Prosas satánicas

Por Nònimo Lustre*. LQSomos.

Ofrenda de criaturas a Satán. La factura de este grabado denota su provecta edad

Nunca he comprendido por qué los satanistas buscan al Mal en lugares exóticos teniendo la Suprema Maldad en la esquina de su casa. En este sentido, el satanismo nos parece el paradigma de la ceguera y de la catetería más pringosa. Ciego porque no quiere ver la Perversidad que le circunda y cateto porque cree que su minúscula provincia es todo el mundo –dicho en lema popular, que “hay otros mundos pero están dentro del suyo”.

Dentro de la cargante galaxia de la Sin Razón, hoy hemos escogido la estrella enana del satanismo porque representa el epítome de la Irracionalidad con túnica de ceremonia. Como iremos viendo, nuestra principal objeción estriba en que el satanismo nunca supera el marco cultural impuesto por los gerontes religiosos -francamente, para ese viaje no se necesitan alforjas. Si quisieran edificar una verdadera religión, evitarían la truculencia, mejorarían el espectáculo y tendrían que trabajarse más el Mito -y, repito, abominar del lúgubre escenario impuesto desde hace siglos por las religiones instituidas.

En Madrid, otro monumento al Ángel Caído, ahora rompiéndose la crisma

Entiéndase, por tanto, que escogimos el satanismo como compendio negro de otras variantes irracionalistas como pudieran ser el neopaganismo, el eurocentrismo, las magias blanca y negra, el vampirismo, el hoy en boga terraplanismo, el amoralismo, el voluntarismo individualista neoliberal, el sectarismo y, por hacer el cuento corto, en definitiva el esoterismo ramplón (Intentaremos analizar el satanismo evitando tópicos como los sabbats, los aquelarres y etc. Y, con harto dolor de nuestro corazón, a la hora de las ilustraciones también evitaremos a aquel gran Goya que tanto nos ha ayudado en textículos anteriores)

Los satanistas profesionales

Si nos incorporamos a la contemporaneidad, suele creerse que el satanismo actual resurgió gracias a la moda contracultural de los años 1960’s y 1970’s. Bah!, ansias que tienen algunos descerebrados de que el origen del Mal esté en aquellos años.

Turín: homenaje a los obreros transmutado en homenaje a Satán

Los grabados anteriores son muestra suficiente de que el satanismo es tan viejo como Europa –con otras formas de Satán, también lo hubo y lo hay en el resto del mundo. Pero, llegados al siglo XIX, comenzó la apropiación insensata de los monumentos a Lucifer o Ángel Caído. Y se desató el provincianismo de sostener que tal o cual país era el único en Europa que propiciaba esa estrambótica moda. Un ejemplo: en Madrid, es famosa la estatua al ‘Ángel Caído’ pero resulta que la obra de Ricardo Bellver y Ramón de 1877 no era satanista sino una ilustración plástica de El paraíso perdido (Milton, 1667) Además, tampoco es la única que homenajea a Lucifer.

Ecuador. El poder brutal, una distracción realmente satánica

Dos ejemplos más: a) en Turín existe un Monumento al Traforo del Frejus (1879) erigido originalmente para premiar el esfuerzo de los proletarios perforadores de túneles que ahora se entiende como homenaje a Lucifer gracias al lucero que tiene en la frente la escultura cumbrera. Académicamente, representaba el triunfo de la razón sobre la fuerza bruta, pero la tradición popular lo mutó en alegoría del sufrimiento de los mineros. Siendo demasiado conciliadores, podemos interpretar esta mutación como anclada en la teoría de que el dolor proletario, causado por la brutalidad del patrón pero razón pura, acabará triunfando sobre la fuerza inicua. b) en las cercanías de Quito, sobrevive una escultura de carretera llamada El poder brutal y también La cara del diablo –no encontramos diferencia entre ambos significados. Es obra de O. Buenaño quien sostenía que, «al esculpir la figura que representaba al demonio, éste dejaría en paz a los conductores» -con las actuales leyes de seguridad viaria, estaría prohibida su ubicación puesto que, entretendrá o no a Satán, pero seguro que distrae del volante a los viajeros, ¡en plena curva!

EEUU, el Cabrón satánico en dura competencia con las Iglesias para educar –pervertir- a la infancia

[En este itinerario del satanismo monumental, sólo incluimos una muestra de EEUU. La proliferación en aquel país de escuelas, clubs y congregaciones satanistas es tal que sería imposible reseñar así fuera una mínima selección de sus obras en espacios públicos]

Sirva esta enumeración como dato pragmático para concluir que estamos ante una “acumulación primitiva de arte” –fase previa del capitalismo, artístico u otro. Pero, como dijimos al principio, no hemos querido incluir en ella ni iconos demasiado vistos –los fabricados en serie por las Iglesias- ni, menos, las aún más conocidas brujas. Por la misma razón de excesiva popularidad, tampoco hemos reseñado el lado femenino de la Maldad, excepto en la siguiente ilustración:

Bruja de aquelarre o aficionada, la mujer con escoba es satánica –y feminista que, para muchos, es lo mismo

Ya en el siglo XX, el satanismo civil –léase, domesticado- consiguió que fuera conspicua la presencia de satanistas profesionales. Resulta curioso que, en unas décadas donde prosperaban los realmente malvados –por ejemplo, las muchas variantes del autoritarismo feroz-, proliferaran los satanistas unciéndose de facto a su infernal carro. Durante aquellos luciferinos años, Crowley tuvo su minuto de fama:

Décadas después, es cierto pero no del todo, que en los años contraculturales surgieron casos explícitamente satanistas como fueron los cultos de anti-iglesias encarnados en grupúsculos harto publicitados como los Children of God o el People’s Temple del ‘guayanés’ Jim Jones. Hoy, quizá el más notorio sigue siendo Charles Manson quien paradójicamente se autotituló el Demonio mientras que sus feligreses lo llamaban Jesucristo.

Aleister Crowley,“el hombre más malo del mundo”

En cualquier caso, con profusa atención mediática o más bien sin ella, los demonios realmente malvados siguen estando fuera del satanismo. Léanse los clérigos, financieros, mandamases y etcétera. Y, en especial, los militares, genuinos serial killers, destructores de lo construido, anti-productivos por esencia e inventores de enemigos. Sin olvidar a los Reyes, su nutritivo padre padrone. Y, en el caso español, sin poder olvidar aunque lo quisiéramos, que hasta los monarcas y los militares, son hijos putativos del Caudillo Franco. Al lado de semejantes Luciferes, los innumerables Crowleys son unos esforzados charlatanes sin doblez ni perversidad alguna.

La cabra ancestral

¡Con lo que me gustan el queso de cabra y el cabrito asado –en Venezuela, tarcarí de chivo!

La cabra ejemplifica el sincretismo y/o afán acumulador de las Iglesias. Sincretismo porque éstas padecen un adanismo que las lleva a plagiar a sus antecesores religiosos sin mencionar ningún débito intelectual, funesto prurito de originalidad que choca frontalmente con las leyes de propiedad intelectual. Ansia acumulativa porque llevan la avaricia en su Adn y ello las lleva a succionar cuanta idea numinosa puedan robar a sus vecinos en el espacio y/o en el tiempo. Esta psicopatía no nos resultaría delincuencial ni desagradable sino ejemplo de que somos “enanos a hombros de gigantes” pero las susodichas Iglesias tienen la inadmisible costumbre de robar consuetudinaria e impunemente al mismo tiempo que exterminan a sus antecesores intelectuales y esto ya no es pecado venial sino gravísimo delito. Que ello sea subproducto de su adanismo o consecuencia directa de su avaricia, es conclusión que no nos compete.

La fantástica presencia de la cabra, habitual en los cultos mediterráneos, es tan antigua como el Cristianismo y llega hasta la actualidad, cuando se llega a extremos tan arbitrarios como ver en el pentágono satanista una estilización geométrica de la cabeza caprina. Dícese que la adoración al Cabrón nació en la vieja Arcadia griega, una comarca rural que de Felix tenía muy poco puesto que sus arcaicos indígenas eran demasiado pobres para poseer toros.

Las monarquías, fuentes nutricias de la Suprema Maldad

Muchos siglos después, la Iglesia lo integró en su ambivalente panteón como complemento de su Agnus Dei. Su apariencia, grotesca y siniestra, facilitó a sus sacerdotes coagular en un solo icono el milenario aporte de las culturas precedentes. Su origen parece apuntar a deidades con apariencia caprina como el dios Pan y el babilónico Baphomet -¿distorsión del ‘Mahomet’ medieval?- Pero quien sobrevivió desde el Medioevo hasta hoy, fue Pan, un dios campesino que protegía al ganado doméstico y a los cazadores pero que conjugaba sus bondades rurales con el libertinaje y la lascivia de sus costumbres. Exhibir un desmesurado apetito sexual parecía excesivo para un simple humano por lo que se le añadieron unas deformidades físicas –perilla, cuernos, pezuñas- inspiradas en los animales. Una vez definido Pan como trasunto de Satán, es preciso subrayar que el Cristianismo no inventó el culto a la cabra sino al revés, se lo apropió mediante una sencilla maniobra: la sangre del Cordero que, junto con el pez, figuraba en la iconografía del primer cristianismo fue convertida en la sangre del Cabrón, más popular y más arraigada en las culturas pastoriles. Cristo adoptó un perfil dialéctico –blanco/negro, bueno/malo- con lo cual aumentaron sus posibilidades de evangelización. Se perdió una esencia cuya monotonía buenista comenzaba a caducar pero se ganaron votantes.

En Tenerife, monumento al Ángel de la Victoria, mero disfraz de Franco. ¿Todavía no lo han derribado?

“Todo ello parecía posible por la sublimación y el simbolismo que conducían a un progreso de la civilización… hasta que la Inquisición mostró la verdadera cara del cristianismo –i.e., la represión. Durante 300 años, en Europa se quemaron brujas en lo que no fue ninguna anomalía histórica sino, al contrario, la inevitable consecuencia de la congénita opresión cristiana. De ahí al abuso sexual de la infancia por parte del clero no quedaba ni un paso” (Ross, cf. infra)

Los rituales satánicos, sean fantasías o ceremonias reales, son mero espejo de los rituales cristianos. No se diseñan según alguna iluminación realmente propia y, menos, original sino que se limitan a copiar del revés a sus psicopáticos progenitores cristianos. Pareciera que sólo aspiran a ser igualmente represivos -de tal palo, tal astilla. Ross lo expresa sintéticamente:

“El cristiano devora el cuerpo espiritual de Cristo; el satanista devora el corazón de la víctima / el cristiano venera una cruz erguida; el satanista la invierte / el sacerdote cristiano es célibe; el satanista es paidófilo / el cristiano lee la Biblia; el satanista se caga en ella / el cristiano bebe el vino que representa la sangre de Cristo; el satanista bebe sangre real / el dios cristiano fue clavado en la cruz; el satanista clava a su víctima en el altar / el cristiano se baña en la sangre del Cordero; el satanista en la sangre de la cabra.” (cf. Colin Ross, MD. 1995. Satanic Ritual Abuse: Principles of Treatment; University of Toronto Press; ISBN 0-8020-2857-8)

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