Personas con más riesgo de suicidio

losotros300María Guerrero Escusa*. LQSomos. Octubre 2015

La mayoría de quienes cometen actos suicidas titubean entre la vida y la muerte. Por un lado, el impulso de vida; por otro, el deseo de morir, que es el deseo irrefrenable de matar la vida, que no soportan, constituida por las situaciones ante las que se sienten indefensos.

La ideación suicida se va gestando en el tiempo, pensamientos orientados en una misma dirección fuerza y mediante los cuales la persona cree dar forma a la salida de la angustia, desorientación, frustración y desesperación en la que vive.

Algunos tipos de personalidad dominados por el negativismo e impregnados por ideas catastrofistas son muy vulnerables a la ideación suicida, que se ve favorecida por la tendencia a vivir anclados en el pasado del que enfatizan momentos dolorosos o traumáticos hasta el punto de continuar vivenciándolos con la misma carga emocional que cuando ocurrieron. El presente no tiene posibilidad de ser vivido; y el futuro, vivenciado como catastrófico y como anticipación de nuevas situaciones dolorosas: “si no lo logré antes, no lo conseguiré mañana, será un desastre”.

Este tipo de personalidades re-sienten una y otra vez el sufrimiento vivido y reprimen la rabia. Los mecanismos de defensa que les dominan son la represión que les lleva a vivir siempre a punto de estallar, y la retroflexión, que corta el impulso del sentimiento e invierte la rabia, que no es expresada hacia el exterior, sino contra sí mismo.

Esta vivencia repetida puede hacer que la persona pase de la ideación suicida a su consumación, por eso hay que prestar atención al diálogo interno que mantenemos en situaciones que se presentan conflictivas o que rompen con esquemas predecibles.

En la depresión grave es donde aparece con más frecuencia la ideación suicida ya que afecta a dimensiones de la vitalidad del ser: La depresión le lleva a vivir en estado de angustia y malestar, con tristeza profunda, irritabilidad, decaimiento, ausencia de entusiasmo, desgana por todo. La sensación más frecuente es la vivencia de estar en un “pozo negro” que no tiene salida. Esta persona encuentra dificultad para relacionarse con los demás, aún con personas a las que quieren y se produce incapacidad para disfrutar de actividades que antes le gustaban. Se produce un aislamiento y encerramiento profundo y doloroso ante el que se sienten sin salida. También afectan al sueño, vigilia y alimentación.

Por último, su nivel energético es muy bajo, se siente cansado y como dicen algunas personas, “no puedo ni con mi alma”.

Desde este estado de alteración, la persona deprimida siente un dolor interior que vive como insoportable y que constituye como un círculo cerrado, en el que la angustia impide el contacto con la experiencia real y anula las posibilidades de afrontamiento de las que dispone.

El paso al acto suicida está relacionado con el grado de esta vivencia de desesperación y el suicidio se produce cuando la persona traspasa el límite de tolerancia al dolor psíquico. El nivel de tolerancia determina la fortaleza o debilidad con la que una persona se enfrenta a los acontecimientos estresantes. Cuando el nivel de tolerancia es bajo, la saturación, el bloqueo y la ideación que contempla el suicidio como salida y salvación es mayor, por lo que se incrementa el riesgo de que llegue a convertirse en acto suicida.

* Psicóloga, profesora Universidad de Murcia. (CCS)

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