parte, el triunfante Banco Santander se ha decantado por hacer “digital-filosofía”. Aparentemente, lo uno y lo otro no tienen nada que ver. Pero las palabras de Rajoy y la publicidad bancaria son dos maneras de decir lo mismo; queremos controlar el dinero de las pensiones.

Hay coincidencias que dejan maltrecho cualquier síntoma de optimismo. La machacona publicidad de los bancos muestra unos ancianos saludables, joviales, un futuro positivo y dentaduras relucientes. Las cámaras del reclamo televisivo muestran ángulos y encuadres de felicidad, con guapos nietos de un casting selectivo. Es la distopía maravillosa que puedes disfrutar con solo poner tu firma a pie de página. Hipotecaria. Cada día estamos más cerca de un mundo feliz donde tu banco practica con tu dinero la “digital-filosofía”. Y otros beatíficos eufemismos de parecida falacia.

Las imagines del engaño general son realizados por consagrados profesionales del birlibirloque, como la premiada cineasta Isabel Coixet y otros de similar profesionalidad. Ruedan con una destreza técnica impecable al servicio de quienes pagan el material.

Y después de toda esta parafernalia ¿qué queda? Pensionistas abducidos por las promesas como insignificantes mosquitos a la luz mortal de la publicidad reverente de la televisión. El caso Bankia es representativo del tocomocho bancario a la gente más indefensa, necesitada y crédula; expuesta al revoloteo adormecedor del vampiro que hincará sus colmillos en la yugular y les chupara sus ahorros. De pensionistas. Y la usura se consumará allí mismo, en su despacho enmoquetado, porque gracias a la complicad, las operaciones de succión monetaria son la legalidad. Los sueños de los buitres son carroñeros y buscan víctimas con la mayor insistencia.

La Banca quiere pensiones privatizadas para comerse el melón con cáscara y todo. Somos un país envejecido. Pensionistas de milagro. Las pensiones suman miles de millones para amasar. Los ejecutivos del capital no sueñan con otra cosa. Por lo pronto, el partido archicorrupto en el poder, ha desvalijado la hucha de las pensiones públicas. Una política deshumanizada que deja a miles de ciudadanos necesitados a la intemperie y sin más recursos que la Divina Providencia. Claro que al gobierno le viene mejor que se mueran. Al fin y al cabo, polvo somos. La religión no ceja de recordárnoslo. Y como hijos del polvo, pagamos el hecho físico de existir.

La codicia exhibe un azul muy cínico y mentiroso. En consonancia con el cinismo más estrafalario, los millones de pensionistas de España hemos recibido una misiva de aspecto fluvial de la agraciada, por mor de la gracia inversa, de la ministra Fátima Báñez . La carta es un espejo de irrealidad y delirio. Se adjunta al documento oficial donde el gobierno garantiza el espectacular incremento de 0,25 euros en las pensiones. Una fortuna para aquellos pensionistas aferrados a una resistencia numantina en lucha contra la muerte por precariedad. Gentes de escasos comestibles y residentes del frío.

Sucede que la exorbitante suma del 0,25% es cosa sagrada. La ministra ha invocado varias veces a la Virgen del Rocío. El sustancioso 0,25% es un milagro económico del que se enorgullece el gobierno de Mariano Rajoy, la aldea del Rocío no tiene calles con pensionistas de milagros emocionales. El pavimento es de arena fina. El polvo sofoca. Se levanta en cuanto caminas a pie o en carruaje romero, se arremolina con el revuelo del viento de Poniente. Es un polvo que habla de casino, dehesa e injusticia permanente. Ese polvo publicitario de la buena suerte religiosa ofusca el entendimiento de los pensionistas de la Seguridad Social. En este caso a los desagradecidos manifestantes de Bilbao. El polvo etéreo y confuso y sacramental no les deja apreciar con claridad las magnitud de los resultados de la macroeconomía. Y evadiéndose de los evidentes méritos administrativos, empujan a los políticos en el poder a la desconsideración. A incurrir en el error de la urgencia. La carta de la ministra Fátima Báñez abunda en los vaivenes de la caridad y la fe mariana.

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