Protesta ciudadana y cambio político: Colombia

Por Pedro Santana Rodríguez*. LQSomos.

El uribismo ha declinado y sus huestes se sienten huérfanas del enemigo a quien atribuyeron todos los males. Intentan por todos los medios insuflar aire a los actores armados actualmente existentes, para volver al pasado

Como bien lo han señalado los clásicos la actividad política conjuga sentimientos y racionalidad. El peso de uno y otro es variante en el tiempo y depende de la propia marcha de los acontecimientos en cada país, en cada momento, en cada coyuntura. En muchas ocasiones el miedo, sentimiento alimentado principalmente por las derechas, conduce a las mayorías a respaldar propuestas que van en contra de sus propios intereses. Y en el sistema democrático los procesos electorales son momentos decisivos pues se trata de elegir a quienes deben conducir al Estado. Las diversas fuerzas políticas despliegan tanto sus propuestas programáticas o sea las promesas de lo que harán de salir victoriosos en la contienda electoral, pero, a ello se suma el estado de ánimo colectivo así que siendo muy importante el programa este debe conectar con ese sentimiento colectivo, con ese estado de ánimo colectivo.

En Colombia venimos de unos procesos electorales signados por el miedo, por la desesperanza, por la violencia. El uribismo supo conectar la sensación de inseguridad ocasionada por muchos factores, pero principalmente, por la existencia de un largo conflicto armado degradado y en ello cupo una responsabilidad muy importante a las guerrillas y dentro de ellas principalmente con las guerrillas de las FARC-EP.

A esa inseguridad y a ese sentimiento se sumó claro está el accionar de los grupos paramilitares y la connivencia con los mismos de parte de las Fuerzas Armadas y con una muy buena parte del establecimiento económico y político, es lo que tratan de esclarecer tanto la Comisión de la Verdad como la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP. De allí la resistencia principalmente de los sectores del establecimiento, principales instigadores y responsables de los desmanes y de los crímenes de lesa humanidad y de los crímenes de guerra por los que no quieren responder, mientras que las guerrillas han asumido hasta ahora, no sin resistencias, la parte de su responsabilidad en dichos crímenes. Esa es la diferencia.

Para un importante sector de la población la guerrilla era el principal factor al que se atribuyeron todos los males del país. La pobreza, la inseguridad, el narcotráfico, la violencia, la sistemática violación de los derechos humanos que se alimentaron a diario con la prepotencia de una guerrilla insensible que alimentaba esa narrativa con campos de concentración en que mantenía a los secuestrados en condiciones degradantes, la práctica del secuestro, el ataque a poblaciones indefensas y la destrucción de bienes públicos, la realización de actos terroristas, en fin, todo ello magnificado por los grandes medios de comunicación que contribuyó a generar la sensación que los problemas del país no podrían ser superados sin la derrota militar de las guerrillas.

La prepotencia de las guerrillas en la zona despejada del Caguan y el fracaso de los diálogos, en que las guerrillas no buscaban la negociación sino la acumulación de fuerzas para la guerra y un Estado que hacía lo propio.

En ese clima surgió el uribismo que ofreció una derrota rápida y que vendió la idea de que el principal problema del país sin el cual no habría futuro era la existencia de las guerrillas a las que habría que derrotar para conquistar una mejor sociedad. El “Estado fallido” solo podría ser superado si las guerrillas eran derrotadas. No habría futuro sin la derrota de las guerrillas. Los errores políticos de esa guerrilla alimentaban el proyecto uribista. Y así vivimos la hegemonía del proyecto uribista que legitimó durante su gobierno el plan Colombia, pues Uribe unió en el discurso, claro está no en la realidad, la lucha contra las guerrillas con la lucha contra el narcotráfico.

Esa acción dejo millones de desplazados, millones de nuevos pobres despojados de sus tierras, más de 7 millones de hectáreas entre 1986 y 2014; en su mandato fueron asesinados más de 6.402 civiles inocentes a quienes se hizo pasar por guerrilleros dados de baja en simulados combates, miles de desaparecidos, líderes y lideresas sociales asesinados, en fin, toda una barbarie que fue tolerada cuando no apoyada por amplios sectores de la población. Uribe gozaba de márgenes de aprobación de más del 70%. Y entre tanto el neoliberalismo avanzaba y se profundizaba. La precarización laboral, el extractivismo, las políticas públicas para favorecer a los terratenientes y aliados en la guerra como el programa Agro Ingreso Seguro, las exenciones y privilegios a los grandes cacaos, zonas francas y licencias mineras a multinacionales fueron entregadas a granel. Un sentimiento de miedo y de terror utilizado para el despojo, la masiva violación de los derechos humanos, todo ello condujo a la pérdida de derechos y al empobrecimiento de amplios sectores de la población.

Así pues, venimos de la utilización de un sentimiento de miedo, de terror, en aras de un proyecto antidemocrático que gozó de inmenso apoyo popular. La hoja de parra que cubría el proyecto lo dejó desnudo cuando las guerrillas negociaron, pero ese sentimiento no desapareció. Se reacomodó y así ganó el plebiscito del 2 de octubre de 2016 en que todo tipo de mentiras se dijeron como lo confesó Juan Carlos Vélez, flamante gerente de la campaña de mentiras que fue el NO. Pero eso fue posible o facilitado por la labor cómplice de los grandes medios de comunicación y de las redes sociales.

El embrujo autoritario -como lo denomino un certero informe sobre el gobierno de Uribe- se ha debilitado. El sentimiento de miedo se ha debilitado porque el actor a quien se atribuyó por decenas de años, las guerrillas, negociaron y están en proceso de reinserción a la vida civil. El uribismo ha declinado y sus huestes se sienten huérfanas del enemigo a quien atribuyeron todos los males. Intentan por todos los medios insuflar aire a los actores armados actualmente existentes, para volver al pasado.

Es sobre esta base que deben actuar los actores políticos alternativos y dentro de ellos la izquierda democrática. Sobre estas ruinas deben levantar el sentimiento de la esperanza, del cambio, de una vida mejor. Pero tendrá que hacerlo con un programa realista, serio, construido socialmente. Al sentimiento de la esperanza y el cambio, de la convivencia y la reconciliación deberá aunar un programa de reformas concreto, claro, con programas y costos que debe ser presentado en el debate electoral.

En el centro de la propuesta debe estar necesariamente una repuesta a los millones de protestantes de las masivas huelgas registradas en 2019 y 2021. Y es sobre estas propuestas que el centro izquierda debe buscar la unidad de ser posible antes de la primera vuelta en las consultas de marzo de no ser posible la unidad debe darse para la segunda vuelta. Pero hay que insistir en la consulta unitaria en marzo para ganar en primera vuelta. Hay que ir de la protesta a la propuesta política. Hay que ganar no solo las elecciones presidenciales sino las elecciones parlamentarias. Es posible.

Hay propuestas, pero ellas deben ser ampliamente deliberadas, discutidas, llevadas a las bases, a la ciudadanía. Hay que construirlas socialmente y construir una fuerza social y política para que sean respondidas por los candidatos presidenciales. La esperanza ya viene, pero esa esperanza debe ser real, no demagógica.

Es en este empeño que desde hace más de un año venimos construyendo unas propuestas en diversos temas que ahora someteremos a la deliberación ciudadana. Al momento son ocho propuestas. Trabajamos en dos más sobre reindustrialización del país con base en energías limpias y sobre empleo, ingresos y reforma laboral. Hay propuestas sobre medio ambiente, renta básica, reforma política, seguridad, fuerza pública y convivencia ciudadana, reforma tributaria, reforma política, reforma educativa y reforma a la salud.

Durante lo que resta de este año realizaremos una Cumbre Social y política sobre la reforma al sistema de salud, esta Cumbre la realizaremos los días 6, 7 y 8 de noviembre. La primera semana de diciembre realizaremos una Cumbre Social y Política sobre la problemática rural. En enero y febrero realizaremos las Cumbres sobre educación y reforma tributaria. Hay motivos y hay propuestas para que florezca la Esperanza. Manos a la obra, todos/as están invitados/as.

* Pedro Santana Rodríguez es Director de la Revista Sur

Colombia – LoQueSomos

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