Premio al rey, insulto al pueblo

Arturo del Villar*. LQS. Febrero 2019

Ahora mismo se está juzgando en el Tribunal Supremo a unos patriotas catalanes que organizaron un referéndum para conocer los deseos del pueblo. Está prohibido convocar al pueblo a declarar sus deseos, y quienes lo hacen son considerados rebeldes

Nuestro señor el rey católico Felipe VI de Borbón recibió este 20 de febrero de 2019 en el Teatro Real de Madrid el World Peace & Liberty Award, en el acto de clausura del World Law Congress de la World Jurist Association. Pese a tanto nombre inglés el congreso estuvo presidido por Javier Cremades, presidente del despacho Cremades & Calvo Sotelo Abogados, con gran experiencia organizativa, como lo demostró al coordinar con la Archidiócesis de Madrid la Jornada Mundial de la Juventud en 2011.
La laudatio del premiado estuvo a cargo de Felipe González, presidente del Gobierno socialista entre 1982 y 1996, época en la que se crearon desde los ministerios los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) para asesinar a disidentes entre 1983 y 87, y las empresas fraudulentas Filesa, Malesa y Time-Export para financiar ilegalmente al Partido Socialista, al que entregaron más de 1.200 millones de pesetas de 1989, sin que los tribunales de Justicia se atrevieran a pedir responsabilidades al jefe del Gobierno y secretario general del PSOE. En reciprocidad, nuestro señor Felipe VI en su discurso hizo un elogio de González, como “uno de los líderes políticos a los que debemos gratitud, reconocimiento y respeto”, aunque ni los asesinados por los GAL ni los estafados por Filesa y compañía compartirán ese pensamiento. Y muchos otros vasallos forzosos de su majestad.
El galardón le ha sido otorgado al actual rey de España, sucesor a título de espermatozoide del sucesor a título de rey designado por el dictadorísimo genocida del pueblo español, “por su inquebrantable compromiso con el Estado de Derecho y la democracia”.

Contundente defensa de la democracia orgánica en el Estado policial borbónico.
Ignoramos si el señor Cremades habrá peguntado a los presos políticos y a los exiliados si comparten esa motivación, o a los que intentamos manifestarnos pacíficamente por las calles españolas y somos golpeados por las fuerzas brutas represoras de la monarquía. Personalmente ya digo que disiento, porque todavía siento mi espalda dolorida.

El discurso del rey

Su majestad el rey católico nuestro señor leyó un largo discurso propagandístico acerca de los beneficios de la monarquía, que fue muy aplaudido por los congresistas, ya que eran extranjeros en su mayor parte. A sus vasallos puede ser que no nos convenciera, si juzgo por mi opinión personal y la de amigos con los que comenté sus palabras. Afirmó Felipe VI:

Democracia y Estado de Derecho son realidades inseparables, pues crean el único espacio en el que puede vivir la libertad y el único marco en que puede desarrollarse la igualdad. De ahí que la defensa de la democracia haya de ser al mismo tiempo la defensa del Estado de Derecho.

Es lo que reclamamos en las manifestaciones callejeras, democracia para que tengamos libertad, pero las fueras brutas policiales nos golpean, dispersan o detienen. Y los fiscales y los magistrados condenan a penas de cárcel y económicas a quienes intentan difundir conceptos que a ellos les parecen ofensivos para la delicada sensibilidad de la familia irreal, o reclaman la posibilidad de celebrar un referéndum en el que se exprese libremente la voluntad del pueblo español.

Ahora mismo se está juzgando en el Tribunal Supremo a unos patriotas catalanes que organizaron un referéndum para conocer los deseos del pueblo. Está prohibido convocar al pueblo a declarar sus deseos, y quienes lo hacen son considerados rebeldes. Sin embargo, la democracia tiene su máxima expresión en el derecho a votar para conocer la voluntad popular y ponerla en práctica. Un sistema político que prohíbe las votaciones decisivas es una dictadura, aunque se presente como una monarquía.

Nuestra democracia orgánica

La dictadura fascista que durante 36 años amordazó al pueblo español adjetivó a la democracia con el carácter de orgánica. Era imposible calificar de democrática a la dictadura, así que se inventó un apellido. Sus jerifaltes contaron al mundo que aquí disfrutábamos de una democracia orgánica, en la que solamente se celebraban votaciones para elegir a los alcaldes y a los llamados enlaces sindicales, y aun esos dentro de un limitado grupo de personas aceptadas por los gobernadores civiles de cada provincia, debido a su probada lealtad al régimen siniestro que padecíamos.
La provisión de los llamados procuradores a la caricatura de Cortes fascistas se hacía por tercios igualmente entre unas personas designadas por los gobernadores, puesto que estaban prohibidos los partidos políticos y los sindicatos. Los gobernadores civiles eran designados por el ministro de la Gobernación, y los militares por el del Ejército. Los rectores de las universidades recibían el nombramiento del ministro de Educación Nacional. Así funcionó la democracia orgánica durante 36 años, con la aprobación de las demás naciones del mundo, excepto los Estados Unidos Mexicanos, que nunca mantuvieron relaciones diplomáticas con la dictadura española. El régimen fascista pertenecía a todas las organizaciones políticas internacionales, empezando por la de Naciones Unidas.
A nadie le importaba el sufrimiento de los españoles, porque los Estados Unidos de América protegían a la dictadura fascista, a cambio de disponer de bases militares en territorio español, en las que se almacenaban bombas nucleares. Exactamente lo mismo que sucede ahora. Téngase en cuenta que la actual monarquía borbónica fue instaurada por el dictadorísimo fascista para perpetuar su régimen.

La monarquía fascista

Lo hizo ante sus Cortes caricaturescas el 22 de julio de 1969. Sabiendo que algún día tendría que morirse, porque ya estaba claro, después de treinta años de terror, que no sufriría ningún atentado contra su vida, propuso a los “procuradores” que aprobasen la Ley 62/1969, de 22 de julio, por la que se provee lo concerniente a la sucesión en la Jefatura del Estado. Su plan consistía en designar sucesor suyo a título de rey a Juan Carlos Borbón y Borbón, si aceptaba jurar lealtad a su persona y fidelidad a las leyes genocidas conocidas como Principios del Movimiento Nacional, nombre dado a su régimen político contrario a la democracia y a la libertad.
Les advirtió que de esa manera no hacía una restauración monárquica en la persona de un nieto del último rey Borbón, Alfonso XIII, expulsado por la voluntad del pueblo en las elecciones del 12 de abril de 1931. Afirmó rotundamente, pese a su vocecilla aflautada, que él instauraba la monarquía del 18 de julio, por la fecha de su rebelión contra la República. Ese nuevo régimen declaró que nacía “de aquel acto decisivo del 18 de julio, que constituye un hecho histórico trascendental que no admite pactos ni condiciones”, un acto consistente en el comienzo de la sublevación de los militares monárquicos contra la República libre y legítimamente aceptada por la inmensa mayoría de los españoles. Por lo mismo, una traición.
A la tarde siguiente se celebró la jura del designado en las llamadas Cortes, arrodillado ante un crucifijo y con una mano colocada sobre los Evangelios, tras lo cual fue proclamado sucesor a la Jefatura del Estado fascista, y pronunció un discurso interrumpido continuamente por los aplausos de los “procuradores” que consideraban así garantizada la continuidad del fascismo bajo una nueva cobertura. Entre otras afirmaciones escandalosas hay que destacar la siguiente por su cinismo:

Quiero expresar, en primer lugar, que recibo de su excelencia el jefe del Estado y generalísimo Franco la legalidad política surgida el 18 de julio de 1936, en medio de tantos sacrificios, de tantos sufrimientos, tristes, pero necesarios para que nuestra patria encauzase de nuevo sus destinos.

De manera que el designado consideraba el golpe de Estado militar contra la legitimidad republicana una “legalidad política”, pese a que todas las naciones civilizadas condenan las rebeliones militares. Y además aseguraba que fue necesario para que España “encauzase de nuevo sus destinos”, hacia la cruenta dictadura. A él le convenía la rebelión militar contra la República, puesto que le facilitaba el acceso a un trono al que no tenía derecho, ya que las Cortes Constituyentes de la República privaron el 20 de noviembre de 1931 al exrey Alfonso de Borbón y a sus sucesores de cualquier derecho al trono De no haberse rebelado los militares monárquicos en 1936 sería imposible que él llegase a conseguir la corona.
A causa de la guerra y de la sanguinaria represión ejercida durante la posguerra había muerto un millón de españoles, pero esos datos no le inquietaban a Juan Carlos de Borbón y Borbón; los consideraba “necesarios para que nuestra patria encauzase de nuevo sus destinos”, hacia su proclamación como sucesor a título de rey
Y el 20 de noviembre de 1975, fallecido de viejísimo el dictadorísimo, poco después de firmar sus últimas sentencias de muerte, porque fue genocida hasta el final, volvió a jurar ante sus Cortes de luto: “Juro por Dos, y sobre los santos Evangelios, cumplir y hacer cumplir las leyes fundamentales del reino y guardar lealtad a los Principios que informan el Movimiento Nacional.” De ese modo el último reducto fascista existente en Europa se sucedía bajo la forma de monarquía con nuevo jefe, y los españoles continuamos ansiando disfrutar de libertades políticas.

No intervención en España

A los 18 días de la sublevación militar los embajadores de la República Francesa en Europa iniciaron una campaña para proponer a las naciones en las que residían no intervenir en el conflicto español. El Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte acogió con entusiasmo el proyecto, lo que era lógico debido a que la ya exreina de España, Victoria Eugenia de Battenberg, era pariente de su rey Jorge VI. Lo que no se explica es la actitud traidora de la República Francesa contra la Española. El 9 de setiembre se reunió en Londres el Comité de No Intervención que dejaba aislada a España, frente a la agresión de los nazis alemanes, los fascistas italianos y los viriatos portugueses aliados de los militares monárquicos sublevados. El infame Pacto de No Intervención continúa vigente. Los españoles estamos abandonados a nuestra mala suerte.
Los italianos secundaron mayoritariamente el régimen fascista de Mussolini bajo la monarquía de Víctor Manuel III de Saboya. Con la victoria de los aliados en 1945 la monarquía fascista resultaba imposible, por lo que el rey abdicó el 9 de mayo de 1946 en su hijo Humberto, con intención de salvar la dinastía. La torpe jugada no le sirvió, porque el pueblo exigió la organización de un plebiscito para elegir la forma de Estado preferida. Se celebró el 2 de junio, y a tenor se su resultado el día 13 quedó proclamada la República Italiana.
En Grecia reinaba la dinastía de Schleswig—Holstein—Sonderburg—Glücksburg, un apellido tan difícil de pronunciar para un griego que su rey Jorge I lo cambió por el de Grecia. Tras la guerra mundial se celebró un plebiscito el 1 de setiembre de 1946, que restauró en el trono al rey Jorge II. Cuando reinaba su nieto Konstantinos, el 21 de abril de 1967 un grupo de coroneles dio un golpe de Estado apoyado por el rey, lo que motivó que el pueblo lo despreciase. En 1974 el jefe del Gobierno provisional, Konstantinos Karamanlis, organizó un referéndum para que los ciudadanos eligiesen la forma de Estado predilecta, y su resultado hizo que el 8 de diciembre se proclamase la República Helénica. Una de sus decisiones fue prohibir a la familia irreal utilizar como apellido el nombre de la nación, aunque ninguno de sus miembros la cumplió, y así el rey Felipe VI nuestro señor dice apellidarse Borbón y Grecia.
Italia y Grecia son dos países del Sur de Europa que han compartido historia y cultura con España a lo largo de los siglos. ¿Por qué en ellos se permite celebrar plebiscitos sobre la forma de Estado preferida por sus ciudadanos? ¿Por qué a los españoles se nos niega esa posibilidad, y se detiene, condena, encarcela y multa a quienes reclamamos la organización de un referéndum, que sirva para legitimar o rechazar la monarquía fascista del 18 de julio, instaurada por la voluntad omnímoda del dictadorísimo genocida? ¿Por qué se entrega el World Peace & Liberty Award al sucesor del designado sucesor a título de rey por el mayor criminal de la historia de España? ¿Por qué se insulta al pueblo de esa manera? ¿Es que nadie lo sabe?

En 1945 Rafael Alberti, exiliado de su patria vencida compuso el poema “¡Pueblos libres! ¿Y España?”, que terminaba con este clamor: “¡Pueblos libres! España no está muda. / Sangra ardiendo en mi voz. ¡Prestadle ayuda!” Nadie lo escuchó tampoco entonces, y por ello continuamos clamando para que se nos permita votar qué forma de Estado preferimos. Que será la aceptada en las elecciones del 12 de abril de 1931. La misma que se aprobó en Italia y en Grecia. ¡Pueblos libres, escuchadnos!

* Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio.
Más artículos del autor

Síguenos en Facebook: LoQueSomos Twitter@LQSomos Telegram: LoQueSomosWeb

Un comentario sobre “Premio al rey, insulto al pueblo

  • el 24 febrero, 2019 a las 10:14
    Permalink

    Cada vez existen menos razones para sentirnos orgullosos de ser «españoles», como reza en el DNI. Y la Monarquía, los actuales Borbones, tras aquella cruel dictadura, tampoco creo que esta penosa familia haya aportado nada especialmente modélico a esto que llaman democracia y no lo es. A la vergonzosa historia de éstos siempre irá unido el hecho de mantener en libertad a los torturadores de ayer, como si no fuese bastante humillante para este pueblo tener que soportar a esta familia, tras la muerte del dictador, sin haber comparecido aquella bestia ante ningún tribunal internacional que le juzgase por sus numerosos crímenes. ¿Reconciliación, con millares de republicanos fusilados sembrados en las tierras de Cervantes, de Goya y de Federico García Lorca? Si existe una forma más cruel de complicidad ésa es el olvido. ¡Viva la República!

    Respuesta

Deja un comentario