Prehistóricas de cine

Nònimo Lustre*. LQS. Enero 2021

En 1912, Griffith filmó un cortometraje, obviamente mudo y en b/n, que podría ser considerado como un primer esfuerzo del cine comercial gringo (no hablo de otras cinematografías) para instruir al público sobre los (violentos) orígenes de la Humanidad: Man’s Genesis.

Aunque podía haber escogido la hipótesis humanitaria y altruista, para su corto Griffith escogió la versión bélica del Alba de la Humanidad. No sabemos si tal era su filosofía política o si, simplemente, entendió que los garrotazos al prójimo eran más comerciales y hasta espectaculares que la versión idílica. Pero, aunque fue expulsado de los conciliábulos de Jólibu tras la IIWW por aquellos que vieron fascismo en dos de sus más famosos largometrajes (Intolerancia y El nacimiento de una nación), esa opinión está lejos de estar plenamente justificada. Por ejemplo, en Intolerance (1916), el cuarto episodio es un dramón en el que un joven obrero es vendido por unos malhechores; injustamente, es condenado a muerte. A su casi viuda, los ‘trabajadores sociales’ la declaran “incapaz” y le arrebatan a su niño. Mientras, el amo de la fábrica recorta salarios para dar más dinero a las obras de caridad que preside su oronda mujer quien abre orfanatos al mismo tiempo que cierra bailongos -único lugar donde los proletarios pueden reunirse-.

Por lo demás, Griffith terminó sin pena ni gloria su andadura en Jólibu, descendiendo hasta ser contratado como ínfimo consultor para la producción de otra película ‘prehistórica’, One Million B.C. (1940), una suerte de reedición de su cortometraje Man’s Genesis (MG).

Dos años después de estrenarse MG, Chaplin filmó una parodia de la obra de Griffith que podríamos resumir recurriendo a la vieja copla romancesca: “Nunca fuera caballero / de damas tan bien servido / como lo fue Charles Chaplin / cuando a las cavernas vino“

Pasados estos prolegómenos fílmicos, la industria del atontamiento y el encanallamiento descubrió el filón de la porno-paleontología y, desde hace un siglo, sigue explorándolo (con magras innovaciones) y explotándolo (también con magros resultados crematísticos). Algunos ejemplos de cómo de la mujer prehistórica se aprovecha todo -¿como del cerdo?-. Son tan innobles y previsibles que no ameritan comentarios:

Por desgracia, es interminable la lista de las películas que han abusado de las homínidas, prehistóricas, holocénicas, etc. Aquí va una lista retrospectiva de las más comerciales: Ice Age: la edad de hielo (C. Wedge, C. Saldanha, 2002) Los Picapiedra (B. Levant, 1994; enésima reedición de la serie menos imaginativa y más ramplona de todo el cine universal) El hombre de California (Les Mayfield, 1992) El clan del oso cavernario (The Clan of the Cave Bear, 1986; basada en las novelas de la infame Jean Auel, sólo puede ser un monumento a la estulticia) Cavernícola (C. Gottlieb, 1981) Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra (Val Guest, 1970) Hace un millón de años (D. Chaffey, 1966) Para certificar la vigencia de la moda pleistocénica, basta saber que, en el pasado año de 2018, se produjeron dos bodrios más o menos cavernarios o sobre el “early man”: Alpha y (el enésimo) Cavernícola. Ojalá no lleguen nunca a nuestros niños…

Sin embargo, no queremos terminar este poste sin aludir a una rareza: la peli En busca del fuego (J. J. Annaud, 1981), única que se salva de la quema a la que sometiríamos a toda la lista anterior. Annaud se inspiró en dos novelas de J.H. Rosny pero quizá más en La guerra del fuego que en su continuación, El león de las cavernas. Sus tres protagonistas masculinos pertenecen a la segunda pero el motivo principal -el dominio del fuego- es de la primera. Si nos olvidamos del despelote ecológico que salpica ambas novelas, si nos olvidamos que los Smilodon no conocían el biotopo de las focas ni viceversa, las dos novelas son altamente recomendables… para ser llevadas al cine. Hay feministas avant la lettre (el clan de las Lobas en el libro) y una cierta displicencia sobre el papel de los jefes hercúleos (Zahur, Hombre del Pantano, marginal débil pero ingenioso, salva a los tres protas machotes). No podemos pedir más.

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