Por alegorías

algorías-nomordaza-loquesomosPatxi Ibarrondo*. LQSomos. Enero 2015

Andamos dando frenéticas vueltas persiguiendo el rabo perruno de la inminente Ley Mordaza. Lo que es evidente es que esta ley no tiene más objetivo que silenciar la crítica al gobierno y hacia los poderes públicos en general.

Así, si no quieres que te machaquen y pongan tus tripas a secar, debes acatar que el gobierno, cualquier gobierno, siempre lo hace bien; el gobierno es un prodigio de ecuanimidad y mesura; inteligente, capaz, emprendedor y todo lo que se nos ocurra será poco para añadir a los siempre insuficientes elogios.

Ah, y que no quepa ni el menor resquicio de duda de que los gobiernos son vocacionales. No piensan más que en hacernos la vida más fácil a los comodones de los ciudadanos que les votan. Pero ya se sabe que en esta bendita tierra de caínes, nunca tenemos bastante y siempre exigimos lo imposible. En lugar de deshacernos en la gelatina de la gratitud, besar por donde pisan sus señorías y acompañar sus actos con el botafumeiro del incienso, nos ponemos a criticar y cuestionar su honor y sus honorarios.

Y así, nos parece mal que un político se vaya a Canarias con una bella mujer a trabajar. Enseguida le ponemos la proa al prócer, porque casualmente se descubrió que llevaba al trabajo una buena cantidad de dúrex. El político, indignado a más no poder, dijo que esos preservativos eran para hacer globos en los descansos laborales. El mundo está lleno de desagradecidos. La ignominia ciudadana no tiene nombre ni frenos. A otro cargo político que hizo un aeropuerto de verdad para que jugara su nieto, la maledicencia le ha llevado a una cárcel de cinco estrellas. A otro que, cuando (día sí día no) se pasaba con el gin-tonic de Beefeater y fregaba a su esposa a golpes, el Partido le sacó de alcalde periférico y le hizo senador real. Así, entre avión y avión a Madrid y vuelta, se distraía Y no le daba por ponerle moratones a su señora. En las tapias de su ciudad, habían aparecido unos elocuentes «graffitti» que decían: «EL AMOR NO ES LA HOSTIA».

Por otra parte, la amiga íntima y confidente de su mujer, tenía un local de fotocopias y terminó siendo concejala de medio ambiente.

Seguro que también nos parecerá fatal esa medida preventiva. ¿Nunca estamos conformes? ¿Qué se puede hacer con nosotros?

Pues, a la vista de nuestro desagradecimiento contumaz y la inclinación ciudadana a despellejar y poner en cuestión la honorabilidad, la acrisolada honradez de nuestros políticos, la cosa está clara. Lo único y más eficaz que se puede hacer es lo que se ha hecho en nombre de la tranquilidad. Una Ley severa que castigue la crítica, sobre todo si es sarcástica. El buen y mal humor siempre conduce a los pueblos a situaciones incontrolables. El humor es la carcoma y la agitación neurótica. Así pues, más vale prevenir y aprovechar la mayoría absoluta cuando se tiene. Los irredentos de la sátira y el regodeo, la mofa, la befa y la cuchufleta, a costa de los sufridos cargos públicos, se podrán regodear todo lo que quieran entre rejas.

Hubo un tiempo en España en que la censura se llamaba censura, y no era necesario acudir al diccionario de uso de los eufemismos para camuflarse. Esos tiempos eran gloriosos e imperiales, grandilocuentes, divinamente necios. Los de arriba eran los mismos que ahora en cuanto a preparación, talento y templo. También era distinta la bisutería de los símbolos patrios.

Gracias a la evolución del entendimiento y la informática, ahora se puede acceder fácilmente a las correrías de los “brontosaurios” de otras épocas, sin mayor problema. Uno de ellos, por ejemplo, fue León Herrera Esteban. Aparece en la Wikipedia su trayectoria en el Régimen, incluso la con “gallina negra” y su “non plus ultra» en el escudo. Según su biografía, León Herrera era un ilustre jurista, lo que no le impidió llegar a ser ministro de Información y Turismo. Cierto es que Información no había, gracias a la labor ingente de la censura. Por la parte de las divisas, el Turismo eran básicamente las corridas de toros muertos y la rumba.

El presidente de gobierno a la sazón era Carlos Arias Navarro, alias «Carnicerito de Málaga», donde fue gobernador antes de ser ascendido a presidencia: por sus sobrados méritos carceleros y por su fe en los paredones como mejor manera de convencer a sus adversarios.

En fin que, transcurrido un tiempo -la mejor goma de borrar- pudimos abrir la España inmortal al exterior, una flor al sol para que llegaran a libar y dejar sus dólares los extranjeros de toalla. Esa economía basada en la depredación del paisaje solo era posible cuando los visitantes llegaban por tierra o por el aire… no cuando lo hacían en pateras.

Sea como fuere, al no existir la insidiosa crítica de los que «solo piensan en la España negra» (Rajoy dixit), este país presumía de ser un remanso de paz. Montañas nevadas, banderas al viento… Todo era futuro. El presente eran 100.000 pacientes de dependencia muertos, eran pragmático contratos laborales de hasta una semana de duración para casi cinco millones de parados.

Hasta llegar al presente, que vende asimismo futuro para todos.

Pero los humoristas y demás agoreros contraculturales podrían echar a perder los nuevos planes de desarrollo del neofranquismo. Había que cortar por lo sano. Entonces, al ministro León Herrera se le ocurrió una genial idea. Una medida disuasoria y tajante: prohibir la alegoría. Todo artículo de Prensa, programa de radio u obra artística que incluyera alguna alegoría sería rechazada y, por supuesto, sus autores y editores amonestados o encarcelados. Eso duró un tiempo. Hasta que el ridículo internacional y los testarudos arbitrios de la realidad hicieron su mella en estos solemnes apoderados de la patria.

En consecuencia, se abrió la mano y así hemos llegado malamente hasta hoy. Otra vez sumidos en el pesimismo y la incredulidad. Nadie cree lo que dice el gobierno. Así no se puede seguir. No basta con que la mayoría de los grandes medios de comunicación los hayan comprado accionistas proclives al poder. Hay que silenciar la irreverencia en Internet. Y las algaradas en las calles. Y si eso no basta, prohibiremos los adjetivos calificativos.

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#ReformaCodigoPenal #DiaDeLasAmordazadas #Represión #LeyMordaza #LeyesMordaza
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Un comentario sobre “Por alegorías

  • el 10 febrero, 2015 a las 10:47
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    Necesitamos mas que nunca cambios, pero no reformas. Cambios de fondo, un vuelta de 180 grados. Y fe momento no perder mas conquistas sociales, de las que ya vamos dando de baja.
    A la calle!! En la calle!

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